martes, 8 de octubre de 2013

El Sol de los Muertos. Guajara

El Sol de los Muertos. Guajara
 
La denominación Sol de los Muertos prolifera en diversas culturas, se designa a los últimos momentos de luz anteriores al ocaso. Y en este Sur, esos bermejos, esos rojizos se acentúan en el otoño, se resaltan en la cumbre, al llegar ese último rayo de luz al Oeste de la Montaña de Guajara, Granadilla de Abona.
Miguel Delibes, tras una visita a las Islas y sin referencia a punto concreto, escribió: En el crepúsculo vespertino –a esa luz sentimental que el isleño define poética y patéticamente con el nombre del `sol de los muertos´-,es imborrable
Varios de nuestros viejos relatan sus vivencias sobre el Sol de los Muertos. Así Salvador González Alayon [Arona 1919-2012], recordó los comentarios de su padre, Antonio González Alayón, cuando le explicó su significado mientras se encontraban en el alto de la Montaña de Guaza: Decía: Salvador ponte en pie paque veas el Sol de los Muertos. Y yo digo: ¿dónde está padre?. Dice: mira por Guajara y verás que al rato; pues el Sol de los Muertos porque lo ves tú brillando allí en la roca y después ya desaparece, es cuando ya se entierra el sol aquí y donde último da, allí le dicen el Sol de los Muertos, si ya medio rojizo.
También lo revive Ricardo Oliva Fumero [Vilaflor, 1928]: Yo he oído nombrar mucho el Sol de los Muertos, y entodavía pa mi sigue siendo el Sol de los Muertos donde último se pone el sol por la tarde, donde último se pone el sol es allí, que es un risco que está allí, que pega allí, en Guajara, pues allí es donde último se pone el sol. 

Fotografía: Desde el Camino de El Pilón, Vilaflor. Septiembre de 2013

lunes, 7 de octubre de 2013

Pescadores en Los Abrigos. Granadilla de Abona c. 1965

 
Pescadores en Los Abrigos. Granadilla de Abona c. 1965


Pescadores en faenas de tierra, acondicionando redes, remendando trasmallos para la salida al mar al día siguiente. Estampa en un barrio que, como otros tantos de la costa del Sur, se fue poblando con habitantes que iban adquiriendo el conocimiento necesario en las artes de la pesca, primero de costa y con posterioridad en pequeñas embarcaciones. Esta especialización motivó que se fueran asentando en sus costas, que fueran creciendo el número de pobladores que se atrevían, con su esfuerzo, a extraer sus recursos. La mar, el pescador, como bagaje de nuestro patrimonio cultural.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones.

Higos gomeros, de las higueras de la Hoya de Los Calvaritos. Vilaflor

 

Higos gomeros, de las higueras de la Hoya de Los Calvaritos. Vilaflor

La higuera gomera es la más abundante en el Sur de Tenerife. Se adapta con facilidad a la altitud y a los microclimas de este Sur. Aporta muy buena producción y excelente para su secado, para su pasado. Con frutos de color oscuro tendiendo al marrón oscuro y con pulpa exquisita, de rosado a morado en su madurez.
La importancia de este cultivo en este Sur la han descrito nuestros viejos, desde su consumo en fresco, su conservación secándolos al sol, e incluso horneándolos, y hasta el aprovechamiento de la higuera como forraje. Y además ese valor consta en documentación, como en las declaraciones de los propietarios de fincas rústicas en Vilaflor, en las que se registraba el destino de sus terrenos. Así en 1882 era frecuente encontrar en el apartado de “Clases de cultivo”, apuntes como: “Cereales, pastos y cuatro higueras”. “Pastos y ocho higueras de leche”.

domingo, 6 de octubre de 2013

Nicolás Melo con su camella, en Los Cristianos

Nicolás Melo Cabeza
 

En La Planada  (Los Cristianos), a comienzos de la década de 1930, se aprecia la camella de Nicolás Melo Cabeza, quien en el censo de población de 1920 aparece domiciliado en el Valle de San Lorenzo, con residencia en Beña, con 56 años y cuya profesión era la de arriero; casado con Encarnación Paz Valentín, de 51 años; y con dos hijos: Alejandro, ausente en Cuba, y Elena Melo Paz.
La camella esta provista de la silla de carga, para transporte de mercancías; al cuello porta la esquila; también va equipado de sálamo y  cabestro, al cual va atada la soga que lleva Nicolás Melo; y quien en su mano izquierda sujeta el palo del camellero, de alrededor de un metro de longitud, con la trenza atada a un extremo.

BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones

viernes, 4 de octubre de 2013

Huerta Grande. Vilaflor c. 1940

Huerta Grande. Vilaflor c. 1940


La propiedad conocida como Huerta Grande se halla ubicada al Norte de la Parroquia de San Pedro Apóstol, en Vilaflor. Esta imagen, de tal vez los primeros años de la década de 1940, muestra al medianero Pánfilo Fumero y a su hijo Manuel Fumero, posiblemente preparando el terreno para la siembra de cereal, cebada o trigo. Acompañados por veraneantes y algunos propietarios de esta finca, como Julia Bello y Concepción Bello. Al fondo se observan varias casas de La Roquesa.
En el Padrón Municipal de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1931, Pánfilo Fumero Fumero se encuentra inscrito en la Huerta Grande, de 57 años de edad y de profesión aparcero; casado con Silveria Díaz Fumero, de 55 años y de profesión su casa.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones.

LOS CRISTIANOS. Rutas de imágenes captadas por fotógrafos suecos



  Bengt Rylander. Playa de Los Cristianos c. 1958

 
Ake Wännman y Birgit Alander. Los Cristianos, 1964
La fotografía, como todo arte, posee múltiples cauces. Las realizadas por miembros de la Comunidad Sueca, establecida en Los Cristianos desde finales de la década de los años cincuenta del siglo veinte, adoptan el código de la comunicación, del testimonio, de la activación de la memoria cotidiana. No sólo cual recordatorio, sino además con imágenes con una estética relevante, una manera de ver y de mirar, una forma más de conocer como habitaron en el lugar y de cómo lo contemplaron.

Esta mirada enriquecedora, a la que le debemos el poder realizar esta exposición, corresponde a Bengt Rylander, Birgit Alander, Ake Wännman, Ing-Britt Niklasson, Olof Ryding, y Karin Masson. Imágenes que han sido conservadas en dos colecciones, la de Birgit Alander y Ake Wännman; y la de Ing-Britt Niklasson y Olof Ryding; además de las correspondientes a la Clínica Vintersol. Humlegarden s.l.; a quienes hay que agradecer profundamente su custodia y cesión para esta muestra.

 

  Olof Ryding y Ing-Britt Niklasson. Los Cristianos, mediados década de 1960

Son fotografías con una gran calidad, estética y humana, a través de la que nos trasladamos a esa primera época de su llegada y asentamiento. Conforman un libro abierto por las páginas de nuestra historia, la de Los Cristianos, desde 1957 a 1965. Son capaces de transmitirnos el olor a la cal de los muros; el oleaje bajo la quilla de los barcos; el bullicio de la chiquillería retozando por la arena de la playa; el aroma de las galletas de jengibre; 


Nos trasmiten una nueva mirada de lo acontecido, la visión del foráneo que nos enriquece con su perspectiva alejada de nuestro entorno; distante en contraposición con los lugareños habituados a su medio, ellos nos redescubrieron nuestro paisaje, nuestros usos y costumbres. Al captar cada rincón, o cada momento del transcurrir diario de este barrio de pescadores, no solo se han fotografiado como el viajero que se ha encontrado con un lugar insólito e inesperado, sino que además hacen suyo el paisaje y el paisanaje que comenzaban a compartir.

Se han detenido en los detalles, en los matices, en la arquitectura, en el paisaje, en lo curioso de la cotidianidad. Para los que hemos vivido esa época, nuestra infancia transcurrió en paralelo a estas imágenes, nos han ido marcando pautas para rehilar los recuerdos; con toda la fuerza que un niño atrapa el asombro, cuando contemplábamos el camaleón en la ventana de Casa Inga; pero para Bengt Rylander, al que creemos su autor, debió maravillarle nuestra fascinación y curiosidad.

  Karin Masson. Muelle de Los Cristianos, 1963

Estos fotógrafos, que son ahora nuestra mirada, rememoran lo que fue este barrio costero en la década de los años sesenta, nos han legado un enorme y grato testimonio que se guardará como un tesoro en el cofre más claro de la memoria. Cúmulo de imágenes, fragmentos de vida, como activación de la memoria, breve pero intensa secuencia cronológica que nos aporta una lectura de una parte importante de nuestra historia.

Marcos Brito

Marzo de 2004

Publicado en:

Sol de invierno. Homenaje de Arona al Turismo Sueco

Autores: José Alberto Galván Tudela. Nicolás González Lemus. Kenneth Moore. Ramón Hernández Armas.

Llanoazur ediciones, 2004

El cornical. Alimento y medicina para animales

 

El cornical. Alimento y medicina para animales
Prodigio, sublime belleza la del fruto del cornical, con sus semillas marrones y ese penacho blanco, que facilita su dispersión.
El cornical es una buen alimento para las cabras, tal como relató el cabrero Pedro López Ramírez [Gran Canaria, 1924 - Adeje, 2008]: El cornical es una planta muy buena pa comer las cabras, pa comer ellas y sobre todo es muy medicinable, porque comérsela se la comen muy bien. Pero si a ella le cae leche tabaiba, que es picona, le cae en el ojo, le quea el ojo llorándole, y entonces le coge el mismo cornical, se despunta, le echa aquello en el ojo, la leche aquella dentro del ojo y al momento ve uste la leche del cornical, la regunta y sale solita pa fuera, se quea la cabra con el ojo brillante.
Asimismo sobre las bondades de esta planta versa el comentario de Juan Marrero Borges [Arico, 1933]: Antes, las cabras es igual que una persona, si le da de barriga, agarraban, le echaban un brasado de cornicales y se le cortaba a viaje. Y eso es igual que nosotros mismos, cuando le daba cagalera, se lo echaba y eso lo cortaba que da gusto. Y para una persona lo mismo, hace usté una tacita de agua deso, que ello parece vino, eso no es amargo ni nada, lo que no lleva es azúcar, se toma dos buchitos de agua deso.
Fotografía tomada en el Barranco del Drago. San Miguel de Abona, septiembre de 2013