viernes, 3 de enero de 2014

Establecimiento de la Comunidad Sueca en Los Cristianos


Reunión en la vivienda de la Calle Juan XXIII. 1960
 
Las motivaciones para residir al resguardo de la Montaña de Guaza, en la bahía de Los Cristianos, han variado a lo largo de los años. Lo que a comienzos del siglo XX no pasaba de ser un pequeño pueblo de pescadores, se ha transformado en uno de los principales enclaves turísticos de las Islas. A finales de la década de los cincuenta y sobre todo a partir de los sesenta el número de veraneantes de otros puntos de la isla que visitaban el pueblo era importante, favorecido por la construcción, a mediados de los cuarenta, de la carretera vieja del sur hasta Los Cristianos. A ellos se van añadiendo los viajeros de la Península Española y de algunos países europeos, al lograrse la estabilidad de las comunicaciones marítimas con la Península y al mismo tiempo con la instauración de vuelos charter.
A finales de 1957 llegan a Los Cristianos tres amigos de nacionalidad sueca, Bengt Rylander, rápidamente rebautizado por los vecinos como don Benito; Kart-Erik Henriksson, don Carlos; y Alf Johnsson, don Alfonso. Buscando unas condiciones climáticas que favorecieran sus debilitados cuerpos se establecieron, en primer lugar, en el Hostal Reverón, hasta que alquilaron algunas viviendas, como la casa de Narciso Tavío Paz y acondicionaron la primera Casa Sueca, en lo que actualmente es la esquina este de la calle Peatonal Estocolmo con Juan XXIII. Con posterioridad algunos de ellos, como Inga y Bengt Rylander adquieren una casa terrera cercana al mar, que hasta su derrumbe para una nueva edificación se conoció por Casa Inga. Birgit Alander y Ake Wännman edificaron su propia vivienda, Casa Ake, en la calle General Franco, la cual habitaron en octubre de 1964; así como Ing-Britt Niklasson y Olof Ryding quienes adaptaron otra en la actual calle Amalia Alayón.
Casa Sueca en 1964
El traslado desde Suecia a Tenerife no era un viaje ni placentero ni fácil de realizar. Tal como lo recuerda Birgit Alander, precisó más de un día para llegar a Los Cristianos, el martes 13 de septiembre de 1960: muy largo, muy largo, veintiséis horas en total. Primero fui a Estocolmo, entonces había un aeropuerto más pequeño que ahora, con coche cuatro horas; de Estocolmo en avión a Copenhague, de Copenhague a París, París a Madrid, Madrid a Tenerife con un avión de hélice que tardó cinco horas y media y de Los Rodeos a Los Cristianos, cuatro horas y media  Llegó para una estancia de tres meses, sin conocer el idioma, sin haberse bañado nunca en el mar, y aquí continúa, donde todavía reside compartiendo con estancias en Suecia.
Estos miembros de la comunidad sueca fundaron una asociación con el nombre de “Vintersol (Sol de invierno)”. Asociación que fue la responsable de construir la Casa Sueca que se sitúa en El Coronel y que se termina de edificar en 1963. Este mismo año se coloca la primera piedra del Centro de Rehabilitación Ramón y Cajal, Clínica Vintersol, cuya denominación “Vintersol” fue cedida por este grupo de pioneros.

Centro de Rehabilitación Ramón y Cajal, Clínica Vintersol. 1965

Este centro de rehabilitación recibe sus primeros pacientes nórdicos el 7 de noviembre de 1965 y se inaugura oficialmente el 16 de noviembre de este mismo año. Para este acto se contó con la presencia de las principales autoridades de la Isla, como el Gobernador Civil, el presidente del Cabildo Insular, los alcaldes de Granadilla, San Miguel, Adeje y el de Arona, Buenaventura Ordónez Vellar. Asimismo estaba presente el embajador de Suecia en España, Carl H. Borgenstierna; así como el Presidente del Centro de Rehabilitación Ramón y Cajal en Suecia, Kjell Hasselgren; y el Presidente en Tenerife, Peder C. Larsen, a quien se le concedió por el Ministerio de la Gobernación, la Encomienda de la Orden Civil de Sanidad como reconocimiento a sus esfuerzos en la puesta en marcha de este centro.
Su pionero Bengt Rylander, veterinario de la ciudad de Karlshamn que padecía esclerosis múltiple, no pudo ver culminado su sueño. Falleció en 1964 en el mismo lugar donde persuadió a la vida para que le otorgara sus “horas de oro”, su restablecimiento, en Los Cristianos. No sólo se preocupó de su mejoría sino que además propagó esta buena nueva con múltiples artículos en la prensa de su país.
La integración en la vida del pueblo de estos miembros de la Comunidad Sueca fue rápida, el personal que los atiende, servicios y traslados, eran vecinos del pueblo. Los Cristianos ya había traspasado la barrera de los mil habitantes. La población crecía sin pausa, las viviendas iban en aumento tanto en calidad como en cantidad. Las tiendas se iban multiplicando según las necesidades a cubrir. Ya se disponía de cine, y de una amplía red de tiendas que acogieron rápidamente las necesidades de estos nuevos vecinos de la comunidad sueca, algunos restaurantes, molino de gofio, panadería y una incipiente comunicación por carretera a través de servicios públicos.

Bibliografía:
BRITO, Marcos: Arona en el recuerdo. Llanoazur ediciones
BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones


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