viernes, 15 de noviembre de 2013

Partido homenaje a Jesús Domínguez. 15 de noviembre de 1959

Jesús Domínguez Martín. Década de 1950
 
Jesús Domínguez Martín, El Grillo, se inició en la natación en su pueblo natal, Los Cristianos. Fue a partir de su ingreso en el servicio militar, en 1946, cuando tuvo el primer contacto con las piscinas, participando al año siguiente en unos Campeonatos Nacionales, celebrados en Las Palmas. En 1948 mejora todos los tiempos canarios de las distancias entre los 200 y los 1.500 metros, en estilo libre. Ese año participó en las olimpiadas de Londres. Al año siguiente obtiene, en Palma de Mallorca, sus primeros títulos en los campeonatos nacionales, lo fueron en 400 y 1.500 metros libres; además de un segundo puesto en 100 metros y el primero en los relevos 4x200 metros. Fue un nadador completo, desde 1950 añade la braza a la lista de sus galardones y a partir de 1954 también compite en mariposa. De entre su amplio historial deportivo, hasta su retirada de la competición en 1958, y según un resumen que facilitó Jesús Domínguez, destacar que fue 29 veces campeón de España individual y 48 en pruebas por equipos. Se le recuerda sobre todo por ser el nadador español con mayor número de título y marcas nacionales. 
Este gran nadador, fallecido en 2003, posee, entre sus muchas distinciones, la Medalla de Oro, concedida en 1958, al mérito deportivo de la delegación nacional de Educación Física y Deportes. La Corporación Municipal de Arona le distingue al denominar una calle de Los Cristianos con su nombre: Calle Jesús Domínguez “Grillo”; designación que asimismo lleva el Complejo Polideportivo Jesús Domínguez El Grillo de Los Cristianos. En noviembre de 2000 recibe el galardón instaurado por el Patronato Municipal de Deportes de Arona: Premio Internacional del Deporte Arona 2000. 

Equipo negro
El 15 de noviembre de 1959 se le tributa en Los Cristianos un partido de fútbol en homenaje y beneficio al gran campeón Jesús Domínguez. El Ayuntamiento de Arona ya había organizado dos años antes otro homenaje para colaborar en la adquisición un vehículo de servicio público para Jesús Domínguez Martín, teniendo en cuenta la situación económica del mismo y tratándose de un vecino de esta localidad que ha dedicado su juventud al realce del Deporte Nacional, acuerda por unanimidad contribuir con dos mil pesetas para engrosar los fondos para la adquisición del vehículo de referencia, autorizándose a la Alcaldía para que organice una comisión que le de el mayor realce al homenaje que se proyecta rendirle.
El partido de fútbol, de noviembre de 1959, se disputó entre dos equipos del pueblo, denominados por el color de su vestimenta, el azul y el negro; ganando el equipo negro por 5 goles a 2.

Equipo azul
La alineación del equipo negro, y tal como recoge la fotografía, fue, de pie y de izquierda a derecha: Toño; Nicomedes Martín Melo; Lolina Martín Melo, madrina del equipo; Marcos Brito Melo; Graciliano Valentín y Antonio Ledesma Hernández. Agachados: Pedro Peñalver; Leónides Melo Tavío; José Manuel Encinoso Mena; Eladio Alayón, portero; Ignacio García y Estebán Alayón.
El equipo azul lo componían, de pie y de izquierda a derecha: Lucio Domínguez, José Antonio Alayón. José Fumero, Garrote. Nina Sierra Bello, madrina del equipo. José Amador. Ismael Valentín. Félix Sierra. Y Manuel Navarro. Agachados: José García Martín, El Obispo. Isael. Juan Infante. Agustín Ledesma. Julio Domínguez.

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones

sábado, 9 de noviembre de 2013

11 de noviembre de 1911


 
La curiosidad por esta fecha hace que intente retornar a lo acaecido en el Sur de Tenerife un siglo atrás. Un Sur abandonado, falta de trabajo, sin apenas vías de comunicación, salvo caminos mal empedrados, y una larga lista de necesidades de todo tipo. Se aguantaba con una precaria agricultura de subsistencia muy dependiente del régimen de lluvias.
La carretera general del Sur, la carretera vieja, la que aún serpentea su gris marengo por cada loma ocre, inició su andadura en Santa Cruz de Tenerife en 1864, pero no llegó a Granadilla de Abona hasta 1933, y tuvo que pasar casi una década más para que se pudiera circular por ella hasta el Municipio de Arona. En las primeras décadas del siglo XX se comenzaron a estudiar, analizar, realizar planes, variar proyectos, comunicar los inicios de las carreteras de las capitales de municipios a sus puertos. Así surgió la de Arico al Porís de Abona; de Granadilla de Abona a El Médano; de San Miguel de Abona a Los Abrigos, este último barrio enclavado en Granadilla de Abona; de Arona a Los Cristianos; de Adeje a La Caleta o de Guía de Isora a Playa de San Juan. Lo que posibilitaba, a falta de otras vías de comunicación terrestres, que los productos agrícolas llegaran lo más rápidamente al punto de salida hacía el exterior, a través de los barcos de cabotaje, al Puerto de Santa Cruz de Tenerife.
Las principales vías de comunicación con el Sur de Tenerife se surcaban por la mar. Y para ello se valían de barcos como los vapores Tenerife, Esperanza, Viera y Clavijo, León y Castillo, Carmen, Velox, Chasna, Dalia o Taoro; o los pailebotes: San Diego de Arico, Rosario o Frasquita.

Al consultar este día, sábado 11 de noviembre de 1911, y sus alrededores, en diversos periódicos de la época nos encontramos con escasas informaciones, en algunas de ellas se publicitan los barcos de cabotaje que realizan la ruta a este Sur. El 11 de noviembre de 1911 entra al puerto de Santa Cruz de Tenerife el vapor Carmen, de San Sebastián de La Gomera: Dejó pasajeros. Descargó y cargó frutos y otras mercancías; toma carbón y agua y sale para el puerto de su procedencia y escalas, despachado por los Sres. Hamilton y Cª. Las escalas a que se refieren son los pueblos costeros del Sur de Tenerife. El Carmen había realizado otra escala el 1 de noviembre, procedente del Sur, con 66 pasajeros los cuales en su mayoría marchan con destino a Cuba.
Ese mismo día atraca el San Sebastián, desde el Puerto de la Cruz y saldrá para San Sebastián y escalas. O el anuncio del vapor Velox, que se reproduce, y que partía desde Santa Cruz de Tenerife los domingos por la mañana, regresando los miércoles. Asimismo se ilustra este comentario con un anuncio de venta de fincas en El Río de Arico.

Otro de los anuncios que se publican ese día fue el de una tienda de comestibles en Santa Cruz de Tenerife que utiliza como reclamo de la erupción del Chinyero, acaecida entre el 18 y el 27 de noviembre de 1909: El Volcán Chinyero. Puerta Canseco, 63. almacén de víveres al por mayor y menor.

Se informa de la solicitud al Gobierno Civil por parte de José Peña Hernández para derivar agua que discurren por el barranco de Chija en el término municipal de San Miguel en esta isla. Un incendio, ocurrido el 2 de noviembre, en la vivienda de María Agustina Rodríguez, en Charco del Pino, una pobre anciana y viuda que quedó en la miseria. Y poco más se podría añadir de este mes de noviembre. Como siempre, por estos meses proliferan las demandas y las quejas, sobre caminos, falta de agua, problemas con correos, escasez de escuelas, y cuando las había, falta de pagos a maestros o su ausencia. Y múltiples denuncias de la Guardia Civil por cazar o por pastar los animales sin autorización.
A esta escasa información que se disponía sobre este Sur se podría añadir algunos retazos que ilustren la dureza de la vida cotidiana, como la condena que se impone a un vecino de Adeje, en junio de 1911, en juicio de falta por sustracción de hierba, ha sido condenado D. Tomás Socas Esquivel, a la pena de un día de arresto menor.
O algunos precios que se han encontrado en diversas fuentes documentales, al inicio del siglo XX cuando los salarios más frecuentes de los jornaleros rondaban la una o las dos pesetas, casi el mismo precio que unas lonas, que se tasaban a 1 peseta. Se ha encontrado que a una recolectora de cochinilla se le pagaba una peseta al día, a una planchadora, 0,75 pesetas; o plantando o recogiendo papas, a 2 ptas. Y se ofertaba la plaza de médico de Adeje con un sueldo de 1.500 pesetas anuales.
El kilo de queso o de chocolate a 2 ptas., una camisilla, a 1,20 ptas., 1 fanega de trigo, algo más de 43 kilos, a 15 ptas.; el azúcar a más de peseta el kilo. Un garrafón de vino, de 20 litros, a 5,50 ptas., el vinagre a 2,50 ptas.; en un anuncio de prensa el vino del país en Santa Cruz de Tenerife se vendía a 50 céntimos el litro. O una yunta de vacas que se valoraba en algo más de 400 pesetas.

Espolvoreo a mano contra la langosta. 10 de noviembre de 1958

 

Espolvoreo a mano contra la langosta. 10 de noviembre de 1958

La llegada de langostas al archipiélago, desde el continente africano, está documentada a partir de la colonización de las islas. En el Sur de la Isla, y para el siglo XX, se podrán destacar las que ocurrieron en 1901, 1932, 1954 y la de 1958.
Esta última gran invasión producida entre mediados de octubre y mediados de noviembre de 1958, se combatió principalmente con espolvoreo a mano de veneno, con hogueras, produciendo ruidos con todo tipo de latas, amontonarlas y quemarlas con gasolina o a pescarlas con pandorgas y enterrarlas en las playas.
Esta fotografía fue tomada en el Roque de Jama, situado en los Municipios de Arona y San mIguel de Abona. Con fecha, en el reverso, del 10 de noviembre y firmada por uno de los participantes, Pedro Delgado, en el esparcimiento a mano del veneno utilizado para su exterminio.
Sobre todo su impacto se sintió en el Sur de la isla, desde Santiago del Teide al Valle de Güímar, afectando asimismo a parte del norte de la isla y a la cordillera de Anaga. Se combatió a esta plaga desde su llegada el día 15 de octubre hasta mediados de noviembre. Los daños de mayor cuantía se produjeron en los cultivos de papas, algodón y tomates.

BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

jueves, 7 de noviembre de 2013

El Aluvión de noviembre de 1826




 
El aluvión del 7 y 8 de noviembre de 1826 ha sido el episodio más dramático, en tan corto espacio de tiempo, producido en las Islas. En cuanto al número de fallecidos las cifras no se podrán comparar con los miles de difuntos por la fiebre amarilla acaecida a comienzos de siglo XIX; o las del cólera de 1893. Incluso en el Sur se produjeron más desgracias personales en el aluvión de diciembre de 1879 que causó 11 muertes en el Municipio de Guía de Isora.
El aluvión de 1826, que también causó la desaparición de la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria y que ocasionó grandes destrozos en los montes; en los cultivos, de los que arrasó huertas y zonas enteras; barrancos desbordados y desviados sus cauces; o infinidad de casas destruidas, fue especialmente trágico en la zona Norte de Tenerife. De las más de trescientas muertes contabilizadas, cabría reseñar las más de cien que se produjeron en La Orotava, pasaron de la cincuenta en La Guancha o las más de treinta en el Puerto de la Cruz. Una de las causas de que las aguas produjeran graves destrozos en los montes, barrancos y terrenos de cultivos, fue la gran deforestación que se había producido en la Isla, lo que causó grandes arrastres de tierra y árboles, que terminaron por desbordarse de los barrancos y arrasar cultivos y viviendas.
De la parte Norte de la Isla se puede encontrar una información más exhaustiva, debido a esa mayor incidencia. Lo que acaeció en las Bandas del Sur sólo lo hemos podido ver reflejado en los informes que se remiten a las autoridades militares por los responsables políticos de cada uno de los pueblos.
Así en Guía de Tenerife, denominación que se mantuvo hasta 1916 cuando se designa como Guía de Isora, cuenta de la inundación de la Iglesia, del derribo de las canales para el agua del pueblo, de los grandes destrozos en los terrenos de cultivo, de la destrucción de edificios y de un puente, caminos arruinados, pinos arrancados y las maderas que estaban para embarcar llevadas por las aguas. En suma que se calculaban su desperfectos en 35.000 pesos, sin contar el monte. Al pie de estas notas se recogen los nombres de los que componían la Corporación Municipal: Jorge de Vargas, Nicolás Pérez, Felipe Delgado, Agustín Rodríguez y Francisco Delgado Trujillo.
La nota de Arico la encabeza Diego de Torres Trinidad. Se resalta la perdida de 200 fanegadas de tierra; el hundimiento de 3 barcos en el puerto de esta costa, uno de Lanzarote en el que se ahogó un niño de 5 años, otro de Fasnia en el que se perdió un hombre y otro de Guía, aunque en la redacción se anota “de aquí”. Y una larga lista de perdidas, comenzando por la muerte de un hombre de La Guancha, ahogado en un barranco del monte; 12 casas arruinadas; 600 cabras; 400 higueras; 3.000 árboles frutales; o los 6.000 pinos en los montes de la jurisdicción.
En Adeje se enumeran las perdidas de paja, víveres, árboles frutales, pinos, terreno, además de dos barcos de pesca, que suman unas perdidas de 10.000 pesos. Lo firma su alcalde José Jorge Acevedo. Asimismo de Arona da las noticias su alcalde Domingo Estrada, calculándose el valor por la perdida de ganado, tejados, árboles, etc., en 8.000 pesos.

Con respecto a San Miguel de Abona, lo aporta su alcalde Miguel Alfonso Martínez, se resaltan las perdidas de 300 higueras arrancadas, dos casas arruinadas completamente, dos barcas de pesca y 10 reses. Asimismo de Granadilla, a través de su alcalde Antonio González del Castillo, se reseñan 12 casas arruinadas y muchas con desperfectos; 1.000 mantas de paja; muchos árboles tumbados y gran daño en el monte; 2 barcos pequeños; y la  aparición del  cadáver de una mujer que fue enterrada en la misma playa en que apareció. 

De Vilaflor se resalta, por parte de su alcalde Leonardo Cordero, la perdida de más de mil árboles frutales y doscientos pinos, arrancados de su raíz; una casa arruinada; desaparición de numeroso canales del agua de riego y del abasto publicó; inundando casi todas las casas y destrozando sus tejados, por lo que se produjo una gran perdida de grano y frutas pasadas; se perdió la cosecha de papas; se extraviaron y perecieron unas doscientas entre cabras y ovejas.


Desde la Villa de Santiago, Santiago del Teide a partir de 1916, se informa de lo acaecido en Masca, donde destrozó una veintena de viviendas; además de dos en la Villa de Santiago. Los ganados desaparecidos pasaban de ochenta y una bestia mular que se llevó el Barranco. Los árboles arrancados de raíces superaron el millar, además de otro número similar en frutales; además de los estragos en los cultivos de viña, papas, tuneras o cereales. Según continúa reseñando su alcalde Juan Correa, los daños se calculan en más de 5.000 pesos.


De: “Año de 1826. Partes dados por los Gobernadores militares y Comandantes de Armas, de los estragos que hizo en esta Provincia el temporal padecido en los días 7 y 8 de noviembre de este año”. Llanoazur ediciones.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Candelaria Marcelino Ramos. Una pescadora de Los Abrigos


 
  Candelaria Marcelino Ramos
Marchantas o pescadoras fue la denominación que con mayor frecuencia se conocía al grupo de mujeres que se encargaban, con sus idas y venidas, del trasiego de mercancías entre la costa y las medianías. Labor fundamental en la actividad pesquera, la comercialización del pescado siempre ha estado en sus manos. Pero además también era la encargada de transformar ese pescado fresco en jareas y la larga lista de labores para su transformación: limpiar, abrir salar y tenderlo al sol; así como buscar la sal y en muchos casos rasparla en la costa. Asimismo era labor de estas mujeres el marisqueo, ir en busca de la lapa y el burgado que ayudaran en la alimentación de la familia, o en el sustento de la casa; frescas o la mayoría de las veces en escabeche: guisadas y colocarlas en botellas con vinagre, para su posterior consumo, añadiéndole un poco de aceite.
Candelaria Marcelino Ramos (Los Abrigos 1928-2004) fue una de estas mujeres que dejó su huella en los caminos, y que muchas veces era algo más que una metáfora. Sabes cómo nos curábamos los trompesones, cuando salíamos descalzas, con tierra. Nos pegábamos un trompesón, que los chorros de sangre que da miedo, cogíamos la tierra así y con aquello se iba la sangre. Después metíamos el pie en agua salada. Las veces que nos arrancábamos la uña del pie y no había médico ni había nada.
Comenzó en el trasiego de la venta del pescado siendo una niña, de la mano de su madre, Amelia Ramos, comercializando la pesca de su padre, Carlos Marcelino. Solía trasladarse a San Miguel de Abona, Granadilla de Abona o Vilaflor. A Vilaflor salíamos a la una de la noche y llegábamos a las ocho de la mañana. Para vender el pescado no habían coches en ese entonces, ni había pesas ni nada, sino con la badana de la platanera y enhebrábamos el pescado.” Después continuó con la pesca de su marido, el pescador Nicanor Ramos Alayón, al que esperaba asomando su inquietud a la mar, que casi acariciaba su vivienda. “A la hora que viniera teníamos que salir a vender el pescado, porque no teníamos nada, ni hielo, ni nevera, ni nada, ya después fuimos jalando la cosa. Trasladaban lo que no podían ni cargar, en muchos casos con más de cuarenta kilos sobre la cabeza; y en algunos casos hacer el recorrido dos viajes al día. Nos teníamos que remediar y después la que llevaba menos nos ayudábamos unas a las otras, éramos muy buenas compañeras.

Candelaria Marcelino y Nicanor Ramos en su bar de Los Abrigos
Todas vendíamos pescado, Dolores, tía Juana, tía Antonia Fariña, Eusebia, gente más vieja y después nosotras más jóvenes. De la época mía estaba yo, yo por delante, estaba Carmen mi cuñada, estaba María Elena, que era mi hermana, estaba Lourdes, todas, un montón. En el censo electoral de 1965, padrones que no reflejan en su totalidad a este numeroso grupo de mujeres que se dedicaba a este menester, se encontraban inscritas en Los Abrigos, las siguientes pescadoras: Juana Marcelino Ramos, de 29 años; Isidora Alayón Ramos, de 41 años; Josefina Marcelino Alayón, 21 años; Efigenia Marcelino Marcelino, de 29; Elena Marcelino Ramos, de 33; Mª del Carmen Martín García, de 26; y Isabel Rodríguez, de 53 años.
Con los recuerdos de Candelaria transitamos por una época con recursos limitados. Para el agua había que abastecerse de los pocos aljibes que existían en Los Abrigos o trasladarse en su busca a Los Erales, en las cercanías de Guargacho. Para lavar, muchas veces aprovechaba sus viajes a San Miguel y limpiaba la ropa en los lavaderos públicos, en El Chorro, en la zona de La Mulata; o desplazarse a una charca situada en El Guincho; o bien en Atogo, en las atarjeas de riego de los cultivos de tomate. En esas barricas grandes de aceitunas, allí traíamos el agua, de allí aquí y pa lavar teníamos que coger la ropa y ir a San Miguel a lavar, vendíamos el pescado y después que vendíamos el pescado nos poníamos a lavar.
Y para parir se tenía que requerir la ayuda de alguna mujer con experiencia, o como el caso de su tía Isabel Marcelino tener la criatura en el mismo camino. Se fue a Charco del Pino a vender el pescado, y cuando vino pabajo le dieron los dolores pa dar a luz, por debajo de Atogo había un cacho pared. Allí dio a luz, le partió la vida con dos piedras, con la tira del delantal le amarró la vida, lo enrolló en el delantal y caminese pa Los Abrigos. Ese fue el primero, pues después como al año y medio o dos, volvió a quedar embarazada y usted cree que donde parió el primero parió el segundo, y otra vez la misma pared en Atogo y le hizo lo mismo. A Candelaria Marcelino casi le sucede algo semejante, cuando fue a vender el pescado a San Miguel, vendí mi pescado, lo cobré, trajé la comida, traje una botella de agua dulce de San Miguel porque la que estaba aquí no servía pal café, trajé un poco de leche, delalto de la cesta pa jacer la cena. Y esa misma noche parió el primero de sus hijos.
Candelaria Marcelino Ramos fue una mujer emprendedora, que buscó con voluntad y firmeza el bienestar de los suyos. Comercializaba el pescado que traía su padre, Carlos Marcelino; después el de su marido, el también pescador Nicanor Ramos. En los inicios a pie, por esas empinadas veredas mal empedradas, y las más de las veces intercambiándolo por que no había con que pagarlo, a proponer yo le daba a usted una sarta de jareas y me daba un cesto de papas. Con los años pudieron adquirir un vehículo que les ayudaba en esta tarea de vender el fruto de la mar, “siempre el nuestro”, con lo que la venta de la pesca se efectuaba con más comodidad y se alcanzaba a un mayor número de pueblos.
Su espíritu batallador la dispuso para instalar la primera tienda que se emplazó en Los Abrigos, a comienzos de la década de los años cincuenta, cuando yo quedé embarazada de mi Candelarita ya tenía la tienda, un ventuchito y un bar pequeñito cerca de cuarenta años. Tienda y bar que durante esas largas cuatro décadas fue punto de encuentro y de tertulias, además de lugar donde distribuir el correo a los vecinos del barrio o de expender las botellas de gas butano. Bar que en septiembre, por las fiestas en honor de San Blas, se engrandecía, se transformaba en una prestigiosa casa de comidas, donde se disponía de los mejores aromas y sabores de la mar. 
Durante toda su vida fue una mujer dispuesta al trabajo, hacendosa, a tirar del carro para mejorar con los suyos. Sus enormes ganas de conocer le llevó a crear algunos versos, como esos recuerdos que quiso perpetuar de su madre recién fallecida, en la que también la podemos ver reflejada: Pobrecita mi madre/ yo no la puedo olvidar/ los trabajos que pasó/ para poderlos criar/ descalcita y caminando/ que se iba a San Miguel/ a vender su pescadito/ pa traerlos que comer.

Colores del Sur 2. Acantilados de los Gigantes

 
Colores del Sur 2

El ocre, extraído del alma del Sur, plasmado por entre el negro. Negro atestado de gamas que pueblan de dramatismo los alrededores al Acantilado. Atisbos de sol y de sal, de reflejos azulencos. Infinitas gradaciones que no es posible acumular en la memoria.
Fotografía: Acantilados de los Gigantes, 2012

lunes, 4 de noviembre de 2013

Colores del Sur 1. Piedra natural. Arguayo

 


Colores del Sur 1

Sequedad, pardos, marrones, terrosos, como esas llanuras pardas, unamunescas, propias para el patinar de atormentadas fiebres espirituales, que tantas veces describió el poeta Emeterio Gutiérrez Albelo.
Fotografía: piedra natural. Arguayo, 2006