lunes, 4 de noviembre de 2013

La carretera vieja del Sur

  La carretera vieja del Sur
 
Las carreteras para comunicar el Sur han tenido diversas líneas de actuación: la conocida por carretera vieja, la C-822, la actual TF -28, que parte desde Santa Cruz de Tenerife y transcurre por las medianías, la que aún serpentea su gris marengo por cada loma ocre, inició su andadura en 1864, pero no llega a Granadilla de Abona hasta 1933, y tuvo que pasar casi una década más para que se pudiera circular por ella hasta el Municipio de Arona. Y para arribar a Guía de Isora, por las medianías hubo que alargar la espera hasta mediados de la década de 1970. Como todo en éste Sur.
Tierras que ha sido alabadas por su sosiego, tal como apunta el poeta Arturo Maccanti, cuando entra por las puertas de la carretera vieja, avanzando por la lentitud de sus más de mil curvas. Tomar un día la carretera vieja del Sur y perderse en aquel aire quieto, recobrar un pulso vivo y familiar, real y humanísimo, donde escasea el esplendor de una tierra que no es metáfora, no prestidigitación, sino que se presenta con el limpio, modesto y austero ropaje de su aridez. Porque las tierras del Sur no son de superficie, sino de hondura, profundidad de pozos y de espejos, y quien busque el destello sólo hallará la luz gastada desmoronándose por sus cresterías lunares.
Fotografía que podría situarse, en la década de 1930, en el Municipio de Arico. 

BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

A Lavar, al barranco de Achacay. Los Cristianos


  Carmen Infante, en primer plano, y Emilia Marcelino
 
La escasez de agua obligaba a la población a habitar zonas cercanas a fuentes, a barrancos; al aprovechamiento de las aguas de lluvias; lavar, en baños de cinc o en la pila de cantos recubiertos por arena y cal, con agua salobre de pozo. A lavar, se iba a los lavaderos construidos en las atarjeas de riego; o cuando corría el agua por los barrancos. En Los Cristianos se lavaba en los de El Coronel y en de Achacay, donde se sitúan dos de estas fotografías. En ellos se formaban varios charcos después de las lluvias, ideales para la limpieza de la ropa. Allí se iba mientras se mantuviese las escorrentías; eran momentos para el lavado, sobre todo, de las ropas grandes, sabanas, mantas, etc. Estas dos imágenes, y según recordó la tristemente fallecida Carmen Infante Domínguez, la niña que aparece a la izquierda, están tomadas en el barranco Achacay, donde está lavando Emilia Marcelino, y en la que también se reconoce a los niños Gerardo González Martín y Mª Jesús Domínguez.

Lavar en el Barranco de Achacay
También se acercaban a lavar al barranco de La Arena, al norte de Biseche, a unos charcos y eres conocidos por Amara, muy estimados por la duración de sus aguas, que en algunos años no solía agotarse. En el barranco de El Coronel existían varios eres, tres eres grandes nos relatan varias fuentes orales, de ellos proviene el nombre de Asomada de los Eres, y que se situaban por encima de la Cueva de San Sebastián, a cuya altura se encontraban unos charcos donde se aprovechaba para lavar, y dejar para el abastecimiento domestico el agua de estos eres. El ere es una poceta en el cauce del barranco que las escorrentías la han llenado de arena fina y agua; la arena retiene el agua, evita su rápida evaporación; para obtenerla bastaba con escarbar un hoyo y esperar que el agua se clarificase antes de recogerla.
Asimismo se limpiaba la ropa en unos lavaderos que existían en Las Mesas y en Las Madrigueras, agua continua que se recogía de las atarjeas que discurrían por esos lavaderos y que después se utilizaban para el riego, en el caso de Las Mesas para tomates y en Las Madrigueras para tomates y plátanos.
A lavar se iba con toda la ropa de la casa, que no era mucha. En muchos casos se llevaba la comida, unas pelotas de gofio, algo de pan, de queso y hasta pescado salado se llevaba cuando se iba a Las Mesas, y allí calentarlo y arrugar papas mientras lavaban y esperaban que se secara la ropa. A lavar se iba, en muchos casos, con todo la chiquillería de la casa; y allí esperaban, entre juegos a que se secara, incluso, la muda que habían llevado puesta.

BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones

sábado, 2 de noviembre de 2013

Baja del Camello o Baja de Cho Camello. Los Cristianos




Una baja es un risco más o menos grande, próximo a la costa y que suele quedar cubierto con la subida de la mar. En El Camisón de Los Cristianos se encuentra la Baja de Cho Camello. Se sitúa al Oeste de la Playa de La Carnada, en la actualidad Playa de las Vistas, en un saliente de la costa que se ubica al Sur del conocido por el Chalet de Florentín Castro o el Chalet del Quinto.
La existencia de camellos por la zona está documentada desde, por lo menos, a comienzos del siglo XVII, y según se recoge en El Mayorazgo de los Soler en Chasna, de Carmen Rosa Pérez Barrios, lo están entre los bienes existentes en la creación de este mayorazgo. Y para finales del siglo XVIII, Pedro de las Casas Alonso, en Adeje. La Casa Fuerte, el Gobierno y la Iglesia, comenta que en el mes de junio el guarda responsable de los camellos de la Casa Fuerte de Adeje llevaba las hembras a Las Galletas, allí estaban hasta diciembre, y en enero pasaban a la Punta del Camisón, La Caldera, Guía, Chío y Alcalá.        
Este topónimo tendría su motivación en la presencia de estos animales por la zona. Asimismo aún se puede escuchar un relato que han guardado nuestros viejos, tal como lo narra el pescador de Los Cristianos, Francisco Brito, Francisco el de Eulalia: Esa baja dicen que la pusieron la Baja del Camello, porque antes estaban los camellos sueltos en El Camisón. Y el macho cuando se calentaba echaba una vejiga áhi y corría hasta detrás de la gente. Y un camello parece, ha oído yo, que iba detrás de uno y no le quedó otro remedio sino tirarse al agua, ir a la baja y ponerse allí en la baja. Y dice que venía la mar, y le quería arrastrar la mar, la marejada que había. Y él dice que decía: si te llevas la baja te llevas a Cho Camello. Y por eso dicen que pusieron la Baja de Cho Camello.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Festejos de San Martín de Porres. Cabo Blanco

Comisión de fiestas, colaboradores y reina y damas, en 1976

 
Toda celebración deviene de un motivo, de un sentimiento, de una manifestación que pone en relieve las peculiaridades de cada miembro de la colectividad. Habría que remontarnos al período de la Guerra Civil para comprender las dificultades por las que pasaron los habitantes de Cabo Blanco para poder ver construida su Ermita. Y llega 1936, la violenta contienda nunca deseada, a la que van unos 40 jóvenes de Cabo Blanco. Surgen las primeras plegarias, las promesas por su regreso, sanos y salvos, como así sucede. El pueblo tornándose uno solo ofrece la construcción de un pequeño nicho al Cristo que preside este acto, el Cristo de hermana, el Señor de hermana.
Imagen que existe en Cabo Blanco desde un tiempo que el recuerdo no alcanza a precisar. Imagen pequeña en tamaño, grande en devoción, a la que se le realizaban las promesas, se le cantaba y se le sacaba en procesión. Su nombre procede de la familia que lo custodiaba, los de hermana, y desde cuya casa, la de María Reverón, María de hermana, llegó a este templo, a este altar. En esta casa del antiguo Camino Lera lo agasajaba Bernarda Alayón Risco, tal como nos lo cuenta su nieta María Luisa Reverón Alayón: ella lo tenía siempre encendido y enramado como era necesario. Bernarda lo sacaba al camino, sacaba una mesa y allí se ajuntaban y resaban, y ella lo sacaba y le daba vuelta a todo Cabo Blanco, ponían unas mesitas, ahí en cas de madre Genoveva y otra allá abajo, pocas Angelito y aquí al canto abajo en Cabo Blanco otra mesita y descansaba el santito y la gente toda atrás. Bernarda Alayón, que falleció en los inicios de la Guerra Civil, componía loas o lobas y se cantaban en honor del Cristo de hermana, en favor de la mejora de cualquier vecino enfermo como la que compuso para José Bello y de la que solo se ha podido rescatar una parte: A don Pepe Bello/ dios le de los parabienes/ pa que agasaje a los pobres/ y a todo el que falta tiene/ que le señaló la fuente/ pa que mate la sede/ que parecen las palomas/ cuando al arroyo viene.

  Cristo de Hermana
Las dificultades de la época apagaron los ánimos, pero al mismo tiempo encendió nuevas ambiciones. En lugar de la construcción del nicho la promesa creció hasta una Ermita. Con este fin se nombra en los años cincuenta una comisión presidida por Antonio González, y que asimismo integraban, entre otros, Juan Reverón Alayón y Francisco García. En estos momentos fue imprescindible el empuje que aporta el párroco Sotero Álvarez García que había llegado, a finales de 1958, a la Parroquia de San Lorenzo Mártir en el Valle de San Lorenzo.
Pero decrecen los ánimos, surgen discrepancias por el lugar adecuado para su construcción, se piensa en El Llano. Pero finalmente se decide que sea en El Lomito, en un solar donado por Antonio Reverón. Se comienzan las obras, pero aparece un nuevo inconveniente, a comienzos de la década de los sesenta, el padre Sotero Álvarez es trasladado y se paralizan.
Pocos años después se recobra de nuevo el ímpetu, surge la unión religiosa con Buzanada. En 1965 con motivo de una Santa Misión se celebra un Vía Crucis con dos procesiones que parten de cada uno de los pueblos para encontrarse a medio camino. Y se comenzaron a celebrar oficios religiosos en las antiguas escuelas de El Bebedero y El Lomito.
San Martín de Porres de Buzanada y Cabo Blanco, así llamada la nueva Parroquia, se crea según decreto del Obispo de la Diócesis Nivariensis, Luis Franco Cascón, que se publica en enero de 1967; desmembrada de la de San Lorenzo del Valle de Arona, e integrada por Buzanada y Cabo Blanco, con 1.373 habitantes. Y de este modo han caminado juntos estos dos barrios hasta que en 1975 se construye la Iglesia de la Virgen de la Paz de Buzanada, la cual se erige en Parroquia en 1977, segregándose de San Martín de Porres.

Elsa Sierra y Miguel León. 1976
 El primer proyecto de este Templo se queda corto, se decide realizar una ampliación. En 1974 recibe, todavía en obras, la visita del Obispo de la Diócesis Nivariensis Franco Cascón y le arranca al pueblo la promesa de terminarlo. Al frente estaba el párroco Juan Félix Ávila Poggio. Y es en estos años cuando el esfuerzo se redobla, se nombra otra comisión presidida por Miguel León Fumero; a la que también pertenecían, como vicepresidente José Fumero Domínguez; secretario, Ramón Delgado Bello; tesorero, José Antonio Reverón González; y como vocales, José Vargas León, Tito Pérez Alayón, José Antonio Alayón Pérez, Telesforo González González y Graciano Moreno González.
La bendición de este Templo fue el día 12 de noviembre de 1976, y surgen sus primeros festejos, presididos por Miguel León Fumero. El día 3 de noviembre, festividad de San Martín de Porres, se celebra una misa que en muchos de estos años ha estado cantada por el grupo folclórico Coros y Danzas del Sur; trasladándose sus festejos al fin de semana siguiente. En los primeros años la procesión alargaba su recorrido, desde la Parroquia transcurría por la Calle de San Martín de Porres, seguía por la carretera general hasta la altura de la Calle del Horno, lugar donde se realizaba una parada y vuelta a la Iglesia. En este lugar de parada, y durante dos años, se efectuó un emotivo acto. Se dirigía la imagen de San Martín de Porres hacía el Roque Igara y en sus laderas se contemplaba las palabras Viva San Martín de Porres. Este texto lo confeccionaba José Antonio Alayón Pérez, marcaba en la tierra las palabras y las iba llenando de puntos de luz que resaltaba estas palabras en la noche. Este primer año de 1976 también hubo elección de la reina de los festejos, honor que recayó en Elsa Sierra González, acompañándola como damas, María Victoria León y Ana Carmen Alayón.

BRITO, Marcos: Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones

jueves, 31 de octubre de 2013

José Arbelo Yanes, PERRETE. María Castellano Cruz, MARÍA la PERRETA. Porís de Abona




María Castellano y José Arbelo
rque decía la gente que era un perrete, porque era gracioso. Decían este es un perrete y el Perrete se quedó, porque era muy alegre, y María la Perreta, porque al marido le llamaban Perrete. Lo relata Candelaria Rodríguez Morales, sobre el apodo de estos vecinos del Porís de Abona que en el Padrón Municipal de Arico, para el año de 1950, se inscribían con los siguientes datos: José Arbelo Yanes, con 43 años y de profesión pescador, casado con María Castellano Cruz, de 50 años y sus labores, y que durante años se dedicó a la venta ambulante de pescado; se anotan además 11 hijos, José Justo, Carmen, Álvaro, Benito, Ángel, Antonio, Guillermo, Mª Amalia, Pilar, Gaspar y Juan Julián, que contaban entre los 18 años y los cinco meses, y que son conocidos en la zona por Los Perretes.
La lápida del nicho de José Arbelo Yanes, El Perrete, se encuentra en el cementerio de Arico el Nuevo. Una muestra de la naturalidad con la que se porta el nombrete, en los que en algunos casos se reseña en la esquela o se graba en la lápida de la tumba de la persona difunta.

Lápida en el cementerio de Arico el Nuevo

BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

Llanos de El Camisón c. 1959

 
  Llanos de El Camisón c. 1959
El Camisón fue fuente importante en la economía de subsistencia que imperó en nuestros pueblos hasta hace algunas décadas. De sus llanuras se extrajo la arena y el callao necesarios para la fabricación de viviendas, acequias o charcas. En estas llanuras se llegó a plantar, y trillar cereales, tomates e incluso algodón.
En esta fotografía la imagen se adentra en territorio del Municipio de Adeje, con las playas de Troya y El Bobo, a la derecha se aprecia, en parte, el Roque del Conde. Obtenida desde la actual Playa de las Américas en dirección a Costa Adeje. Urbanizaciones que comenzaron su andadura por el Municipio de Adeje con la aprobación, en 1968, de los planes parciales Playa de las Américas I y II Fase; y por parte del Ayuntamiento de Arona, en 1971, del plan parcial Playa de las América III Fase.

BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones

31 de octubre de 1904. Temporal en Valle de Santiago

Santiago del Teide, 1890
 
La historia del Sur de Tenerife está plagada de desidias y abandono, pero además de catástrofes naturales, como el temporal acaecido el 31 de octubre de 1904 en el denominado Valle de Santiago, a partir de 1916 Santiago del Teide, y según  lo describe en la prensa de comienzo de noviembre debió ser de los que no se espera ver nunca más.
El día amaneció cargado de nubes, lluvioso, y fue al hacer la noche cuando arreció la lluvia, los relámpagos, los truenos y la incertidumbre. “Así continuó poco más o menos hasta la media noche, en cuya hora la tempestad furiosamente desencadenada, mugía con fiereza sobre el pueblo y sus alrededores. En esos instantes, ya la tranquilidad había alcanzado alarmantes proporciones: los vecinos se asomaban a las puertas pidiendo socorro; las mujeres a gritos y con lamentos que partían el alma, suplicaban auxilio. La lluvia entre tanto caía cada vez con más fuerza; el ruido atronador de los barrancos ensordecía e infundía pavor aún al menos pusilánime.
Cuando amaneció, la aflicción del vecindario fue aún mayor. Entonces se pudieron apreciar los enormes daños que había causado el temporal: los campos han quedado completamente arrasados, pues las aguas no solo arrastraron consigo la tierra y los frutos, sino que arrancaron de cuajo los árboles; los caminos obstruidos y, por consiguiente, intransitables y, en el pago de Tamaimo, hubo necesidad de derribar varias casas para desviar las aguas que amenazaban inundar al pueblo.
Los ancianos del lugar recuerdan que solo en el año 1834 hubo otro temporal parecido al de ahora.”