sábado, 24 de enero de 2015

Los orígenes del Atlético Arona

  El Atlético Arona en el Sitio de los Alemanes, 1933

En el Municipio de Arona hay constancia, desde finales de los años veinte, de que por cualquier rincón se jugaba a la pelota. En sus diversos barrios se practicaba con asiduidad, como en Los Cristianos, Cabo Blanco, Las Galletas, Valle de San Lorenzo, o en las calles y en la plaza de Arona casco. Donde se comenzó a practicar este deporte del balompié, el fútbol, de una manera más organizada en una huerta que el propietario José Tavío Sierra cedió en el pago de Túnez. Así transcurrieron algunos años hasta que en los comienzos de los años treinta se acondicionó un terreno de juego en el lugar denominado Sitio de los Alemanes, en donde en la actualidad se encuentra el acceso al barrio de Vento.
Desde los primeros años de la década de los años treinta se tienen múltiples referencias de encuentros de fútbol en los que intervenía el Atlético Arona, de numerosas excursiones  realizadas por equipo de otros pueblos del Sur y de Santa Cruz de Tenerife. Así el domingo 24 de junio de 1932 visitó Arona el Club Deportivo Rambla. Esta excursión partió de la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife y el coste del viaje de ida y vuelta, con almuerzo incluido, era de cinco pesetas. Este partido terminó con empate a un gol. Igual precio les costó a los que se desplazaron el 15 de julio de 1934, con el AC Tenerife.
También se han encontrado otras reseñas con equipos del Municipio, como el disputado con el Chayofa, en mayo de 1933, al que ganó el Atlético Arona por tres goles a dos. En este mismo año disputó dos partidos con el Valle F. C., equipo del Valle de San Lorenzo, jugados en Arona, ganando el primero por seis a cuatro, con tres goles marcados por Mario Mesa y los otros tres por Leopoldo O´Donnel, y perdiendo el segundo por cuatro a cero. Asimismo se han encontrado crónicas de disputas con otros equipos del Sur, como con el Isora, el Águilas de Adeje, el Dornier también de Adeje, o con el Granadilla o el San Antonio de Granadilla de Abona.
La rivalidad con el Marino de Los Cristianos, ya nació con la constitución de estos equipos. Las primeras referencias que hemos podido constatar de su siempre sana competencia son dos partidos, uno jugado en Los Cristianos el 30 de julio de 1933, donde ganó el Arona por dos goles a uno; y otro disputado en Arona, el 6 de agosto donde venció el Marino por tres a uno. Con el equipo de Vilaflor, el Teide F. C., jugó diversos partidos en verano de 1933, como el celebrado en julio, en el que derrotó el Arona al Teide por dos a uno; o el de septiembre, celebrado en Vilaflor, en que perdió el Arona por cinco goles a uno, gol marcado por su capitán Leopoldo O´Donnel. Y en cuyo partido se alinearon: Martín; Linares, Delgado; Mario, Isidro, Luciano; Gregorio, O’Donnel, Santiago, Siverio y Oliva.
Año éste de 1933 de un gran actividad, no sólo en la disputa de los encuentros de fútbol que se organizaban con los equipos que se iban creando, sino que además servían de nexo entre los diferentes pueblos donde se recibía a los equipos visitantes con alegría, organizándose bailes y comidas de hermandad; y devolviéndose la visita lo más pronto posible. Asimismo en Arona hay que resaltar la que creemos puede ser la primera directiva del Club Deportivo Arona. Nombrada en sesión celebrada  el 16 de julio de 1933, en la que se designó como presidente a Eugenio Domínguez Alfonso; secretario, Luis González Barroso; tesorero, Ángel Delgado Frías; y como vocales, Santiago O’Donnell Hernández, Fulgencio Díaz Bernal, José Almeida y Antonio Fumero.
El nuevo campo de la Sociedad Club Deportivo Arona pocos años después plantación de tomates, se inauguró en los festejos de la Virgen del Rosario y el Cristo de la Salud de 1933. Fue bendecido el domingo primero de octubre por el párroco de la Parroquia de San Antonio Abad, José Siverio Díaz. Una vez que finalizó el acto religioso efectuó un saque de honor por la madrina, la niña María Domínguez Sierra, tal como se aprecia en la fotografía que se acompaña y que asimismo muestra a los jugadores: Santiago Martín; Domingo Oliva; Julián Baute; Leopoldo O’Donnel; Santiago Alfonso; Domingo Fumero; Sixto Álvarez; Mario Mesa; Juan Delgado Valentín; Miguel; y Juan Galdón Díaz. Este último fue el maestro en la escuela de niños de Arona, desde el 15 de noviembre de 1930 al 31 de octubre de 1934. Después se celebró un encuentro de fútbol entre el Atlético Arona, El Furia y el Teide de Vilaflor.
En 1934 se conocen  otras tantas referencias, como un encuentro con el Granadilla en el campo de este último, con empate a un gol. O otra de las excursiones que en este caso la realizó el Club Deportivo Hispania de Santa Cruz para el día 10 de junio. El partido ha de resultar muy interesante, debido a ser la primera vez que miden sus fuerzas ambos equipos. Los admiradores del C.D. Hispania que deseen ir a aquel pueblo pueden pasar a informarse a la Rambla de Pulido, número 20. Además de los que se organizaban en los festejos del Cristo de la Salud de octubre de 1934, donde se invitaba a una competición a todos los equipos del Sur de la Isla, entendiéndose por Sur, desde el pueblo de Candelaria, al de Guía de Isora, admitiéndose, además, a los equipos de la capital que han tenido encuentros con el titular de este pueblo. Para su participación los equipos inscritos tenían que depositar en la tesorería de la comisión de fiestas, que ejercía el carpintero José Almeida, la cantidad de 10 pesetas.
Cerremos estas rememoraciones  con los versos de una gran aficionado al Furia, como así se ha conocido siempre al Atlético Arona, Francisco Rodríguez Fumero: Para nadar Grillo y Calamita/ Y para luchador Camurria/ Y en el Sur de Tenerife/ No hay equipo como el Furia.

lunes, 19 de enero de 2015

Anotaciones sobre la festividad de San Sebastián. Adeje

 
  Fiestas de San Sebastián, c. 1960
 
Cada 20 de enero es la cita obligada para ir a San Sebastián, en La Enramada, en la costa del Municipio de Adeje. Muchos vecinos de este nuestro Sur se trasladaban a pie y a lomos de animales para visitar la Ermita de San Sebastián. Se llegaba la víspera, allí se hacía noche, o al alba del mismo día, a cumplir una promesa, a realizar una rogativa o a llevar un animal a bendecir, labor que incluso en algún momento se le practicaba a vehículos de motor. Tradicionalmente se oficia una misa y a continuación se traslada la imagen de San Sebastián a la orilla del mar para la bendición de los animales presentes.
A través de los programas de actos que se celebraban alrededor de cada 20 de enero se conocen algunos de los pormenores por los que ha ido creciendo esta festividad; incluso aquellas obras de mejoras que se han ido ejecutando. Como cuando se informa de los festejos de 1922, en el momento que se estaban a punto de terminar la construcción de una sacristía y un aljibe en la Ermita de San Sebastián. En este año se reseña los donativos que han efectuado, citándose al exportador de tomates, Miguel Pérez Yanes, así como a Juan Esquivel. “El viernes, 20 de los corrientes, se celebrará, como en años  anteriores, la fiesta de San Sebastián, predicando en ella el renombrado orador sagrado Rdo. Padre Antolín Fernández, superior de los Misioneros del I. Corazón de María del Puerto de la Cruz.
Creemos que las mejores introducidas en la ermita y la fama de que está precedido el Rdo. P. Fernández, serán motivo más que suficiente para atraer este año mayor número de favorecidos del glorioso taumaturgo San Sebastián bendito, que tantas lagrimas enjuga a esta gente del Sur.”
Este recinto de San Sebastián encontró un auge de su devoción en el periodo de la Guerra Civil (1936-1939), cuando desde muchos rincones se aproximaban a rogar por la vuelta de los seres queridos. Y al finalizar la contienda se renuevan los votos en honor de San Sebastián. Se festejan en dos días, el viernes 19 y el sábado 20 de enero de 1940: los excombatientes de esta Villa de Adeje preparan solemnes fiestas para honrar a su protector, el glorioso San Sebastián, en la ermita de su nombre. El día 20 se inicia con una misa celebrada a las ocho de la mañana, para efectuar una procesión a las nueve: Saldrá la venerada imagen de Santa Ursula, Patrona de la Parroquia, hasta la Ermita, y a su llegada se oficiará una misa solemne con sermón a cargo del orador Rvdo. P. Felipe Hormaeche S. J. de la Residencia de la Concepción de esta capital. A continuación de esta ceremonia, las veneradas imágenes de San Sebastián y Santa Ursula harán el recorrido de costumbre, celebrándose a las dos de la tarde el regreso a la Parroquia. Todos estos actos serán acompañados de la Banda de música  de la villa.
A partir de estos años es la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de la Villa de Adeje la que se encarga de su organización. Así en 1953 se conmemora entre el 18 y el 20 de enero con múltiples actos religiosos, que se inician el domingo 18 con el traslado de la imagen de San Sebastián desde su Ermita en La Enramada hasta la Parroquia de Santa Úrsula en Adeje. El día 19, a las 9 de la noche, Nombre en la parroquia seguido de procesión por las calles de esta localidad, durante la cual se quemaran fuegos de artificio. Y el día 20 se inician los festejos a las 9 de la mañana con el retorno de la imagen a su Ermita en una vistosa carroza, confeccionada al efecto, la que será escoltada por otras varias que llevarán nutridos grupos de jóvenes ataviados con el traje regional. A las 11, función religiosa, con vestuario, a cargo del párroco don Marcos Montesinos Armas. Finalizada esta función, será sacada procesionalmente la imagen del Santo Patrono, que recorrerá el trayecto de costumbre. Finalmente se procederá a la vieja tradición de la bendición de todo el ganado concurrente a la romería, el que desfilará ante la imagen.
Terminado el acto de la bendición se procederá a la concesión de premios en metálico a los feriantes que mejores ejemplares presenten de las diferentes especies de ganado que concurran.

  Fiestas de San Sebastián, c. 1960

En esta década de los años cincuenta se continúa con el mismo proceder que este citado año de 1953. Reseñar que al año siguiente se especifica que en la función religiosa se procederá a la ofrenda del trigo. Destacar de 1957 que cuando se recibe a la imagen de San Sebastián en La Enramada se efectúa la bendición y colocación de la primera piedra del Santuario de San Sebastián. Estas obras finalizaron con la bendición de este nuevo templo en honor de San Sebastián, en enero de 1960, a cuyo acto asistió el Prelado de la Diócesis Nivariense, doctor Domingo Pérez Cáceres. En el programa de 1958 se puntualiza la bendición de vehículos: se procederá a la tradicional costumbre de la bendición de todo el ganado y vehículos  concurrentes a la romería, que desfilarán ante la milagrosa Imagen. Y un año más tarde se da cuenta de los festejos populares entre los que figuran conciertos por la banda de música Nivaria, de Arafo, y por el cuarteto Hermanos Álvartez, de la Villa; concurso de ganado, verbenas y otros regocijos.
Y de este modo se ha continuado hasta la actualidad, con esa arraigada costumbre de conmemorar su festividad en su día, el 20 de enero. Añadir a estas anotaciones dos apuntes más, el que tuvo lugar en la mañana del viernes 20 de enero de 1961, y antes de la función religiosa, se procedió a la bendición de una Imagen de la Virgen del Carmen, donada por el vecino de este pueblo don Arturo Trujillo Yanes y familia para el Santuario. O la restauración de la Iglesia de San Sebastián que se llevó a cabo a finales de la década de los años noventa, con un presupuesto que supero los veintitrés millones de pesetas, y en la que se llevó a cabo la terminación y rediseño de las torres laterales y de la fachada principal, se unificaron e impermeabilizaron las cubierta, y se revistieron de piedra los zócalos exteriores, la fachada principal y las torres. Así en el interior se cambió el pavimento, se cubrieron las ventanas de vidrieras y se elevó el Retablo, entre otras mejoras. Para ser bendecido por el Vicario General de la Diócesis, Mauricio González González, en el día de San Sebastián de 1999.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Y Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones

sábado, 17 de enero de 2015

Cándido Fraga Domínguez, Cano, y sus recuerdos en Ifonche

           Cándido Fraga y Lola Dorta. Y una de sus pasiones, la caza. Los Cristianos, década de 1960


Cándido Fraga Domínguez nació en La Montañeta, en Ifonche, en la zona de Adeje, en las cercanías con los límites con Vilaflor, en septiembre de 1932. Cariñosamente se le ha conocido por Cano, nombrete que procede de su infancia, tal como lo relató: decían Canito, Canito y quedó Cano. En el cuartel si la pasé estrecha, el primero día, no ve que no respondía por Cándido.
En Ifonche vivió con sus padres, Jerónimo Fraga Afonso y Salomé Domínguez Reyes, y sus 4 hermanos, dedicados a la agricultura y a la elaboración de la teja, en cuya labor su padre fue un maestro. Teníamos unas huertas de jable pa las papas, sembrábamos cebada, sembrábamos lentejas, chicharacas, chochos, en ese tiempo se sembraba de todo. Sobre todo la lenteja parda, la lenteja blanca también se sembraba un puñadito, no todo el mundo sino alguno. ¿Y sabe dónde echaban? mezclada con la cebada. De esta manera se recogían por separado. La lenteja blanca se solía reservar para el consumo de la casa, y la parda se vendía. Las papas las plantaban en julio y en agosto, en secano y con el jable seco, iba arando y la polvacera del jable daba miedo.
Asimismo sembraban cereales en la costa. De este modo recuerda que trilló en la era de El Verodal, también sembró en la Cañada Verde, ambos en el Municipio de Arona. Si llovía veníamos pa la costa, mucha gente de Trevejos, de La Escalona, mi suegro que era de allí de Ifonche, pero si no llovía, no, la costa era muy seca.
Otra labor que realizó Cano, fue la recogida de pinocho, que acopiaban en los pinares ubicados al Norte de Ifonche. También estuvimos dedicados a bajar pinocho, veníamos con pinocho aquí al Puerto. Un camello cargado de donde le dicen Chimoche, a traerlo aquí a don Miguel, al Puerto.
Y recoger retama y transportarla en el camello e incluso al hombro. A veces íbamos hasta al hombro, un saco de retama al hombro. Como la guardia estaba áhi acechando al que fuera, iba uno y escapaba, sin animales, íbamos al hombro por un saco retama. La retama imprescindible para darle de comer al camello. Casi todo el mundo, era el arma que teníamos pa trabajar, el tractor que teníamos, áhi hubo un tiempo que se vivió mucho del pinocho. En burros, mulos o camellos.
El pinocho se vendía, con frecuencia, a Eugenio Domínguez, en Arona, los camellos lo llevaban a El Calvario y de allí lo trasladaba en camiones a La Caldera, en Adeje. Ellos se lo vendía a Miguel Bello, en El Puerto. A quince céntimos el kilo, teníamos que traer doscientos kilos pa ganarse treinta pesetas. 200 kilos era lo que aproximadamente cargaban en el camello.
Y otra labor que realizaba su padre, además de Cándido y sus hermanos, era la producción de la teja. Tarea que su padre aprendió del suyo, Eladio Fraga, quién elaboró tejas en un horno en La Concepción, en Adeje, que pertenecía a los abuelos de Cándido. Lo más que se dedicaba mi padre era a la teja, hacer teja. A él le gustaba mucho eso y conocía mucho la teja. En un horno que construyó su padre, una vez casado, que se encontraba al sur de El Dornajo, y por lo que la zona se le conoce por El Horno. El horno lo hizo mi padre y un señor que era albañil, que vivía en El Hoyo, que lo llamaban Domingo García, ese tenía un horno en El Hoyo.
Cándido era un niño cuando su padre lo construyó. Yo me acuerdo verlo hacer, yo era pequeño pero me acuerdo ver a mi padre picando allí en la tosca. Además su padre también quemó tejas en otros hornos, como el de Guayero o en del Hoyo; o en Adeje, en un horno ubicado en Teresme, una hornada pa Casa Fuerte.
La teja la hacían en los meses de verano, durante el invierno recolectaban la leña para quemarla. Había que arrancar los chamisos en invierno, la leña pa la teja, arrancábamos, hacíamos montañitas en todos esos campos, le decíamos gavillas, para que se fueran secando y cuando teníamos tiempo, en un camello que teníamos, la íbamos trayendo.
Yo me acuerdo verla vender hasta quince céntimos la teja, yo creo que la última la vendió mi padre, la hizo nosotros en Caracas, le hicieron un compromiso con una hornada, mi padre busco dos hombres, más o menos amañados, y la hizo y se la pagaron a peseta, la última, la primera fue a quince céntimos, después treinta céntimos, después media peseta, según iban las cosas.
Y además de teja también elaboraban ladrillos, por encargo, de dos dedos de altura, para los hornos de los higos. Ladrillos no hacíamos cantidad, si no si llegaban y encargaban cien, cincuenta, pa un horno. O baldosas cuadradas, de 25 o 30 cm, y de 3 o 4 cm de grueso.
Cándido Fraga 

Cándido, y utilizando una de sus acertadas expresiones, garrapatió bastante en la dura vida que le tocó transitar. En busca de mejoras residió en Caracas. Antes de su partida comenzó a buscar otro tipo de labores, como la de cantero, estuve en la pedrera de don Antonio por lo menos tres años. Con Antonio Domínguez, al norte del actual Comercial Verónica en Playa de las Américas. De esa pedrera se marchó para Venezuela. Allí estuve tres años o cuatro, si ha garrapatiado uno en la vida.
Después de regresar de Venezuela compró un solar en Los Cristianos, en la actual Avenida de Suecia, y a comienzos de la década de 1960 construyó su casa, en la que dispuso de una venta, que regentó su mujer, Lola Dorta Bethencourt. Poco después comenzó a trabajar en Vintersol, yo fui pa amueblar, armar mesas, camas,... le pagaban 20 duros al día. Después se quedó con el carpintero, y cuando este se marchó se dedicó al mantenimiento de esta clínica en la que se mantuvo unos 9 años. Después de cuyo periodo trabajó durante 25 años, realizando el mantenimiento, en los apartamentos Achacay.
La Infancia y adolescencia de Cándido transcurrió entre los animales y la agricultura, entre la lenteja y el pinocho, o en el paso de la tierra a la teja. Curtido por las duras y austeras condiciones de vida, en el trabajo, se granjeó el respeto y el cariño de quien lo conoció. En sus evocaciones, falleció en febrero de 2014, queda reflejado su modo de vida, un regreso al pasado con cierta nostalgia, al que describió con tanta modestia que contrasta con la grandeza de lo que narra. 

viernes, 16 de enero de 2015

Vilaflor, finales década de 1920

Vilaflor, finales década de 1920

La aún empedrada Avenida Hermano Pedro a su llegada a La Puente, en dirección a las Cuatro Esquinas, a finales de la década de los años veinte, popularmente conocida por la Calle del Convento, por encontrarse en ella el antiguo convento de agustinos. Asimismo recibió la denominación de Calle Juan Rodríguez López.
Sobre sus silenciosas piedras aún resonaban huellas de animales, como ese burro cargado, tal vez de retamas o de pinocho, del aprovechamiento de sus montes. Al fondo, a la izquierda, El Cubo, un molino de agua, y la Casa de los Molinos. Y a la derecha los cipreses en los aledaños de  la Parroquia de San Pedro Apóstol y detrás la histórica Casa de los Soler.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

martes, 13 de enero de 2015

ANTONIO EL FULA. ANSELMO EL FULA. Nombretes en Los Cristianos

 
Anselmo Melo

Antonia Melo Melo, nieta del pescador de Los Cristianos, Antonio Melo Cabeza, Antonio el Fula, apunta la razón de este nombrete que además lo disfrutan sus hijos Antonio y Anselmo Melo Melo. Mi tío Anselmo lo llamaban el Fula porque mi abuelo, en paz descanse, hermano de mi tía Carolina, le gustaba ir a coger fulas. Antonio el Fula, y después quien heredó eso, el padre de las Morochas, el Fula lo llamaban también a mi tío Antonio.
En el Censo de Población de Arona, a 31 de diciembre de 1920, Antonio Melo Cabeza se encuentra inscrito en Los Cristianos, contando con 49 años y de profesión pescador; casado con Francisca Melo Villareal, de 48 años y sus labores. Y sus hijos María, de 23 años de edad; Antonio, de 18 años y de profesión pescador; Angelina, de 16; Adela, de 12; Carolina, de 8; y Anselmo Melo Melo, de 4 años de edad.
En el Padrón Municipal de Arona, a 31 de diciembre de 1931, Anselmo Melo Melo residía con su madre en la vivienda familiar, de profesión jornalero. Y Antonio Melo Melo se encuentra casado con Mª Antonia Martín Melo, Patona; son los padres de Carmen y Carolina Melo Martín, Las Morochas; a Carolina también se le cita por Comino. Antonio Melo Melo fallece en marzo de 1932, en un lamentable accidente que sufrió mientras trabajaba en el acondicionamiento del Hostal Aeropuerto, de Antonia Reverón Sierra.
Anselmo el Fula perteneció a la parranda de las danza de las cintas de Los Cristianos, tal como se recoge en esta fotografía de la década de 1960.

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Y Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares Llanoazur ediciones

sábado, 10 de enero de 2015

Colores del Sur 16. El Sol de los Muertos. Guajara

 
Colores del Sur 16. El Sol de los Muertos. Guajara

La denominación Sol de los Muertos prolifera en diversas culturas, se designa a los últimos momentos de luz anteriores al ocaso. Y en este Sur, esos bermejos, esos rojizos se acentúan en el otoño, se resaltan en la cumbre, al llegar ese último rayo de luz al Oeste de la Montaña de Guajara, Granadilla de Abona.
Miguel Delibes, tras una visita a las Islas y sin referencia a punto concreto, escribió: En el crepúsculo vespertino –a esa luz sentimental que el isleño define poética y patéticamente con el nombre del `sol de los muertos´-,es imborrable
Varios de nuestros viejos relatan sus vivencias sobre el Sol de los Muertos. Así Salvador González Alayón [Arona 1919-2012], recordó los comentarios de su padre, Antonio González Alayón, cuando le explicó su significado mientras se encontraban en el alto de la Montaña de Guaza: Decía: Salvador ponte en pie paque veas el Sol de los Muertos. Y yo digo: ¿dónde está padre?. Dice: mira por Guajara y verás que al rato; pues el Sol de los Muertos porque lo ves tú brillando allí en la roca y después ya desaparece, es cuando ya se entierra el sol aquí y donde último da, allí le dicen el Sol de los Muertos, si ya medio rojizo.
También lo revive Ricardo Oliva Fumero [Vilaflor, 1928]: Yo he oído nombrar mucho el Sol de los Muertos, y entodavía pa mi sigue siendo el Sol de los Muertos donde último se pone el sol por la tarde, donde último se pone el sol es allí, que es un risco que está allí, que pega allí, en Guajara, pues allí es donde último se pone el sol.
Bermejos preñados de tradición, de leyenda, en tardes de silencio, roto sólo por las palabras del viento al cimbrear los pinares.

Fotografía: Guajara, Granadilla de Abona. Desde el Camino de El Pilón, Vilaflor. Septiembre de 2013


jueves, 8 de enero de 2015

Granadilla de Abona c. 1890

Granadilla de Abona c. 1890

El pueblo de Granadilla de Abona se asoma al siglo XX con una población que se acerca a los setecientos habitantes, y que el número de viviendas que habitaban se aproximaban a las doscientas, de las que 79 eran de dos plantas. Panorámica que nos muestra infinitos detalles de cómo era este pueblo a finales del siglo XIX. La mayoría de sus viviendas se concentraban en la línea que configuran la Calle del Pino, que llega hasta la Parroquia de San Antonio de Padua; y la del Agua que asciende hasta la Ermita de Santa Lucía, a cuyo norte se sitúa el Pino de San Antonio, y a su izquierda el molino de gofio de Santa Lucía. Otro dato significativo lo marca el convento franciscano, primera edificación entrando al pueblo por la izquierda, desde Charco del Pino.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones