martes, 5 de agosto de 2014

En el Casino del Valle de San Lorenzo

 
En el Casino del Valle de San Lorenzo

El Casino, regentado por Isabel Reverón y Jaime Teixidor, El Catalán, estaba ubicado en la que se denominó Calle Nueva, la actual Avenida San Lorenzo. Organizaba bailes los domingos y días de fiestas, al ritmo de una gramola y con tocadores como José García, Manuel González o Antonio Rodríguez, El Ciego. Este local, que aún se encuentra en pie, fue utilizado como Casino durante unos pocos años alrededor de 1930, en los primeros años de la década de 1930 se destinó como centro social, auspiciado por el maestro Salvador Ramírez, y hasta hace unos años como carpintería.
En una fotografía tomada a comienzos de la década de 1930 se aprecia el colgadizo que cubría su entrada, y delante de la cual posaron los que ese día se encontraban en el baile. De izquierda a derecha, sentados: Leonardo Hernández, Julia García Morales, Urbana Díaz, Lilia García, Elena Linares y Antonia Valentín. De pie, en primera fila: Miguel González (niño), Federico Reverón, desconocido, Ignacio Martín (sombrero y laúd), Desiderio Ledesma (guitarra), Felipe, América Hernández, Neftalí Reverón (detrás de América), Tomasa González.
En la parte alta, entre otros se encuentran: José Hernández, José García Cejas, Jerónimo Blanco, Casiano García, Mariano Hernández, Leoncio García, desconocido, Federico Sierra, desconocido, Jerónimo García, hijo, José García (con cigarro). En el grupo de niñas de la derecha, se encuentran en primera fila: María Bethencourt, Eulalia Torres, Inocencia García, Felicita González, Conchita Pérez. Detrás: Candelaria González, María Luisa de Dios y María Alayón. Detrás del grupo de niñas, Antonio Torres, Jerónimo García, padre, y el que se cree que es un hermano de Urbana Díaz, bien Antonio o Tomás Díaz. Detrás, a la derecha se aprecia el perfil de una anciana: doña Julita.

Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones

domingo, 3 de agosto de 2014

Feliciano Toledo Gómez, entre el surco y el ordeño






 
Feliciano Toledo. Las Zocas, 2006
Feliciano Toledo Gómez proviene de una familia de cabreros arraigados en el Sur de Tenerife, a los quehaceres que se dedicaron sus padres, Cecilio Toledo González y Corina Gómez León, durante casi toda su vida. Nació en la Montaña del Pozo, en Vilaflor en 1922, pero asimismo ha transitado por los municipios de Arona, Granadilla de Abona y San Miguel de Abona, donde en su barrio de Las Zocas vivió hasta su fallecimiento, a inicios del 2014.
Su padre cuidó las cabras de su abuelo Basilio Toledo en La Montañita, en Granadilla de Abona, hasta que se casó y trabajó de medianero en San Miguel de Abona, de donde partió para Cuba. A los tres años regresa y retoma el cuidado de las cabras en la Montaña del Pozo, en cuyo lugar nace Feliciano Toledo. Después vivió en La Gotera, donde su padre se encontraba de medianero; con posterioridad retorna a su profesión de cabrero, en Atogo, Machín y Llano Blanco, cuando ya Feliciano tendría unos trece años. “Y después de áhi se fue mi padre con ellos pa la cumbre, al año de tenerlas o tal vez no vía el año, se puso malo, vino malo, a San Miguel, estábamos viviendo en La Somada, donde llaman El Lomo. Y después tenía una finquita allí sobre San Miguel, muy buena fruta, estábamos allí cogiendo fruta, yo y mi hermana, el mes de septiembre, el catorce de septiembre, y el vía venido malo, estuvo aquí unos días y después se fue pa Las Cañadas. Estaba en Las Cañadas con mi tío Marcelo y otro que le decía Norberto García, padre de Manuel García, estaban los tres en Las Cañadas con las cabras. Llegó allí a la finquita con las cabras y yo dejé la fruta, eso no se me olvida, me acuerdo que había un matorral, él venía muerto de cansao, las cabras le daban guerra porque las cabras al salir de la cumbre eso sale rabiando, y él malo. Me acuerdo que se arrimó allí. Dice, hijo, yo tenía catorce añitos, si las cuidas las tenemos, si tú no las cuidas este no cuida más cabras. Y allí se montó en la burra y vino pa la casa y vivió catorce meses, pero mal, mal, él no cuidó más cabras, pues yo las cuidé.”
En la adolescencia se tuvo que hacer cargo de las cabras de su padre, porque ya no se recuperó de su enfermedad, falleciendo al año siguiente. Así estuvo dos años en Aldea Blanca, hasta como él comenta “se fue a trabajar, porque usté sabe por lo que fue, a mi me gustaban las cabras, pero que el cabrero se jace un hombre y no sabe jacer naita, y ya es un hombre inútil. Digo, yo me voy a trabajar y dispués dios dirá, me madre no quería.”
Y así permaneció, con diversos trabajos en cultivos, hasta que se casa con Evangelina Hernández Rancel, y retorna a la cabrería en Los Parlamentos, en Arona, pero no estuvo sino un año. Vuelta al arado, a acondicionar la tierra para un sinfín de cultivos, desde el tomate al tabaco, desde el cereal al algodón o al cuidado de vacas; en Oroteanda, en Los Pozos, en Cho o en Las Zocas. Son años donde se gana un merecido prestigió en la preparación del terreno, sobre todo para el cultivo del tomate, para el que había que arar y orientar adecuadamente los surcos, dotarlos de la precisa inclinación para que su riego se pudiera realizar con total garantía. Era un arte el hacer que el agua llegara por igual a cada rincón de las huertas, que tuvieran ese ligero desnivel para que el agua se deslizara suavemente, pero sin que adquiera demasiada corriente y que arrastrara las matas de los tomates. “Eso le parecía a uno que era una categoría, saber uno surquiar con la yunta y dispués una cuadrilla sacando tierra atrás, uno iba marcando la tierra pa que la gente supiera lo que iba jaciendo. Primero el fondo, lo más bajo, dispués cuando uno le parece jacíamos los machos, eran de catorce surcos de ancho o de diez, en otros sitios si la tierra era más colgao quedaban en menos, y dispués esa tierra se cortaba, que llamábamos las madres.” Los surcos se intentaban sacar en número par, para con ello aprovechar al máximo los estacones en los que se amarraban las cañas, para luego sujetas la planta de tomate, ya que al surco que quede solo hay que utilizar el mismo número que para dos.
Este acondicionamiento para el cultivo del tomate se aprovechaba para el posterior cultivo del algodón, que en el Sur se practicó en algunos años de los sesenta. Cultivo en el que trabajó Feliciano, además de su posterior utilización como forraje para sus cabras. “El algodón se sembraba después en las tierras de los tomates, se sembraba tomates y dispués en la misma surquiada se sembraba algodón, y a limpiar los hierbajos y a sembrar algodón allí mismo, en la misma tierra sin arar ni nada, sino en la misma surquiada y le venía bien porque aprovechaba los guanitos de los tomates, el tomatero deja la tierra abonada.”
Años después regresa al cuidado de las cabras, con un manada en Las Mesas de Guaza, “con doña Concha, vino a buscarme aquí y estuve ocho años con doña Concha en Las Mesas, tuve fuerte manada de cabras, un año me daban veinte kilos de queso, al día. Y en Los Fondos que estuve un año, más de un año, cuando los algodones y eso tenía treinta cabras que me daban catorce kilos de queso, nadie lo creía, los algodones fuerte pasto. Cuando dejaban de cogerlo, cuando ya no quedaban, entonces entraban las cabras, la rama es muy buena y la comen bien, la cabra que está acostumbrada.”
“Y después de Las Mesas me vine pa mi casa, ya dejé las cabras, ya tenía sesenta y cuatro años y al año de estar aquí ya me jubilé. Aquí estuve unos cabrijos unos años y me daban buen provecho, ya ves diez o doce, iba criando y después las vendía, aquí detrás mismo tenía un corral.” Y así estuvo en su casa de Las Zocas, unos cuatro años más, hasta que sólo se quedó con una cabra que había venido con ellos desde la manada de Las Mesas. Un cabra que había elegido su mujer, “y cuando la quité aquí tenía nueve años, o eran nueve o eran diez, y me daba cinco litros de leche, áhi detrás. La cabra la llamaba yo la Gorrina, una cabra como serená, serená media blanca. Yo les ponía a cada una su nombre, algunas entendían, otras no harían caso.” 
Feliciano es un ejemplo más de la fortuna que atesora este Sur, la del patrimonio que amontonan nuestros viejos. Sus recuerdos se ocupan de las vivencias por las que ha transitado, pero trasmitidas con tal riqueza que pueblan la conversación de infinitos detalles. Narra cómo ha sido el momento en el que le tocó vivir, volcando sentimientos en cada párrafo; relata sus múltiples ocupaciones: cabrero, vaquero, canalero o agricultor; quehaceres a los que siempre se dedicó con la máxima entrega, aportándoles la sabiduría que adquirió con los años.

viernes, 1 de agosto de 2014

Accidente de una guagua de Transportes de Adeje. El Mojonito, Arona

 
Accidente de una guagua de Transportes de Adeje. El Mojonito, Arona

Transportes de Adeje fue creada, a finales de los años veinte, por Gaspar Bello García y José Trujillo Jorge. Además del traslado de personas y mercancías, porque en ellas se llevaba de todo, también efectuaban el reparto del correo entre Adeje y Granadilla de Abona. Estuvo operativa hasta comienzos de los años sesenta, cubriendo las líneas entre Adeje-Playa San Juan y Adeje-Granadilla de Abona, con subida a Arona.
En sus comienzos no podían efectuar más de un viaje de ida y vuelta al día, dado el largo recorrido que tenían que practicar para llegar de Adeje a Granadilla. Se bajaba a La Caleta, por El Camisón se llegaba a Los Cristianos, La Camella, Arona, vuelta a La Camella, Cabo Blanco y Buzanada para ir a Aldea Blanca, ya que el paso por La Centinela no se abrió hasta comienzos de los cuarenta y aún así se cortaba en épocas de lluvia. Se subía a San Miguel, ida y vuelta por Las Zocas, luego Los Muros, Charco del Pino a enlazar con la pista que comunicaba El Médano con Granadilla, hasta que se ejecutó el puente sobre el Barranco de la Orchilla y se podía transitar de San Miguel a Granadilla. Estas viejas guaguas de metal y madera cubrían la ruta con diversos vehículos, como este, el TF 5008, que se recoge en una salida de carretera bajando de Arona a La Camella. Fotografía que se podría ubicar en la década de 1950.

Documentación: BRITO, Marcos: El acontecer del taxi en Arona. Llanoazur ediciones

 

martes, 29 de julio de 2014

Transportes de Adeje

Penca Tinta, Callao Salvaje. Mediados década 1950

La empresa Transportes de Adeje fue creada, a finales de los años veinte, por Gaspar Bello García y José Trujillo Jorge. Además del traslado de personas y mercancías, porque en ellas se llevaba de todo, también efectuaban el reparto del correo que ya lo realizaba el primero de los citados, trasladándolo en mulos entre Adeje y Granadilla. Estuvo operativa hasta comienzos de los años sesenta, cubriendo las líneas entre Adeje-Playa San Juan y Adeje-Granadilla, con subida a Arona. Para conocer algunos de los entresijos por los que anduvo esta empresa, así como el personal que llevaba a cabo estos recorridos entre tierra y polvo, contamos con los recuerdos de Francisco Guirola Toledo, que ejerció de cobrador y de responsable del correo, y de José Trujillo de la Paz, Pepe Nené, que comenzó de cobrador y prosiguió de conductor.
Paco Guirola emprendió esta labor siendo casi un niño, yo empecé con lo de la guagua a la edad de catorce años, cubriendo todas las rutas, con horarios en los que se conocía la hora de salida pero no la de llegada. Un día me levantaba a las tres de la mañana y otro a las seis, para hacer la combinación durante todo el día. El día que me levantaba a las tres iba a Granadilla, en combinación con la que iba a Santa Cruz, ese día iban a Playa San Juan después de venir de Granadilla, cuando me levantaba a las tres llegaba a Adeje a las ocho de la mañana y después iba a Playa San Juan. Pasando por Los Olivos, Armeñime, Ricasa, Agua Dulce y Playa de San Juan; donde esperaban que otra guagua recogiera su pasaje, hiciera el viaje, ida y vuelta a Guía de Isora y después regresaban a Adeje, para iniciar el trayecto a Granadilla.
José Trujillo también se inició en esta tarea en la adolescencia, la edad en la que se salía de la escuela pública y se instruían en la vida laboral. Toda mi vida he trabajado en las guaguas, desde que salí de la escuela a los quince años estaba trabajando en las guaguas. Empecé de cobrador a los quince años, pero después manejábamos.
Esta viejas guaguas de metal y madera cubrían la ruta con diversos vehículos, como uno anterior al Chevrolet de la fotografía TF4404, o los matriculados: TF5008; TF5657; TF7530 o el TF13159. Entre el personal que atendía estas líneas, y además de los citados, se encontraban como cobradores, Ángel Martín Toledo, José Vargas León, Francisco Santos Rodríguez, José Toledo Clemente o Manuel Bello García. Y entre los que ejercieron de conductores se puede citar a Luis Bello García, José González Pérez, Miguel Trujillo Bello, Manuel Esquivel Bello, Reinaldo Esquivel, Antonio Díaz o Juan Delgado.
Por una hoja de ruta fechada el 2 de agosto de 1960, que se encuentra en el Archivo Municipal de Adeje, se conocen algunas tarifas del trayecto Adeje a Granadilla. Se efectuaron tres recorridos de ida y vuelta con salidas a las 7, 9 y 16,30, en el vehículo TF5008, conducido por Antonio Díaz y Francisco Guirola como cobrador. Asimismo aporta otro dato, las personas que utilizaba ese servicio público, en total en esos tres viajes se expidieron 120 billetes, cuyos precios oscilaban entre una y 12,50 pesetas, siendo los más numerosos los de menor cuantía, como los 22 facturados de una peseta, 48 de una cincuenta o 32 de dos; despachándose sólo uno de seis pesetas y otro de diez, que era el de mayor importe, para un total de recaudación de 261,70 pesetas. 

Guagua en la parada de San Miguel

Estos datos son de los últimos años de su existencia, estuvo operativa hasta los primeros años de la década de 1960, ya que estos trayectos los asume otra empresa con mejores medios y con mayor posibilidad económica: Transportes de Tenerife “La Exclusiva”. Son años en los que ya se podía circular por la carretera vieja del Sur en los trayectos que realizaban. Pero en sus comienzos no podían efectuar más de un viaje de ida y vuelta al día, dado las vueltas que tenían que practicar para llegar de Adeje a Granadilla. Se bajaba a La Caleta, por El Camisón se llegaba a Los Cristianos, La Camella, Arona, otra vez La Camella, Cabo Blanco y Buzanada para ir a Aldea Blanca, ya que el paso por La Centinela no se abrió hasta comienzos de los cuarenta y aún así se cortaba en épocas de lluvia. Se subía a San Miguel, para después bajar por Las Zocas, Los Muros, Charco del Pino o enlazar con la pista que comunicaba El Médano con Granadilla, hasta que se ejecutó el puente sobre el Barranco de la Orchilla y se podía transitar de San Miguel a Granadilla.
Las paradas más frecuentes eran las de Adeje, en las Cuatro Esquinas, en la Calle Grande, donde estuvo la gasolinera; en Playa de San Juan en la estación de servicios; en Los Cristianos, en la playa, delante de la empresa de García Jorge y en la Fonda Reverón; en Arona en el Bar Mejora; en Charco del Pino, en El Puente; en Granadilla, en El Calvario. Y en San Miguel, en la carretera general del Sur, que tal como recuerda Pepe Nené es el lugar donde esta tomada una de las fotografías que acompaña este artículo, la del vehículo TF 4404. Obtenida alrededor de 1940 en una de estas paradas, realizadas a la altura de la farmacia y de un almacén de tejidos de Miguelito el Turco, lugar en el que también se solía hacer un descanso y comer en la Fonda de Flora. En la segunda imagen se muestra otro vehículo de esta empresa en Penca Tinta, en Callao Salvaje, entre los que se encuentra el conductor José Trujillo de la Paz, Pepe Nené.
Paco Guirola hacía memoria y recordaba que la guagua era más que un simple vehículo, era la arteria de unión entre cada uno de los pueblos que jalonaban las carreteras, entre familiares y amigos que se intercambiaban mercancías, dinero y saludos para los más alejados, la guagua era todo. Se transportaba todo tipo de mercancías que se acarreaba en la baca, ahí se llevaban higos picos, se le llevaba papas, se llevaba pescado, se llevaba de todo. También se trasladaban cabras, cochinos, que no se podían subir a la baca y se llevaban en la parte trasera de la guagua. Y cuantos recados no cumplían, desde unos kilos de carne, algún medicamento o cualquier útil de trabajo, yo me acuerdo cargar albardas, yo iba a buscarlas al albardero, la cargaba y la traía en la guagua.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

viernes, 25 de julio de 2014

Alcalá. c. 1965

 

 
Alcalá. c. 1965


En esta imagen nos asomamos a este barrio costero de Guía de Isora. En primer término se recoge El Llano, donde se ubica su plaza, en cuyo lugar se encontraba correos y teléfonos y una fonda. En segundo término, en una elevación del terreno que domina todo el barrio, y después de cruzar la carretera que comunica con Playa de San Juan y Puerto Santiago, se encuentra el cine y la Iglesia donde se venera a la Virgen de Candelaria.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

 

Santiago del Teide c. 1890


Santiago del Teide c. 1890

Contemplamos una panorámica del Valle de Santiago, denominación que conservó hasta 1916 cuando adquiere la de Santiago del Teide. En el vértice izquierdo se recoge la Parroquia de San Fernando Rey, como se mantuvo hasta las diversas reformas que se efectuaron en la década de los años veinte del siglo XX. A la derecha de la Parroquia se aprecia ligeramente la conocida popularmente como la Casa del Patio. Las viviendas se alinean en el lado del naciente del camino real que comunicaba con Erjos y Guía de Isora. Así permaneció hasta la construcción de la carretera entre San Marcos de Icod y Guía de Isora, y cuyo tramo a su paso por Santiago del Teide se ejecutó en 1930.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

martes, 22 de julio de 2014

Primeros festejos en Guargacho

Procesión de 1985. Fotografía cedida por Pepa Arzola
Guargacho es un barrio, enclavado entre los Municipios de Arona y San Miguel de Abona, que ha tenido en las últimas décadas un progresivo aumento de su población. Su ermita se construyó a comienzos de la década de 1980 y sus primeros festejos se desarrollaron entre el 26 y el 27 de julio de 1985.
Según consta en este primer programa en su primer día se organizó un baile de tarde con motivo de la inauguración de la plaza de la Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen, así como la elección de la reina infantil. El día principal fue el domingo 28 de julio, del que se podría resaltar la misa y la posterior procesión por las calles del barrio, acompañada por el Grupo de Chácaras y Tambores de La Gomera.
Desde mediados de los años noventa el programa de estos festejos se acompaña con un saluda de los dos Alcaldes, como el de 1995 cuando lo firman Claudio Delgado Díaz, por San Miguel de Abona y Mario Spreáfico García por Arona. O el de 2006 que lo rubrican Arturo González Hernández, por San Miguel de Abona y José Alberto González Reverón, por Arona.
Como la mayoría de las fiestas populares que se describen sus inicios parten una vez que se cuenta con la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Y como otros tantos festejos su ejecución no se suscribe al día 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, sino que se desplazan al fin de semana siguiente, incluso en algunos años sus actos principales han llegado al último fin de semana de este mes.
Hasta 1994, que se celebra su primera romería, efectuada en la mañana del domingo 24 de julio, el principal acto religioso se aclamaba el domingo con una misa y procesión con la Imagen de la Virgen del Carmen. Así consta en el programa de 1992, cuando el domingo 26 de julio, a las ocho y media de la noche se oficia la misa y se sale en procesión con el acompañamiento de tambores de La Gomera. En 1993, el sábado 24 de julio, se traslada la Imagen desde la Ermita hasta la Calle Norte, nº 19; donde el domingo 25 se oficia la Santa Misa en esta calle y con posterioridad regresa en procesión hasta la Ermita.
Después de esta primera romería la misa y procesión por la calles de Guargacho en honor de la Virgen del Carmen, se oficia en la tarde del sábado y la romería en la mañana del domingo. En este último día, con posterioridad a la función religiosa, se traslada la Imagen de la Virgen del Carmen a la plaza y se inicia delante de la Imagen el desfile romero.
La romería se efectuó por última vez el domingo 25 de julio de 2004: Bendición de la Virgen a carretas y romeros. A continuación romería por las calles del pueblo. Al año siguiente, el domingo 24 de julio se celebra: 12:00 h. Misa Canaria en el Templo Parroquial. A partir de las 13:00 h. gran paellada en la plaza del pueblo, acompañada de los grupos folklóricos del municipio.    
  Procesión de 1985. Fotografía cedida por Pepa Arzola


Desde sus inicios se celebraba un festival infantil con la elección de su reina de los festejos. Creemos que la reina juvenil o adulta se efectúa por vez primera en 1995, cuando en su programa se anota que el jueves día 20 se elige su reina infantil y el viernes 21 se ejecuta el 1er Festival de variedades con elección de la Reina de las Fiestas de Guargacho 95.
Los actos populares engloban múltiples acciones, que han ido variando y enriqueciéndose con las aportaciones de las diversas comisiones de fiestas, cuya responsabilidad para el siguiente año recae con su elección el último día de los festejos. Así se han creado las cabalgatas anunciadoras; los festivales para la elección de la reina infantil y adulta; los homenajes a la Tercera Edad, que se efectúan, por los menos, desde comienzos de la década de los años noventa, y de cuya primera elección de Reina de la Tercera Edad se efectuó en el 2005.
  Guargacho, 2006
Desde sus inicios han tenido gran relevancia los juegos infantiles y los deportivos, sobre todo los relacionados con la practica del fútbol, donde participan diversos equipos desde alevines a adultos. Las reminiscencia gomera de este barrio se denota en el acompañamiento de chácaras y tambores en la procesión y en los años que se verificó la romería, en los encuentros de punto cubano y en las verbenas, en las es frecuente que las animen orquestas gomeras.

Documentación:
BRITO, Marcos: Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones, 2006