martes, 3 de noviembre de 2015

El Médano. c. 1969

 
El Médano. c. 1969

El Médano se nos muestra a vista de gaviota, con algunos elementos que la caracterizan. Su recién construido hotel El Médano, inaugurado en octubre de 1963, introduciéndose en la mar; su Iglesia, oficiando desde 1899; esa línea recta que conducía al muelle, la carretera que enlaza con Granadilla de Abona; o la plaza a la que le estaban ultimando sus postreras obras.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

viernes, 30 de octubre de 2015

Colores del Sur 18. Castañas en Vilaflor de Chasna


Colores del Sur 18. Castañas en Vilaflor de Chasna

En este Sur las estaciones vienen marcadas por la fruta. Llega el otoño, se puebla el paisajes de ocres, verdes tiernos y castaños, va terminando la labor de la fruta pasada y se presta a recoger la almendra y la castaña.
Los castañeros no proliferan en este Sur en grupos numerosos, pero si se puede apreciar su esbelto porte, y como marcan los cambios de estación, en pequeños grupos o aislados. Su presencia ha quedado reflejada en la toponimia, como Los Castañeros, en Granadilla de Abona; o la Calle los Castaños, en Vilaflor de Chasna, de la que Emeterio Gutiérrez Albelo relató: sus pictóricos castaños –hay un paseo largo de estos, en donde ha tomado su nombre.
El castañero adquiere en verano el apogeo del verde, que va perdiendo intensidad con la cercanía del otoño, cuando se puebla de pálidos verdes, ocres, amarillos o pardos. Y entre esta policromía inmensa se abre el canelo oscuro de la cáscara de la castaña, austera belleza, la de los inagotables sabores.

Fotografía: San Roque. Vilaflor de Chasna, 2009

martes, 27 de octubre de 2015

Cuevas en la Montaña Chayofita. Los Cristianos

 
Cuevas en la Montaña Chayofita. Los Cristianos

En octubre de 1935 se publicó un artículo de Luis Álvarez Cruz donde relata la razón principal de la construcción e estas cuevas en la Montaña de Chayofita, en Los Cristianos, su menor coste. El risco se socava en unas semanas; en ocasiones hasta en pocos días. Y así mientras la edificación de mampostería eleva su nivel de gastos a la cifra de tres o cuatro mil pesetas, por lo menos, para conseguir un tipo de vivienda elemental, la cueva apenas si cuesta un montoncito de dinero, unas cincuenta pesetas. Con esto queda resuelta satisfactoriamente la cuestión que atormenta al hombre de la ciudad: la casa. Los hombres de este lejano rincón del Sur han planteado y resuelto su problema. En las entrañas vírgenes de la roca han labrado su casa, han enjalbegado de blanco en interior, le han colocado una puerta al hueco, y sin más preámbulos, se han acomodado en ella. Gente con pocos recursos, humildes, pero además luchadores para sacar adelante una vida que se les ponía ladera arriba, y citando una vez más al gran periodista, con una sonrisa en los labios y con la íntima satisfacción de haberle hecho trampas limpias al juego sucio de la vida.

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Y Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

lunes, 26 de octubre de 2015

José Sierra, PORÍS, y María García, PORÍS. Nombretes en Arona

 
María García Linares y sus hijas, Isabel, Otilia y Carmen Sierra García

José Sierra Delgado y María García Linares son conocidos por estos apodos por los años que residieron en el Porís de Las Galletas, Arona. José Porís trabajó en una consignataria de los barcos de cabotaje que realizaban el trasiego de mercancías y pasajeros por las pequeñas calas del Sur de Tenerife. Asimismo realizaron labores en la agricultura, en la zona del Valle de San Lorenzo y en el Municipio de Arico.
En el Padrón Municipal de Arona, a 31 de diciembre de 1937, constan inscritos en el Valle de San Lorenzo: José Sierra Delgado, que nace en 1879 y de profesión jornalero; casado con María García Linares [en el Censo de Población de 1920 se registra: María García García], quien nace en 1883 y de profesión jornalera; y sus hijos: Otilia, 1918; Juana, 1920; y Eulogio Sierra García, 1922. En el Censo Electoral de Arico, para el año de 1945, José Sierra Delgado se registra en Arico Nuevo, con 67 años de edad y de profesión jornalero.

José Sierra Delgado

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

María Álvarez Évora, en el trasiego entre mar y cumbre

María Álvarez Évora. Armeñime, 2007
 
María Álvarez Évora, María la de Aurelia, adquiere este nombrete al agregarle a su nombre el de su madre, Aurelia Álvarez Evora. María la de Aurelia nació en Chío, Guía de Isora, en 1924, y a la edad de nueve meses se traslada a Adeje. Su madre trabajaba en la charca de Armeñime y residen en La Atalaya, con posterioridad se traslada a El Puertito de Adeje, donde su madre se dedicó a tareas en el cultivo de la platanera. Mientras su madre se dedicaba a trabajos en la agricultura, María se tenía que hacer cargo de sus hermanos. Yo nunca fui a la escuela, es de que cogí, que tendría siete, ocho añitos, mi madre se iba a trabajar y me dejaba con todos los demás.
María comenzó a vender pescado cuando, a la edad de 17 años, se casa con el pescador Juan Hernández Melo, Juan Carmen. Residieron en El Puertito, con sus seis hijos, y cuando la más pequeña tenía unos dos años, la tuvo con 42 años, se trasladan a vivir a Armeñime.
Juan Hernández Melo y María Álvarez Évora. Armeñime, 2007

María Álvarez Évora, María la de Aurelia, ha sido una de estas esforzadas mujeres que dedicaron buena parte de su vida a la venta de pescado, trasladándose a pie a las medianías del Municipio de Adeje, alcanzando los pagos de Taucho o Icerce. Por cas seña Sofía parriba, por Las Moraditas, en Las Moraditas era donde vivía Petronilo en pas descanse que ya murió. Y de Las Moraditas al Barranco de Taucho, por donde descansaban los muertos, y allí descansaba yo porque allí es donde podía agacharme a descargarme, había un altito pa poner la cesta pa después allí volverme a cargar y seguir parriba pa Taucho, por la Somadita donde vive Cha Sixta. A Ifonche subía por el Camino de Carrasco, que había una fuente, allí escansábamos y allí bebíamos agua y allí volvíamos otra vez a cargarnos pa subir parriba pa Benítez que es la primer casa que se encontraba, en Benítez, Francisco Moña.
Se desplazaba a todos los caseríos del Municipio de Adeje, alternando los lugares y trasladándose a los puntos más lejanos si antes no lograba vender o cambiar el pescado por productos de la tierra. A pie por esos caminos de piedra, con veinte o treinta kilos a la cabeza, tanto a la ida como a la vuelta.
Trasportaba pescado y en algunas ocasiones sal, recogida en las cercanías de El Puertito, en los charquitos, que se cuajaba la sal, cogíamos sal y la poníamos a secar y después vendíamos y cambiábamos por comida. Cuando llenaba la mar se llenaba aquellos charquitos arriba, y después claro ya la mar vaciaba y ya eso quedaba cuajadita de sal. La subíamos pa Taucho, pa donde fuera a vender, en una cesta o en un saco pa vender, pa quesos, que nos compraban en Taucho.
A comienzo de la década de 1940, cuando María Álvarez Évora se inicia en estos menesteres, en El Puertito de Adeje, no usaba pesas. Antes no se vendía por kilos, cristiano, por las sartas naa más. Enhebrábamos el pescado con badanas, lo que me parecía, un kilo o kilo y medio, siete, ocho pejes, granditos así, siete, si eran un poquito más chicos le poníamos ocho, sigún. 
Yo no quería dinero, nosotros no díamos por esos sitios pa dinero, una que no lo había y otra que no queríamos dinero sino comida, cambiar pescado por comida, por dos medios de papas, lentejas, garbanzos y de too. Hasta gofio llegué yo a traer de ese Taucho y Tijoco Arriba, como no teníamos y antes se cogía de todo pues cuando teníamos cambiaba por dinero que fue cuando junté las perritas pa comprar este solar. Se refiere a Armeñime, Adeje.
Y fue en esos momentos, cuando la familia cambia su residencia a finales de la década de 1960, cuando se dedican a tareas en la agricultura. Ya dejó de pescar y yo pegué aquí a echar tomates, y mis hijas trabajando, ya cambió la cosa. Y en Armeñime residió hasta su fallecimiento en 2010.
Labores que realizo María en unos momentos de extrema dureza, una vida cotidiana marcada por restricciones de lo más elemental, como los alimentos, de los que apenas se disponía para lograr una mínima subsistencia. Esforzadas mujeres que unieron a pueblos y a sus gentes, que recorrieron caminos con la esperanza del día a día, en la búsqueda de la ilusión por mejorar lo poco que se poseía.
Las descripciones que nos dejó María la de Aurelia están plagadas de paisajes, de sacrificios, de esfuerzos recordados con cariño y cierta nostalgia. Llevó los sabores de la mar tierra adentro, y el camino se le volvía más dificultoso cuando lo tenía que recorrer estando embarazada. Y cuidar de la descendencia, incluso en plena faena: es que tenía tomates áhi en Los Curbelos. Áhi tenía un pedazo tomate, uno escarranchado al cuadril, otra agarradita a las manos y la otra de mano, parriba pa los tomates. Usté cree que yo pasé pocas penas, cristiano de dios.

sábado, 24 de octubre de 2015

Colores del Sur 17. Almendras en Aripe

 
 
Colores del Sur 17. Almendras en Aripe

Los almendreros se adaptan muy bien al clima, y al terreno, que predomina en este Sur. Su fruto, al igual que el higo pico y el higo de leche, estos dos últimos en forma de porretas e higos secos, fue una importante fuente en la alimentación, en la subsistencia, de nuestros antepasados. Fue recurso para gente humilde a través del rebusque, de ese fruto que queda perdido bajo el almendro una vez recogida la cosecha. O elemento indispensable en la excelente repostería de este Sur: truchas de almendras, tortas de almendras o tortas chasneras, piñas, huesos, rosquetes rellenos o matrimonios.
El almendrero y su fruto aportan una gran riqueza cromática al paisaje de este amado Sur. Pardos infinitos en sus retorcidos y estriados troncos, pardos que en muchas ocasiones se asemejan con los tonos de la piedra que lo rodea. Y brota el colorido floral, blancos y rosas antes del verde de sus hojas, y de su fruto. Y aparecen los marrones y los ocres de su reseca piel y de la dura cáscara que contiene los matices de canelos de la almendra, con ese delicado sabor, incluso en la amarga, que aporta deleites a nuestro paladar.

Fotografía: Feria de la almendra en Aripe. Guía de Isora, octubre de 2009.

viernes, 16 de octubre de 2015

Primer programa de los festejos en Los Cristianos. 18 y 19 de octubre de 1924

 
Primer programa de los festejos en Los Cristianos. 18 y 19 de octubre de 1924

El 18 y 19 de octubre de 1924 se celebraron los primeros festejos en honor de Ntra. Sra. la Virgen del Carmen, en Los Cristianos.
La Ermita en honor a la Virgen del Carmen, en Los Cristianos, se bendice el 19 de octubre de 1924, Parroquia a partir del 1 de enero de 1964, y se realizan los primeros festejos. Iniciándose el día anterior, 18 de octubre, con la procesión de las dos de la tarde de este sábado en la que se trajo la primera Imagen de la Virgen Marinera desde la Parroquia de San Antonio Abad, en Arona.
“Rezumaba calma, sosiego, sencillez. Plantada como estaba en tierra reseca, a lo sumo impregnada de sacrificio. En su edificación trabajaron grandes y chicos, pudientes y menos pudientes. Unos con aportaciones, como Elena Tavío que regaló el piso; o Carmen Herrera que donó la primera imagen del Carmen. Los más acercando materiales, como las cabezas de tosca de la Tosquera, de María Amalia Frías Domínguez, quien cedió los terrenos que ocupan la Ermita y la plaza. Un destacado maestro de obras que trabajó activamente en su construcción fue Manuel Melo Cabeza; José Almeida se encargó de la carpintería y del techo. Cabezas de cantos, barro y lajas; de este modo progresaron sus muros, recubiertos con cal y arena. Y la cal, por supuesto, de una de las mejores caleras de las islas: El Camisón.
La Ermita era de una sola nave, pequeña, cual invitación al recogimiento. Si en su exterior denotaba la obligada austeridad que imponía la economía, incluso sin el acompañamiento alegre de un campanario; en su interior esa sobriedad se acrecentaba: piso de mosaico y techo de uralita. Y según el inventario realizado a comienzos de la década de los años treinta por el párroco de San Antonio Abad, en Arona, José Siverio Díaz, contenía tres imágenes pequeñas: la Virgen del Carmen, la Milagrosa y San José; y poco más: un armónium, un cáliz, dos casullas, una blanca y otra negra, un alba, seis candelabros, un misal deteriorado y tres bancos de tea. Y es en estos años primeros años de esta década de los treinta cuando se construye el campanario y la sacristía, en esta última trabajó de albañil Manuel Melo Cabeza y de carpintero José Martín Melo. Y en su trasera se elevaban las laderas y el perfil majestuoso de la Montaña Chayofita, donde escarbaron sus viviendas una buena parte de nuestras familias, de nuestros vecinos.”

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares.]. Llanoazur ediciones