lunes, 7 de julio de 2014

El ´Benchijigua`: prolongación de la autopista del Sur hacia La Gomera

 
El ´Benchijigua` en su viaje inaugural. Julio de 1974


La llegada, en julio de 1974, del ´Benchijigua` de la naviera Ferry Gomera S.A., trazó un antes y un después en las comunicaciones marítimas de las Islas, sobre todo entre las de La Gomera y Tenerife. San Sebastián de La Gomera poseía, desde siglos, un cordón umbilical con el puerto de Santa Cruz de Tenerife, por el que entraban y salían sus mercancías, al cual llegaban sus huacales de plátanos para la exportación a Europa. También tenía conexiones con puertos menores del Sur de la Isla, como el caso de Playa de San Juan o Los Cristianos, por donde recalaban barcos de pequeño tonelaje, algunos tan ligeros que inflingían las leyes de la naturaleza, con los que se realizaban intercambios de mano de obra y amistades.
Atrás quedaron las etapas de los barcos de la Compañía de Vapores Interinsulares Canarios, los de Fyffes, los de Thorensen, o los de Álvaro Rodríguez López. Allá, en el recuerdo, cargaron esperanzas, arribaron en los múltiples puntos de las geografías insulares, trazaron rutas de ida y vuelta, barcos como el “Viera y Clavijo”, “Gomera”, “Isla de La Gomera”, “Isora”, “León y Castillo”, “Sancho II”, “San Juan” o los varios “Santa María …”. 
El viaje inaugural del ferry ´Benchijigua` de Fred. Olsen tuvo lugar el lunes 8 de julio de 1974, comenzando al día siguiente sus primeros servicios regulares. El jueves anterior había llegado, desde Noruega, a Santa Cruz de Tenerife, donde al día siguiente fue presentado a los medios de comunicación, en cuyo acto estaban presentes, entre otras personalidades, el almirante Leopoldo Boado, Presidente del Consejo de Administración de Ferry Gomera S.A., quien informó de algunos pormenores de este buque y de sus itinerarios. El sábado y domingo estuvo realizando pruebas de atraque, carga y descarga, tanto en San Sebastián de La Gomera como en Los Cristianos.    
Con sus 68 metros de eslora, y sus casi doscientos millones de coste, este primer ´Benchijigua` llegó para paliar el aislamiento de un isla, para tender un puente entre Los Cristianos y San Sebastián de La Gomera. En la publicidad que insertaba la empresa Ferry Gomera S.A., en la prensa local, se apuntan algunos de los servicios que iba a prestar. `Se imagina una carretera de Tenerife a La Gomera?. Sería magnifico ¿Verdad?. Poder realizar cómoda y rápidamente esa gestión, negocio o compra. Transportar las mercancías directamente, sin perdidas de tiempo en carga y descarga una y otra vez. ¿Y el paseo festivo o de vacaciones? Poder ir con su automóvil a disfrutar de la belleza de nuevos paisajes. Sentimos no poder construir esa carretera, peor le ofrecemos lo más parecido: el Ferry Gomera`.
Tenía una capacidad para 400 pasajeros, con servicios de restaurante, bares, televisión; con dos entradas, a popa y proa, facilitando el acceso y la salida sin operar en su interior; dotado de estabilizadores que harían más placida la navegación, y que de tanta utilidad le sirvió en su viaje desde Noruega, debido al mal tiempo reinante. Todo ello hacía que el viajero disfrutase de un ameno recorrido de hora y media, a través de las casi 20 millas del trayecto.
El pasaje costaba 280 pesetas, para un adulto, ascendía a 340 peestas si se incluía el transporte en guagua desde Santa Cruz de Tenerife, con servicio de la misma compañía. El precio para los turismos, con una capacidad de alrededor de 60 vehículos, oscilaba entre las 500 pesetas para el inferior a 4 metros y las 700 para los que superaran los cuatro metros y medio. Las salidas desde San Sebastián de La Gomera se realizarían a las 6, 11 y 19 horas; y desde Los Cristianos partía a las 8,30-13 y 20 horas, para quedarse durante la noche en San Sebastián. Horarios sujetos a algunas modificaciones los domingos, y que se fueron adaptando según transcurrieron sus días de servicios, incluidos aquellos iniciales problemas de atraque que surgieron al coincidir un día a la semana con el buque “Delfín del Cantábrico”, de la Naviera del Atlántico. 
El lunes 8 de julio de 1974, a las once de la mañana, salió desde el puerto de Los Cristianos rumbo a San Sebastián de La Gomera. En este su primer viaje inaugural, llevaba a bordo a las máximas autoridades de las Islas, entre las que destacaban el Gobernador Civil de la provincia, Rafael González Echegaray; el Gobernador Militar, Rafael Facerías; el Presidente de la Mancomunidad de Cabildos, Rafael Clavijo García; además de una amplia representación del mundo financiero y social. Llegado a La Gomera, y después de una actuación folklórica, se procedió a la bendición del barco, a cargo del Obispo de la Diócesis Nivariense, Luis Franco Cascón, actuando de madrina María Angélica Domingo, esposa del vicepresidente de la naviera Álvaro Rodríguez-López Braun.
En el almuerzo que se sirvió en el parador de la capital gomera, el almirante Leopoldo Boado, Presidente del Consejo de Administración de Ferry Gomera S.A., pronunció unas palabras de agradecimiento por la asistencia a esta doble ceremonia de bautizo de un buque y de inauguración de una línea marítima que pretende prolongar la autopista del Sur de Tenerife hasta los rincones más recónditos de la isla de La Gomera, proporcionando a ésta las comunicaciones que tanto necesita para su promoción socioeconómica. Y en el que además reiteró el esfuerzo realizado por Fred. Olsen en dotar a La Gomera de un enlace con Tenerife, rápido y con comodidad, acorde con la demanda que venía solicitando el pueblo gomero. 
Puerto de Los Cristianos. 1975
El ´Benchijigua` supuso dejar atrás muchas frustraciones, sobre todo la que ocasionó la no operatividad del espigón del muelle de Los Cristianos. Una simple prolongación del pequeño muelle existente desde la década de los años treinta; 72 metros de espigón que se construyeron en 1971, y en el cual se realizaron diversas pruebas, entre ellas con el ferry “Victoria” de la Compañía Trasmediterránea. Pero con el cual no se pudo iniciar el servicio con transbordadores,  por su no adecuación al atraque de este tipo de embarcaciones, ya que no ofrecía garantías al no contar con algún tipo de abrigo que facilitase la maniobra.
Una vez que la naviera Fred. Olsen conoció la construcción del puerto de Los Cristianos, gestionó la compra de un ferry para iniciar el servicio, no encontrándose, por lo que hubo que fabricar uno nuevo. Este buque construido en los astilleros noruegos de ´Trondhjen`  llegó justo a tiempo, poco después de que se terminase el Puerto de Los Cristianos.
Ni los más optimistas pronosticaban los beneficios y las ventajas que este buque iba a traer para La Gomera. Esta prolongación de la `autopista del Sur de Tenerife`, facilitaría el turismo de ida y vuelta en el mismo día; una mayor promoción de la isla; el intercambio de mercancías, con la posibilidad de traer directamente a los mercados tinerfeños los productos de la huerta. Su aceptación y uso fue inmediato, el domingo siguiente a su puesta en funcionamiento, y en sus tres viajes de ida y vuelta, la cifra de viajeros ascendía a unos ochocientos. 
El ´Benchijigua` siempre llevara el espíritu de Fred. Olsen, desde que se vinculó a comienzos del siglo XX con la isla de La Gomera, en sus inicios con la agricultura, con posterioridad con la hostelería. Asimismo su nombre, ´Benchijigua`, atado a la cultura gomera, anudado desde tiempos inmemoriales a la toponimia de una isla. Nombre conocido dentro y fuera del círculo de una isla apegada a sus tradiciones, a su cultura. Una isla, y sus gentes, que ha sabido valorar este puente de comunicación entre La Gomera y el Sur de Tenerife, dos lugares que tanto han compartido.


viernes, 4 de julio de 2014

El gofio, múltiples variantes de llevarlo a la mesa

  Tostado en recipiente de metal


El gofio nuestro de cada día, sencillo y humilde alimento: grano limpio, tostado y molido. Para obtenerlo se partía de una pobre agricultura de secano, muy dependiente del régimen de lluvias. Para poder sembrar el cereal había que esperar que lloviese, que la tierra tuviese la humedad suficiente; la siembra de uno u otro dependía del ciclo de lluvias; el trigo morisco y la cebada, con menores necesidades de agua, se solían sembrar en la costa; y el trigo blanco en las medianías. Para el millo se precisaba disponer de agua de riego.
Era el producto esencial y a su alrededor lo demás, lo que se conseguía. Su antiguo sabor es casi irrecuperable; su tostado, con fuego de leña y con tostador de barro; su molienda, a mano en molinos de piedra; y su procedencia, de cosechas propias, lo corroboran. Lo más frecuente en el Sur de Tenerife era de trigo y cebada, con posterioridad se introdujo el millo; bien elaborándolo con un sólo cereal o mezclas, añadiéndole alguna leguminosa, como el garbanzo o el chícharo blanco.
El principal modo de consumir el cereal era en forma de gofio. El pan se elaboraba solo en fechas señaladas, en hornos de casas particulares en la mayoría de los casos para consumo familiar. Del tostado y molido a mano, para el gofio; o del horno de barro, para cocer el pan, se pasa a los molinos con mecanismos a motor, a partir de los años veinte del siglo XX, salvo el caso del molino de viento de El Verodal, en Arona, molino de una piedra, propiedad de Rafael García Delgado, que funcionó en las dos primeras décadas del siglo XX. Molinos hoy desaparecidos, a los que la gente mayor sigue añorando, como los de Juan Bethencourt Herrera en Los Cristianos; Miguel García Reverón en El Calvario; José Delgado Delgado en Quemada; Francisco Gómez Cano, en el Valle de San Lorenzo; Dionisio González Moreno, en Buzanada; Rafael Baute Mesa, en Arona; o el de Antonio Reverón Sierra, en Guaza.


A la derecha, molino de viento de El Verodal, Arona
El gofio tiene muchos senderos, solo, con azúcar o con miel, con leche, con tafos, con azúcar y aceite, en polvo con higos de leche, con tomates, etc. se le libera de la soledad, de la monotonía, con el “conduto”: una lasca de queso duro, una jarea asada, unos pejines, unas porretas, una laña asada de carne cochino, y un larga lista de lo que se tuviera a mano, ya puede ser pescado, carne o de fruta pasada. Es el protagonista de la mesa, acompaña a la leche en el desayuno; a los potajes; a la carne de cochino en el escaldón; o amasado con agua para comer con lapas crudas, erizos o higos tintos, que en muchos momentos de penurias fue comida principal.
Dependiendo de sus formas de prepararlo recibe diversas denominaciones, variantes infinitas según los lugares. Se dice gofio gobiado, cuando se come solo, con cuchara, un gajo de cebolla o con la misma mano. En polvo también se consume con higos de leche, con higos pasados, con tomates, etc. O un poco de gofio en polvo y detrás un vaso de vino: una cabrilla.

  Molino de mano

Gofio amasado, cuando se utiliza agua y se amasa en un lebrillo, o en un zurrón, dando la larga lista de pelotas de gofio. Sí se amasa en un zurrón y antes de sacarlo se tuerce un poco en la boca del zurrón podemos obtener formas caprichosas, así se logra una bailarina. Si la preferimos dulce, le agregamos miel; mejor amasar primero con un poco de agua y luego añadirle la miel de abeja, o de palma que no quedará tan dulce, almendras medio molidas y queso duro desmenuzadito; de esta manera se conserva largo tiempo.
Gofio revuelto, cuando en su preparación interviene un caldo, de pescado, del potaje, del rancho, etc.; asimismo se puede revolver en “agüitas”, de hierba luisa, de caña santa, con café, con cebada, y una interminable lista. Se dispone con una consistencia más o menos pastosa, según el gusto de cada cual; si se deja un poco seco, está “jaironito, que el gofio quede más bien sobre lo seco.” Cuando esta elaboración se tornaba más liquida estaríamos ante una ralera, la más conocida la ralera de gofio y vino; a un vaso de vino añadirle una palita de gofio, y azúcar según cada cual.
Si en lugar de prepararlo en un lebrillo, o cualquier otro utensilio, y añadir ese caldo al gofio, lo calentamos en un cazo y añadimos el gofio, revolviéndolo en el fuego estamos ante el gofio escaldado.   
Escaldón
    
Otra de las formas de comerlo es asociarlo a la carne de cochino, a la que hay que desalar antes de su utilización, si no es fresca. Hay múltiples variantes, recetas colectivas que casi sin matices se preparaban tanto en la costa como en las medianías. Una de ellas es el pringo, al freír gofio amasado y partirlo en lascas o pelotitas en un sartén donde previamente se ha dorado carne troceada.
Otro modo de combinar el cochino y el gofio es el escaldón, se puede realizar con la carne del cerdo, con la manteca o con los chicharrones, esos trozos que quedan una vez obtenida la manteca. Se fríe la carne de cochino en trocitos con unos ajitos, se le añadía un poco de agua y cuando este hirviendo se le agrega el gofio poco a poco y se va revolviendo. Variantes pueden ser añadirle una agüita de hortelana, o pimienta picona, o agregarle unos huevos con el gofio. Y a comer con porretas, alguna fruta leche, queso, o lo que se tercie.        
Y otras tantas maneras de llevarse un poco del sabor de la tierra a la boca. Con el hígado de las viejas se preparaba un sobado con gofio. Hasta que se generalizó la utilización de las harinas preparadas para la alimentación infantil, se recurrió al gofio, a partir de unos pocos meses, pero con la precaución de guisarlo para que no resultara indigesto, procedimiento que se denomina migas de gofio. Por tafeña o chafeña se conoce a los granos de cereal tostado al que se le añade azúcar o miel. Cuando el cereal comienza a amarillear, a madurar, y todavía está tierno se  le denomina espiga lora; el asado de estas espigas se le conoce por rapayo.
Las mesas son infinitas, a ella llegan los alimentos procedentes del entorno más cercano, sin grandes ceremonias, sin lujos, sin complicaciones que disfracen la gran austeridad de lo que se va a comer. Y el gofio, el alimento en torno al cual rodaban el resto de las provisiones; se ha consumido como solitario condumio, como primer y segundo plato; y en momentos ha sido lo único que había para llevarse a la boca.
En la mesa, y fuera de ella, ha estado presente en todos los momentos del día, ha encontrado compañía con suma facilidad. Con él los senderos se han vuelto señeros y múltiples, tanto como protagonista, en algunos casos en la compañía solitaria del “conduto”; o como acompañante asociado a una larga lista de productos y elaboraciones; en los primeros platos, caldos, rancho, potaje, etc.; como agregado del segundo, bien sea carne o pescado. En la actualidad participa, además de lo reseñado, en la elaboración de helados, postres caseros e industriales, licores, etc.
        
Documentación: BRITO, Marcos: Saberes y Sabores. El Gofio. Llanoazur ediciones



miércoles, 2 de julio de 2014

José González Torres, JOSÉ CATIRE. José González Bello, PEPE CATIRE

 
Teresa González Rodríguez y  José González Bello, Pepe Catire

En los apodos que se recogen en Nombretes en el Sur de Tenerife se citan diversos ejemplos de Rubio, personas con pelo rubio o trigueño y con tez blanca; y en Venezuela, y en algún que otro país sudamericano, se les designa con el vocablo Catire. Para esclarecer el sobrenombre del vecino de San Miguel de Abona, José González Torres, José Catire, hace acopio de memoria su nieta Teresa González Rodríguez, quien nació en Quemada en 1939. José Catire emigró aún soltero a Venezuela y de allá se trajo su nombrete. Su vida laboral se vinculó a la agricultura, permaneciendo varias décadas en una propiedad de Tomás Bello Gómez, y después con sus herederos, en Bajo la Montaña, Buzanada, en el Municipio de Arona. Con posterioridad traslada su residencia a La Rajeta, en San Miguel de Abona.
Este apodo se prolonga en uno de sus hijos, José González Bello, Pepe Catire, quien se dedicó al comercio, en primer lugar en Quemada, Buzanada, donde regentó una tienda y molino, que con anterioridad había administrado Miguel Díaz Monroy. Y desde comienzo de los años cuarenta del siglo XX dispuso de planta eléctrica, tienda y molino de gofio en la actual Calle de la Iglesia en San Miguel de Abona. A través de varios documentos de la Matrícula General de la Contribución Industrial elaborada por el Ayuntamiento de San Miguel se conocen las fechas de inicio de las diversas actividades comerciales que desplegó José González Bello. Fabrica de Electricidad y Alquiler de contadores, se dan de alta con fecha del 29 de marzo de 1941. A de 1 de enero de 1942 se da cuenta de la apertura de un molino a gas; y el 1 de enero de 1943, en tejidos ordinarios. Manteniendo la tienda hasta comienzo de la década de los años noventa. Pepe Catire disfrutaba de un buen ganado prestigio al disponer en su tienda, entre otras exquisiteces, de excelente surtido de quesos de cabra de este nuestro Sur, los que adquiría a un numeroso grupo de cabreros de diversos lugares.
En el Padrón Municipal de Arona, a 31 de diciembre de 1931, en Buzanada constan inscritos, José González Torres, como fecha de nacimiento se apunta el año de 1876 y de profesión labrador; casado con Rosaura Bello Gómez, quien nace en 1876. En la vivienda familiar se recoge a su hijo Nicolás González Bello; además esta pareja tuvo otros tres: Juana, María y José González Bello. En el Padrón Municipal de Arona, a 31 de diciembre de 1937, se anotan en Buzanada a José González Bello, quien nace en 1910 y con profesión: comercio; casado con Magdalena Rodríguez León, que nace en 1912.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones


Costa desde Los Cristianos hasta La Caleta

 

Costa desde Los Cristianos hasta La Caleta

 

Fotografía aérea obtenida en 1964 y que comprende, a la derecha una parte del pueblo de Los Cristianos, con la Montaña Chayofita de marcado color negro. Se continúa por los Llanos de El Camisón, la actual Playa de las Américas, en el Municipio de Arona, que delimita con el de Adeje a través del Barranco del Rey, claramente reconocible así como la Caldera del Rey con su plantación de plataneras, al igual que las de Fañabé. Por la costa se continúa por la actual Costa de Adeje, las Playas de Fañabé y del Duque, Playa de la Enramada, en la que se ubica la Ermita de San Sebastián y La Caleta.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

viernes, 27 de junio de 2014

El Viera y Clavijo en las costas del Sur. 1962


El Viera y Clavijo en las costas del Sur. 1962

El Viera y Clavijo comenzó sus singladuras en aguas canarias con la Compañía de Vapores Interinsulares Canarios, hasta que en 1930 pasó a la naviera Transmediterránea. Paisaje de mar, con la bella estampa de este correillo negro, paisaje de la tierra del Sur, a la altura de la Caleta de Adeje. Y recoge en un amplio abanico, que se abre desde los altos del Barranco del Infierno hasta los límites de Guía de Isora y Santiago del Teide. Al fondo las majestuosas siluetas del Pico Viejo y de El Teide.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

miércoles, 25 de junio de 2014

Los inicios del fútbol en Guía de Isora: el Unión Isora

  El Unión Isora en 1961,  cedida por "Pepe Tanque"              
Los primeros pasos tras un balón de fútbol se comenzaron en el Sur de Tenerife en la segunda década del siglo veinte, pero no es hasta finales de los años veinte y comienzos de los treinta cuando se extiende en muchos de sus pueblos. Son años en que se introducen en los festejos populares, se organizan múltiples partidos amistosos, para los cuales se preparan excursiones, comidas y bailes para el equipo visitante. Y así fue como también se inició en Guía de Isora, con la creación del Estrella Roja y del Isora, los que disputaron desde comienzos de la década de los años treinta diversos encuentros amistosos, con equipos llegados de toda la Isla.
Como ejemplos podemos citar el partido que disputó el C. D. Isora con el Adeje F. C. en septiembre de 1932, con empate a tres goles, y donde el Isora jugó alineó a: “E. Carvajal; A. Alfonso; Domingo; O. Vargas; M. Casañas; V. Saavedra; F. González; M. Vargas; M. Brito; J. Díaz; J. Carvajal.” O la excursión que se organizó desde Santa Cruz de Tenerife por los aficionados del Delicias F. C., cuando en julio de 1933 se desplazaron a Guía de Isora, con salida a las siete de la mañana, para acompañar a su equipo y finalizar la jornada con una verbena en los salones del Casino Republicano de Guía de Isora.
Estos primeros partidos se jugaban en un terreno que se acondicionó en lo que hoy se denomina la Calle del Campo. Y tal como apunta José Vargas Álvarez, Pepe Tanque, quien fue un destacado jugador en la década de los años cincuenta y comienzos de los sesenta en el Sur de la Isla, en estos inicios tuvo mucho que ver Francisco González Brito, quien puso su trabajo, y algo más, para construir un campo con unas medidas aproximadas de 80 por 40 metros. Después de la Guerra Civil se abrió la Calle del Campo y se sepultó este viejo terreno donde jugar al fútbol, que estaba situado en las cercanías de donde en la actualidad se encuentra el Cuartel de la Guardia Civil: Esta calle tenía el suficiente ancho para jugar en ella, y allí se instalaron dos puertas, y allí dilucidaban su gran rivalidad el C. D. Isora y el C. D. Unión, o Unión Isorano como también se le cita, equipos que se fusionaron en 1948, creándose el Unión Isora.
El primer encuentro del que se tiene referencia en esta nueva etapa se jugó, en este casi improvisado campo en noviembre de 1947, entre el Isora y el Playa de San Juan, que finalizó con empate a un gol, ejerciendo como arbitro Jacinto González, y a cuyo termino se obsequió al equipo visitante “con un refresco”.    
Y con esta fusión nace una nueva etapa en la que se cuenta con un amplio plantel de jugadores entre los que se encontraban: Enrique Carvajal; “Eduardo”, que fue maestro de Guía de Isora; “Vargas”; Manuel Brito; Francisco Martín, “Paquito”; Alberto Morales; M. Alfonso; y los jóvenes; Armando y Luis Pérez; Alberto Morales; José Barrios; “Pitico”; Fernando Martín; “Vicente”; “Nito”; “Secundino”; o Manuel Casañas. Y entre los dirigentes se hallaban el médico Walter Madrid; Francisco González Brito, natural de Fuerteventura y el impulsor del fútbol en los años treinta; Luis Casañas; Miguel Sosa; Agustín Morales, el cartero; José María Carvajal, quien arbitraba muchos de estos partidos; Francisco Tejera; o Vicente Saavedra, estos dos últimos antiguos jugadores del Isora.
Y renace otra vez la afición, surgen iniciativas desde las instituciones públicas para construir un nuevo campo, en la zona de Guarpía, junto a la carretera general del Sur, el cual estaba en construcción a comienzos de 1948. Con la concesión de 20.000 pesetas por parte del Gobernador Civil y la mano de obra de múltiples trabajadores que aportaron su esfuerzo después de su jornada laboral. Este año el Isora juega múltiples partidos, sobre todo con equipos del norte de la isla que se desplazaban por la carretera de Erjos. Por el nuevo campo ubicado en Guarpía, después bautizado con el nombre de Tomás Hernández Alonso, pasaron equipos como el del Silense, al que se venció por dos a cero; al Tacoronte, por siete a uno; al Atlético Orotava, por dos a uno; o el empate a uno con el “Viera del Realejo”.
En enero de 1949 para festejar el primer aniversario de la fusión de los dos equipos de Guía de Isora, se disputó un encuentro entre el Unión y el Isora, empatando a tres goles. Asimismo en este año se disputó un trofeo, en los festejos de septiembre en honor de Nuestra de La Luz, entre el Isora y la Deportiva Icodense, jugado a dos partidos y ganado por el equipo de Icod, ya que el sábado venció al Isora por seis a tres goles y el domingo ganó el Isora por dos a uno. Siendo este deporte una actividad indispensable en la programación de cualquiera de los festejos que se celebrara en el Municipio.
Y con recuerdo de Pepe Tanque continuamos con este equipo que se mantuvo hasta el año de 1953, el equipo se deshace y no fue hasta la temporada de 60/61 cuando se vuelve a renacer, levantándose por el auge que estaba teniendo el Alcalá donde Pepe Tanque jugó la temporada anterior. El Unión Isora se inscribe en la segunda categoría de la zona norte y asciende a la primera categoría del fútbol regional, además de ganar la Copa Federación. A este año de 1961 pertenece la fotografía que ilustra este artículo, y que nos muestra a los siguientes jugadores, de pie y de izquierda a derecha: Antonio Miguel Afonso, Hucho; José Vargas Álvarez, Pepe Tanque; “Arturo”; “Tatono”, que ejercía de segundo entrenador; Jaime Arias; Julio Guigou; “Pepe el Breva”; Manuel Lorenzo; y agachados: “Nano”; “Ramoncito”; “Manolito”; Jorge Brito; y Cirilo Casañas.

lunes, 23 de junio de 2014

Arcos, festejos y fogaleras por San Juan. Arico y Valle de San Lorenzo

Imagen de San Juan Bautista en el Valle de San Lorenzo

El día 24 de junio se conmemora la festividad de San Juan Bautista, pero es en su víspera cuando se rivaliza en la preparación de las fogaleras, en la organización de los bailes, en la decoración con arcos de hojas de palmeras, adornadas con rosquetes, flores y frutos amarrados con fibras vegetales o vergas. Además de ciertas pillerías, al cambiar las macetas con plantas y flores, de un lugar para otro, de una casa para otra. Y cuando ese rescoldo se vuelve ceniza llegaba el apogeo de las supersticiones amorosas, el conocer el nombre del que se iban a casar, con la colocación de tres papas debajo de la cama; o el depositar flores bajo la almohada y esperar a soñar con el que se iban a casar. Un día de múltiples costumbres, creencias ya casi en el olvido, del que quisiéramos recordar algunos pormenores de los festejos que se celebraban en la Parroquia de San Lorenzo Mártir en el Valle de San Lorenzo y como eran las festividades en la década de los años veinte y treinta en la Parroquia de San Juan Bautista en la Villa de Arico.
La Parroquia de San Juan Bautista, en cuyos alrededores creció el pueblo, se fue completando con el paso de los años. Desde su construcción como iglesia en los primeros años del siglo XVII, pocos años después se erige Parroquia, y siendo al siglo siguiente cuando se edifica su planta actual. Los festejos son siempre momentos propicios para añadir algún elemento que embellezca cierta parte de la Parroquia, como en los celebrados entre el 23 y el 25 de junio de 1920 cuando se inaugura un reloj que se instaló en su torre, y que fue donado por jóvenes de la localidad que residían en Cuba. Además de los actos religiosos, que los hubo los tres días, siendo el último por promesa de un devoto, en estos años era usual que el día principal se realizasen dos oficios religiosos y dos procesiones, una por la mañana y otra por la tarde, quemándose los fuegos artificiales a la entrada a  la iglesia de esta última.
En la década de los años treinta se registra un aumento en el número y en la variedad de los festejos, donde se introducen algunos deportes como la lucha canaria y donde cobra nuevos bríos las representaciones teatrales, puesta en escena por vecinos, como la obra que figuró en l932, “Los autores de mis días” y cuyo reparto fue: Manola, María Morales Delgado; doña Olegaria, Dolores Gómez Morales; Librada, Matilde Díaz Rodríguez; Rocío, Juana García Hernández; Casilda, Carmen Hernández; Alberto, Agustín Morales García; don Constante, Pedro Díaz; Alejandro, Antonio Morales Delgado; Salamero, Miguel Gómez García.  
  Parroquia de San Juan Bautista en la Villa de Arico. Finales década de 1920

Los bailes eran el remate de cualquier buena fiesta y aquí no podían faltar los de la plaza a media tarde, los de las casas particulares y los del Casino Atlántida los que era frecuente que los amenizaran orquestas como la de El Escobonal, o los paseos después del mediodía por la Banda de Música de Granadilla.
En el olvido han quedado los festejos que se conmemoraban en la Iglesia del Valle de San Lorenzo; en cuya Ermita, situada todavía en La Fuente y en cuyo inventario realizado con fecha 6 de mayo de 1889 por el párroco Julio Mendoza Morera, se anota entre otros elementos, un retablo con tres nichos, en el centro se encuentra una imagen de la Virgen de la Encarnación; a su derecha, una imagen de San Lorenzo Mártir y en el de su izquierda, una imagen de San Juan Bautista, con un corderito al pie.
La primera referencia que hemos encontrado de esta festividad es la anotación que sobre ella realiza el párroco Ángel Serra Cortina, en enero de 1915, y que hace mención que “a las ocho y media en punto de la mañana de ese día, hay Misa cantada en la Ermita de S. Lorenzo, costeada por los vecinos de aquel pago.” En el Valle de San Lorenzo, según ha relatado América Hernández, Meca, en la puerta de la parroquia se formaba un arco con palmeras, “le hacíamos unas fiestas igualito que a San Lorenzo, y le sacaban en procesión y le hacíamos un arco en la Iglesia por fuera, un arco con todos frutos y todo lo que se conseguía, y palmeras, iban los hombres a cortar las palmeras, y en la misma, según es la puerta le hacíamos el arco. Y cuando íbamos a los bailes hacían un arco en la pared del baile, en el salón del baile. El día veinticuatro de junio hacíamos los bailes, porque nosotros hacíamos los bailes desde las dos de la tarde, estábamos bailando, veníamos, cenábamos y volvíamos otra vez y después a las doce o a la una ya nos íbamos a acostar todos, pa trabajar al otro día. La procesión alrededor de la iglesia que era toda de tierra.” Otros arcos se confeccionaban en la puerta de lugar se realizara el baile, sobresaliendo en el recuerdo los de Francisco Gómez en El Pinito y Pedro Hernández, en Chindia. Meca nos apunta que se dejó de hacer, con esa relevancia, estando aún soltera, puede ser con la llegada de la Guerra Civil Española. Hasta este final del siglo XX cuando estos festejos tuvieron un relanzamiento religioso con la llegada del párroco Buenaventura Herrera, según comenta Paulina Delgado García, el 24 de junio se oficiaba una misa y se bendecía el pan y los bollos, se realizaba un arco de frutas, además de una procesión donde la imagen de San Juan era portada por mujeres. Se abandona su ejecución con el traslado de este párroco a finales de la década de los años noventa. 
Mágica noche de San Juan, noche de anhelos y de esperanzas, donde los albores eran momentos propicios para la curación de las hernias, a través de pasar al niño por entre medio de la abertura de una vara de duraznero. El día de San Juan marcaba una buena parte de la tradición en la agricultura y la ganadería, en sus acuerdos o en la recogida de la cosecha de cereal. Día de San Juan olvidado en el Valle de San Lorenzo, revivido en la Parroquia de San Juan Bautista en Arico. 

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960].; Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones