viernes, 11 de julio de 2014

Bodas en el Sur, Chirche como ejemplo

Boda de Ortelia Martín, en la imagen con el padrino, y Jerónimo Gorrín. Chirche, 1955
 
En Chirche, Guía de Isora, se celebra, del 11 al 13 de julio de 2014 la XIV edición del Día de las Tradiciones. En estos años transcurridos se han recordado diversas actividades como el carboneo, elaboración y horneo de la teja, trilla, arado, cestería, y otras muchas actividades relacionadas con la vida cotidiana por la que trascurrió la vida en el lugar hace algunas décadas. Las bodas han tenido un papel destacado en ediciones pasadas, con exposición de fotografías, con imágenes que arrancaban en la década de los años veinte del pasado siglo, época en las que suponemos no se realizarían reportajes, tal vez una única escena, una solitaria toma. Asimismo por sus calles y plaza se escenificó una de estas bodas, de cuyas pretéritas costumbres y celebraciones se quiere anotar algunos pormenores.
Las celebraciones de las bodas, tal como las relatan aquellas personas que las efectuaron en la primera mitad del siglo XX, son una forma más que nos lleva a conocer unos hábitos que se han ido perdiendo. En general en este Sur de Tenerife, eran, en mayor medida que en la actualidad, un encuentro, un acontecimiento gastronómico, pero más aún un encuentro familiar, un acto social donde se reunían familiares y amigos distanciados por un espacio geográfico sin apenas vías de comunicación.
  Boda de María Alonso y Antonio Gorrín. Chirche, 1958

Los familiares, los vecinos, en suma los más allegados, participaban en los preparativos de la celebración, una cooperación que podríamos denominar de ida y vuelta. Se colaboraba con la elaboración de las comidas, en algunos casos aportando incluso los alimentos, donde los días previos iban llegando las docenas de huevos, alguna gallina para el caldo, los kilitos de harina y almendras para los dulces. La comida era preparada por la misma familia, por los más cercanos, y cuando no, se recurría a aquellas mujeres especializadas en su elaboración. Se ayudaba a completar la mantelería, los cubiertos, que iban marcándose, según entraban en el lugar donde se realizaba el festejo, con esparadrapo con algún número o letra. Para esos allegados y para aquellos que no pudieron asistir se les surtía con alguna bandejita de dulces, bien al finalizar la celebración o en los días posteriores.
El banquete se solía acomodar en la casa de la madre de la novia, por los diversos cuartos y espacios disponibles, después del cual era frecuente organizar una parranda, y bailar hasta que el cuerpo aguantara. Si había disponibilidad de espacio se organizaba en la misma casa, en caso contrario se desplazaban a algún lugar cercano donde seguir la fiesta. Otra práctica, ya casi olvidada, y de la que se tiene referencias hasta los años veinte, consistía en que después de terminado el banquete y la fiesta, cada uno de los esposados se iba para su casa, para la casa de sus padres. Por lo menos esa noche no se quedaban juntos, sino esperar por lo menos al día siguiente, y hasta retrazar el encuentro cuatro y cinco días, `eso era una afrenta`. 
Los alimentos preparados para tal ocasión obedecía a las disponibilidades de cada casa, ´eso depende de la fuerza que había, una comida papas, una comida de pescado, un potaje, un puchero, todas esas cosas, carne de cochino, que todo el mundo lo tenía, pero eso se acabo todo´.
Muchas de estas celebraciones se llegaron a realizar con dulces, vino y chocolate, mesas en el centro de una sala espaciosa y sillas a lo largo de sus paredes, así eran las más austeras, las más sencillas, porque las disponibilidades no daban para más dispendios. Otras se realizaban con pescado salado y papas arrugadas, otras con carne de cabra, de la que conocemos un caso de sacrificar seis animales. Ejemplo de alguna más abundante podría ser la que narró María Mendoza Alonso, María Flora, que se casó en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Luz en Guía de Isora y la celebró en La Hoya, en Chirche, ´en casa de mis padres, una boda con puchero, arroz con leche, papas con carne, fue un bodango, y dulces, de todos dulces, teníamos un horno, hicimos los dulces, fue una boda que se mató cabra, mi suegra Isabel Pérez, era cocinera, era dulcera`.
Las bodas en Chirche había que formalizarlas en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Luz, en Guía de Isora, hasta que se dispuso de la Iglesia de San Felipe Neri, levantada por los propios vecinos a comienzos de la década de los años cuarenta. Las dos imágenes que ilustran este artículo fueron obtenidas en la década de los años cincuenta del pasado siglo. En un barrio con aromas a flor de naranjo, tierra de almendra, higos y queso, de miel y vino, de gente hospitalaria, que en esta década se comunicaba con Guía de Isora a través de un camino empinado, de unos dos kilómetros, y empedrado. Un barrio que para alumbrase tenía que recurrir a la tea y al carburo, y que para preparar sus alimentos tenía que emplear la leña y el carbón. 
  Escenificación de una boda. Chirche, 2007

Chinche, en palabras de Miguel Martín González, visto desde el Lomo de los Pinos, era en los años cincuenta, ‘como un remanso de paz y de quietud, un rinconcito ameno y atractivo en cuyos alrededores los amantes de la naturaleza tienen ocasión de embriagarse de luz y de belleza`. Un ´conjunto armónico de casitas blancas donde mora buena gente y laboriosa, de trato afable y acogedor, virtudes tradicionales que conserva Chirche en toda su pureza, sin que las corrientes modernas ni el tiempo pasado en los países de emigración hayan ejercido influencia alguna para modificar el modo de ser de sus habitantes`. 
Su centro neurálgico era la plaza, y sus aledaños, la de las reuniones de la tarde, la de los descansos del domingo, la del regocijo de la chiquillería, la de los viejos y sus largas tertulias sentados sobre los troncos de pinos, a manera de bancos, que siempre han estado en la calle principal, en la actual San Felipe. Y la tienda que existía en la plaza, en la que se podía encontrar  de todo un poco, desde un café a un vaso de vino, pasando por un poco de azúcar o un jarrito de aceite, y un mucho de información. Asimismo era lugar de parrandas y de bailes, a través de gramófono o de las guitarras, bandurrias y voces, que siempre han estado dispuestas.
Imágenes de dos celebraciones, recuerdos de dos momentos detenidos, de dos parejas camino de la Iglesia, acompañados de familiares y allegados. Una de ellas está obtenida en la Hoya de la Burra, allá en el verano de 1958, donde se nos muestran a los novios María Alonso Afonso y Antonio Gorrín Rodríguez. La otra esta tomada el 5 de noviembre de 1955, en la actual Calle San Felipe, en las cercanías de la Iglesia. La pareja la forman, Ortelia Martín Dorta, quien todavía va de la mano del padrino, y Jerónimo Gorrín Rodríguez.
Camino de la Iglesia van las parejas, en compañía, bajan por las empinadas calles de piedra y barro, franqueados por familiares y amigos, por muros de piedra seca, por acogedoras casas de abiertos patios; momento impregnado de silencio, atentos al objetivo de la cámara de algún fotógrafo, llegado, tal vez, de Guía de Isora. 

Fotografías cedidas por el Ayuntamiento de Guía de Isora

martes, 8 de julio de 2014

Los Cristianos, c. 1935

 
Los Cristianos, c. 1935

Fotografía de mediados de la década de 1930 en la que se recoge como se encontraba este barrio de pescadores, con su muelle-embarcadero recién construido. Por el que se venía suspirando desde comienzos de siglo y para el cual se solicitó su ampliación casi desde el momento que se finalizaron las obras, aprobada su recepción definitiva en febrero de 1935. Además se observa una serie de edificaciones que han jalonado parte de la historia de este enclave costero, y que delimitan la primera línea de costa, como fueron los salones de salazones de pescado y algunas de las primeras viviendas construidas en su orilla. A la izquierda asoma la Ermita de Ntra. Sra. del Carmen y la Montaña de Guaza, Los Riscos, El Puerto y La Fábrica. Imagen obtenida desde la Montaña de Chayofita.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Y Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones

lunes, 7 de julio de 2014

El ´Benchijigua`: prolongación de la autopista del Sur hacia La Gomera

 
El ´Benchijigua` en su viaje inaugural. Julio de 1974


La llegada, en julio de 1974, del ´Benchijigua` de la naviera Ferry Gomera S.A., trazó un antes y un después en las comunicaciones marítimas de las Islas, sobre todo entre las de La Gomera y Tenerife. San Sebastián de La Gomera poseía, desde siglos, un cordón umbilical con el puerto de Santa Cruz de Tenerife, por el que entraban y salían sus mercancías, al cual llegaban sus huacales de plátanos para la exportación a Europa. También tenía conexiones con puertos menores del Sur de la Isla, como el caso de Playa de San Juan o Los Cristianos, por donde recalaban barcos de pequeño tonelaje, algunos tan ligeros que inflingían las leyes de la naturaleza, con los que se realizaban intercambios de mano de obra y amistades.
Atrás quedaron las etapas de los barcos de la Compañía de Vapores Interinsulares Canarios, los de Fyffes, los de Thorensen, o los de Álvaro Rodríguez López. Allá, en el recuerdo, cargaron esperanzas, arribaron en los múltiples puntos de las geografías insulares, trazaron rutas de ida y vuelta, barcos como el “Viera y Clavijo”, “Gomera”, “Isla de La Gomera”, “Isora”, “León y Castillo”, “Sancho II”, “San Juan” o los varios “Santa María …”. 
El viaje inaugural del ferry ´Benchijigua` de Fred. Olsen tuvo lugar el lunes 8 de julio de 1974, comenzando al día siguiente sus primeros servicios regulares. El jueves anterior había llegado, desde Noruega, a Santa Cruz de Tenerife, donde al día siguiente fue presentado a los medios de comunicación, en cuyo acto estaban presentes, entre otras personalidades, el almirante Leopoldo Boado, Presidente del Consejo de Administración de Ferry Gomera S.A., quien informó de algunos pormenores de este buque y de sus itinerarios. El sábado y domingo estuvo realizando pruebas de atraque, carga y descarga, tanto en San Sebastián de La Gomera como en Los Cristianos.    
Con sus 68 metros de eslora, y sus casi doscientos millones de coste, este primer ´Benchijigua` llegó para paliar el aislamiento de un isla, para tender un puente entre Los Cristianos y San Sebastián de La Gomera. En la publicidad que insertaba la empresa Ferry Gomera S.A., en la prensa local, se apuntan algunos de los servicios que iba a prestar. `Se imagina una carretera de Tenerife a La Gomera?. Sería magnifico ¿Verdad?. Poder realizar cómoda y rápidamente esa gestión, negocio o compra. Transportar las mercancías directamente, sin perdidas de tiempo en carga y descarga una y otra vez. ¿Y el paseo festivo o de vacaciones? Poder ir con su automóvil a disfrutar de la belleza de nuevos paisajes. Sentimos no poder construir esa carretera, peor le ofrecemos lo más parecido: el Ferry Gomera`.
Tenía una capacidad para 400 pasajeros, con servicios de restaurante, bares, televisión; con dos entradas, a popa y proa, facilitando el acceso y la salida sin operar en su interior; dotado de estabilizadores que harían más placida la navegación, y que de tanta utilidad le sirvió en su viaje desde Noruega, debido al mal tiempo reinante. Todo ello hacía que el viajero disfrutase de un ameno recorrido de hora y media, a través de las casi 20 millas del trayecto.
El pasaje costaba 280 pesetas, para un adulto, ascendía a 340 peestas si se incluía el transporte en guagua desde Santa Cruz de Tenerife, con servicio de la misma compañía. El precio para los turismos, con una capacidad de alrededor de 60 vehículos, oscilaba entre las 500 pesetas para el inferior a 4 metros y las 700 para los que superaran los cuatro metros y medio. Las salidas desde San Sebastián de La Gomera se realizarían a las 6, 11 y 19 horas; y desde Los Cristianos partía a las 8,30-13 y 20 horas, para quedarse durante la noche en San Sebastián. Horarios sujetos a algunas modificaciones los domingos, y que se fueron adaptando según transcurrieron sus días de servicios, incluidos aquellos iniciales problemas de atraque que surgieron al coincidir un día a la semana con el buque “Delfín del Cantábrico”, de la Naviera del Atlántico. 
El lunes 8 de julio de 1974, a las once de la mañana, salió desde el puerto de Los Cristianos rumbo a San Sebastián de La Gomera. En este su primer viaje inaugural, llevaba a bordo a las máximas autoridades de las Islas, entre las que destacaban el Gobernador Civil de la provincia, Rafael González Echegaray; el Gobernador Militar, Rafael Facerías; el Presidente de la Mancomunidad de Cabildos, Rafael Clavijo García; además de una amplia representación del mundo financiero y social. Llegado a La Gomera, y después de una actuación folklórica, se procedió a la bendición del barco, a cargo del Obispo de la Diócesis Nivariense, Luis Franco Cascón, actuando de madrina María Angélica Domingo, esposa del vicepresidente de la naviera Álvaro Rodríguez-López Braun.
En el almuerzo que se sirvió en el parador de la capital gomera, el almirante Leopoldo Boado, Presidente del Consejo de Administración de Ferry Gomera S.A., pronunció unas palabras de agradecimiento por la asistencia a esta doble ceremonia de bautizo de un buque y de inauguración de una línea marítima que pretende prolongar la autopista del Sur de Tenerife hasta los rincones más recónditos de la isla de La Gomera, proporcionando a ésta las comunicaciones que tanto necesita para su promoción socioeconómica. Y en el que además reiteró el esfuerzo realizado por Fred. Olsen en dotar a La Gomera de un enlace con Tenerife, rápido y con comodidad, acorde con la demanda que venía solicitando el pueblo gomero. 
Puerto de Los Cristianos. 1975
El ´Benchijigua` supuso dejar atrás muchas frustraciones, sobre todo la que ocasionó la no operatividad del espigón del muelle de Los Cristianos. Una simple prolongación del pequeño muelle existente desde la década de los años treinta; 72 metros de espigón que se construyeron en 1971, y en el cual se realizaron diversas pruebas, entre ellas con el ferry “Victoria” de la Compañía Trasmediterránea. Pero con el cual no se pudo iniciar el servicio con transbordadores,  por su no adecuación al atraque de este tipo de embarcaciones, ya que no ofrecía garantías al no contar con algún tipo de abrigo que facilitase la maniobra.
Una vez que la naviera Fred. Olsen conoció la construcción del puerto de Los Cristianos, gestionó la compra de un ferry para iniciar el servicio, no encontrándose, por lo que hubo que fabricar uno nuevo. Este buque construido en los astilleros noruegos de ´Trondhjen`  llegó justo a tiempo, poco después de que se terminase el Puerto de Los Cristianos.
Ni los más optimistas pronosticaban los beneficios y las ventajas que este buque iba a traer para La Gomera. Esta prolongación de la `autopista del Sur de Tenerife`, facilitaría el turismo de ida y vuelta en el mismo día; una mayor promoción de la isla; el intercambio de mercancías, con la posibilidad de traer directamente a los mercados tinerfeños los productos de la huerta. Su aceptación y uso fue inmediato, el domingo siguiente a su puesta en funcionamiento, y en sus tres viajes de ida y vuelta, la cifra de viajeros ascendía a unos ochocientos. 
El ´Benchijigua` siempre llevara el espíritu de Fred. Olsen, desde que se vinculó a comienzos del siglo XX con la isla de La Gomera, en sus inicios con la agricultura, con posterioridad con la hostelería. Asimismo su nombre, ´Benchijigua`, atado a la cultura gomera, anudado desde tiempos inmemoriales a la toponimia de una isla. Nombre conocido dentro y fuera del círculo de una isla apegada a sus tradiciones, a su cultura. Una isla, y sus gentes, que ha sabido valorar este puente de comunicación entre La Gomera y el Sur de Tenerife, dos lugares que tanto han compartido.


viernes, 4 de julio de 2014

El gofio, múltiples variantes de llevarlo a la mesa

  Tostado en recipiente de metal


El gofio nuestro de cada día, sencillo y humilde alimento: grano limpio, tostado y molido. Para obtenerlo se partía de una pobre agricultura de secano, muy dependiente del régimen de lluvias. Para poder sembrar el cereal había que esperar que lloviese, que la tierra tuviese la humedad suficiente; la siembra de uno u otro dependía del ciclo de lluvias; el trigo morisco y la cebada, con menores necesidades de agua, se solían sembrar en la costa; y el trigo blanco en las medianías. Para el millo se precisaba disponer de agua de riego.
Era el producto esencial y a su alrededor lo demás, lo que se conseguía. Su antiguo sabor es casi irrecuperable; su tostado, con fuego de leña y con tostador de barro; su molienda, a mano en molinos de piedra; y su procedencia, de cosechas propias, lo corroboran. Lo más frecuente en el Sur de Tenerife era de trigo y cebada, con posterioridad se introdujo el millo; bien elaborándolo con un sólo cereal o mezclas, añadiéndole alguna leguminosa, como el garbanzo o el chícharo blanco.
El principal modo de consumir el cereal era en forma de gofio. El pan se elaboraba solo en fechas señaladas, en hornos de casas particulares en la mayoría de los casos para consumo familiar. Del tostado y molido a mano, para el gofio; o del horno de barro, para cocer el pan, se pasa a los molinos con mecanismos a motor, a partir de los años veinte del siglo XX, salvo el caso del molino de viento de El Verodal, en Arona, molino de una piedra, propiedad de Rafael García Delgado, que funcionó en las dos primeras décadas del siglo XX. Molinos hoy desaparecidos, a los que la gente mayor sigue añorando, como los de Juan Bethencourt Herrera en Los Cristianos; Miguel García Reverón en El Calvario; José Delgado Delgado en Quemada; Francisco Gómez Cano, en el Valle de San Lorenzo; Dionisio González Moreno, en Buzanada; Rafael Baute Mesa, en Arona; o el de Antonio Reverón Sierra, en Guaza.


A la derecha, molino de viento de El Verodal, Arona
El gofio tiene muchos senderos, solo, con azúcar o con miel, con leche, con tafos, con azúcar y aceite, en polvo con higos de leche, con tomates, etc. se le libera de la soledad, de la monotonía, con el “conduto”: una lasca de queso duro, una jarea asada, unos pejines, unas porretas, una laña asada de carne cochino, y un larga lista de lo que se tuviera a mano, ya puede ser pescado, carne o de fruta pasada. Es el protagonista de la mesa, acompaña a la leche en el desayuno; a los potajes; a la carne de cochino en el escaldón; o amasado con agua para comer con lapas crudas, erizos o higos tintos, que en muchos momentos de penurias fue comida principal.
Dependiendo de sus formas de prepararlo recibe diversas denominaciones, variantes infinitas según los lugares. Se dice gofio gobiado, cuando se come solo, con cuchara, un gajo de cebolla o con la misma mano. En polvo también se consume con higos de leche, con higos pasados, con tomates, etc. O un poco de gofio en polvo y detrás un vaso de vino: una cabrilla.

  Molino de mano

Gofio amasado, cuando se utiliza agua y se amasa en un lebrillo, o en un zurrón, dando la larga lista de pelotas de gofio. Sí se amasa en un zurrón y antes de sacarlo se tuerce un poco en la boca del zurrón podemos obtener formas caprichosas, así se logra una bailarina. Si la preferimos dulce, le agregamos miel; mejor amasar primero con un poco de agua y luego añadirle la miel de abeja, o de palma que no quedará tan dulce, almendras medio molidas y queso duro desmenuzadito; de esta manera se conserva largo tiempo.
Gofio revuelto, cuando en su preparación interviene un caldo, de pescado, del potaje, del rancho, etc.; asimismo se puede revolver en “agüitas”, de hierba luisa, de caña santa, con café, con cebada, y una interminable lista. Se dispone con una consistencia más o menos pastosa, según el gusto de cada cual; si se deja un poco seco, está “jaironito, que el gofio quede más bien sobre lo seco.” Cuando esta elaboración se tornaba más liquida estaríamos ante una ralera, la más conocida la ralera de gofio y vino; a un vaso de vino añadirle una palita de gofio, y azúcar según cada cual.
Si en lugar de prepararlo en un lebrillo, o cualquier otro utensilio, y añadir ese caldo al gofio, lo calentamos en un cazo y añadimos el gofio, revolviéndolo en el fuego estamos ante el gofio escaldado.   
Escaldón
    
Otra de las formas de comerlo es asociarlo a la carne de cochino, a la que hay que desalar antes de su utilización, si no es fresca. Hay múltiples variantes, recetas colectivas que casi sin matices se preparaban tanto en la costa como en las medianías. Una de ellas es el pringo, al freír gofio amasado y partirlo en lascas o pelotitas en un sartén donde previamente se ha dorado carne troceada.
Otro modo de combinar el cochino y el gofio es el escaldón, se puede realizar con la carne del cerdo, con la manteca o con los chicharrones, esos trozos que quedan una vez obtenida la manteca. Se fríe la carne de cochino en trocitos con unos ajitos, se le añadía un poco de agua y cuando este hirviendo se le agrega el gofio poco a poco y se va revolviendo. Variantes pueden ser añadirle una agüita de hortelana, o pimienta picona, o agregarle unos huevos con el gofio. Y a comer con porretas, alguna fruta leche, queso, o lo que se tercie.        
Y otras tantas maneras de llevarse un poco del sabor de la tierra a la boca. Con el hígado de las viejas se preparaba un sobado con gofio. Hasta que se generalizó la utilización de las harinas preparadas para la alimentación infantil, se recurrió al gofio, a partir de unos pocos meses, pero con la precaución de guisarlo para que no resultara indigesto, procedimiento que se denomina migas de gofio. Por tafeña o chafeña se conoce a los granos de cereal tostado al que se le añade azúcar o miel. Cuando el cereal comienza a amarillear, a madurar, y todavía está tierno se  le denomina espiga lora; el asado de estas espigas se le conoce por rapayo.
Las mesas son infinitas, a ella llegan los alimentos procedentes del entorno más cercano, sin grandes ceremonias, sin lujos, sin complicaciones que disfracen la gran austeridad de lo que se va a comer. Y el gofio, el alimento en torno al cual rodaban el resto de las provisiones; se ha consumido como solitario condumio, como primer y segundo plato; y en momentos ha sido lo único que había para llevarse a la boca.
En la mesa, y fuera de ella, ha estado presente en todos los momentos del día, ha encontrado compañía con suma facilidad. Con él los senderos se han vuelto señeros y múltiples, tanto como protagonista, en algunos casos en la compañía solitaria del “conduto”; o como acompañante asociado a una larga lista de productos y elaboraciones; en los primeros platos, caldos, rancho, potaje, etc.; como agregado del segundo, bien sea carne o pescado. En la actualidad participa, además de lo reseñado, en la elaboración de helados, postres caseros e industriales, licores, etc.
        
Documentación: BRITO, Marcos: Saberes y Sabores. El Gofio. Llanoazur ediciones



miércoles, 2 de julio de 2014

José González Torres, JOSÉ CATIRE. José González Bello, PEPE CATIRE

 
Teresa González Rodríguez y  José González Bello, Pepe Catire

En los apodos que se recogen en Nombretes en el Sur de Tenerife se citan diversos ejemplos de Rubio, personas con pelo rubio o trigueño y con tez blanca; y en Venezuela, y en algún que otro país sudamericano, se les designa con el vocablo Catire. Para esclarecer el sobrenombre del vecino de San Miguel de Abona, José González Torres, José Catire, hace acopio de memoria su nieta Teresa González Rodríguez, quien nació en Quemada en 1939. José Catire emigró aún soltero a Venezuela y de allá se trajo su nombrete. Su vida laboral se vinculó a la agricultura, permaneciendo varias décadas en una propiedad de Tomás Bello Gómez, y después con sus herederos, en Bajo la Montaña, Buzanada, en el Municipio de Arona. Con posterioridad traslada su residencia a La Rajeta, en San Miguel de Abona.
Este apodo se prolonga en uno de sus hijos, José González Bello, Pepe Catire, quien se dedicó al comercio, en primer lugar en Quemada, Buzanada, donde regentó una tienda y molino, que con anterioridad había administrado Miguel Díaz Monroy. Y desde comienzo de los años cuarenta del siglo XX dispuso de planta eléctrica, tienda y molino de gofio en la actual Calle de la Iglesia en San Miguel de Abona. A través de varios documentos de la Matrícula General de la Contribución Industrial elaborada por el Ayuntamiento de San Miguel se conocen las fechas de inicio de las diversas actividades comerciales que desplegó José González Bello. Fabrica de Electricidad y Alquiler de contadores, se dan de alta con fecha del 29 de marzo de 1941. A de 1 de enero de 1942 se da cuenta de la apertura de un molino a gas; y el 1 de enero de 1943, en tejidos ordinarios. Manteniendo la tienda hasta comienzo de la década de los años noventa. Pepe Catire disfrutaba de un buen ganado prestigio al disponer en su tienda, entre otras exquisiteces, de excelente surtido de quesos de cabra de este nuestro Sur, los que adquiría a un numeroso grupo de cabreros de diversos lugares.
En el Padrón Municipal de Arona, a 31 de diciembre de 1931, en Buzanada constan inscritos, José González Torres, como fecha de nacimiento se apunta el año de 1876 y de profesión labrador; casado con Rosaura Bello Gómez, quien nace en 1876. En la vivienda familiar se recoge a su hijo Nicolás González Bello; además esta pareja tuvo otros tres: Juana, María y José González Bello. En el Padrón Municipal de Arona, a 31 de diciembre de 1937, se anotan en Buzanada a José González Bello, quien nace en 1910 y con profesión: comercio; casado con Magdalena Rodríguez León, que nace en 1912.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones


Costa desde Los Cristianos hasta La Caleta

 

Costa desde Los Cristianos hasta La Caleta

 

Fotografía aérea obtenida en 1964 y que comprende, a la derecha una parte del pueblo de Los Cristianos, con la Montaña Chayofita de marcado color negro. Se continúa por los Llanos de El Camisón, la actual Playa de las Américas, en el Municipio de Arona, que delimita con el de Adeje a través del Barranco del Rey, claramente reconocible así como la Caldera del Rey con su plantación de plataneras, al igual que las de Fañabé. Por la costa se continúa por la actual Costa de Adeje, las Playas de Fañabé y del Duque, Playa de la Enramada, en la que se ubica la Ermita de San Sebastián y La Caleta.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

viernes, 27 de junio de 2014

El Viera y Clavijo en las costas del Sur. 1962


El Viera y Clavijo en las costas del Sur. 1962

El Viera y Clavijo comenzó sus singladuras en aguas canarias con la Compañía de Vapores Interinsulares Canarios, hasta que en 1930 pasó a la naviera Transmediterránea. Paisaje de mar, con la bella estampa de este correillo negro, paisaje de la tierra del Sur, a la altura de la Caleta de Adeje. Y recoge en un amplio abanico, que se abre desde los altos del Barranco del Infierno hasta los límites de Guía de Isora y Santiago del Teide. Al fondo las majestuosas siluetas del Pico Viejo y de El Teide.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones