jueves, 15 de febrero de 2018

Cita del Sur 21. Vilaflor por Emeterio Gutiérrez Albelo



Cita del Sur 21. Vilaflor por Emeterio Gutiérrez Albelo

En esta fotografía, de la colección de Carmen Paz Gutiérrez Arienza‎, hija del poeta Emeterio Gutiérrez Albelo, tomada a comienzos de década de 1930, se observa al poeta de espalda en la aún empedrada Calle del Convento o Calle Juan Rodríguez López, en la actualidad Avenida Hermano Pedro, a su llegada a La Puente, en dirección a las Cuatro Esquinas.
Al fondo, se contemplan, los cipreses en los aledaños de la Parroquia de San Pedro Apóstol y la Casa Inglesa.
Reseña sobre Vilaflor, publicado en 1935, momentos en los que Emeterio Gutiérrez Albelo impartía su magisterio en la escuela pública de Vilaflor. Al ascender por la carretera de Granadilla a Vilaflor, expresa: El paisaje es cambiante y distinto de la tónica y el “leimotiv” de sequedad sureña. Va iniciándose el verdor vegetal de una manera suave, van apareciendo, como heraldos, pregones o llanamente, muestras, unos pinos. Al llegar a Las Mesas, se dilata el muestrario forestal. Y desde aquí, aparece, tendida en lo alto Vilaflor. Dejándose abrazar, apretadamente, ya, por el “stock” completo, “Oh pinos, oh, hermanos en tierra y ambiente, etc.”
Vilaflor
Es un islote rodeado de pinos por todas partes. A 1.500 metros de altura. Su cerca de 2.000 vecinos, su iglesia, sus dos derruidos conventos, sus dos hoteles, sus fuentes de agua finísima, algunas medicinales como la de Agua Agria, su Pino Gordo –de tres metros de diámetro, sus doblados almendros, sus opulentas higueras, sus vividos naranjos, sus hinchados nopales, sus perales dulcísimos, sus pictóricos castaños –hay un paseo largo de estos, en donde ha tomado su nombre- sus manzanos de oro, sus enanos ciruelos –como los de la Huerta Grande- con sus frutos lívidos o dorados, a la altura de la boca.

Y sobre todo, la delgadez de su aire y de sus aguas, su clima seco, saludable, que la ha convertido en un sanatorio. Su traje de fiesta de nevadas alburas, en el invierno; de oros, verdes y azules en el verano …

miércoles, 14 de febrero de 2018

Los Abrigos. Granadilla de Abona. 1963


Los Abrigos. Granadilla de Abona. 1963

Barrio pesquero perteneciente a Granadilla de Abona, pero que ha sido, y sobre todo hasta la llegada de la carretera general del sur, el puerto, la entrada y salida de personas y mercancías del municipio de San Miguel de Abona, por una pista abierta desde la segunda década del siglo XX. Barrio de pescadores en el que se ha producido, en los últimos años, un importante crecimiento demográfico, que además ha sabido adaptarse al presente, comercializando sus capturas y emprendiendo la difícil tarea de la gastronomía. Fotografía obtenida en los inicios de la década de 1960, en la que asimismo se muestra su principal tarea en esos momentos, la pesca. Estampa en un barrio que, como otros tantos de la costa del Sur, se fue poblando con habitantes que iban adquiriendo el conocimiento necesario en las artes de la pesca, primero de costa y con posterioridad en pequeñas embarcaciones. Esta especialización motivó que se fueran asentando en sus costas, que fueran creciendo el número de pobladores que se atrevían, con su esfuerzo, a extraer sus recursos. La mar, el pescador, como bagaje de nuestro patrimonio cultural.


Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones



viernes, 2 de febrero de 2018

En memoria de Birgit Alander



Ake Wännman y Birgit Alander. Primera Casa Sueca, 1963



En memoria de Birgit Alander

Birgit nació en un pueblecito sueco, en 1937, conoció las bondades del clima de Los Cristianos a través de los artículos que publicó Bengt Rylander. Escribió muchos artículos sobre Los Cristianos, sobre la gente, el clima, la forma de vivir, entonces todo el mundo conocía el nombre de Vintersol, porque la idea de Vintersol que hay hoy es de Benito.
Entre finales de la década de 1950 y mediados de la de 1960 se suceden una serie de acontecimientos que consolidan el asentamiento de un grupo de ciudadanos suecos en Los Cristianos. El primer grupo que se establece permanentemente lo hace a finales de 1957, llegan en busca de las excelentes condiciones climáticas que mejoraran sus debilitados cuerpos. En primer lugar residen en el Hostal Reverón, para después acondicionar diversas viviendas que alquilan hasta que compran o construyen algunas propias.
Entre este grupo que se establece en Los Cristianos surge, por iniciativa de Bengt Rylander, la asociación Vintersol, que en español significa Sol de Invierno. Esta asociación fue la responsable de construir la Casa Sueca que se sitúa en El Coronel y que se termina de edificar en 1963. Este mismo año se coloca la primera piedra del Centro de Rehabilitación Ramón y Cajal, Clínica Vintersol, cuya denominación fue cedida por este grupo de pioneros, que continúa con su tarea bajo el nombre de Casa Sueca. Este centro de rehabilitación recibe su primer grupo de pacientes nórdicos el 7 de noviembre de 1965 y se inaugura oficialmente el 16 de noviembre de este mismo año.
Fue la culminación de un lento proceso que comenzó con la llegada a Los Cristianos de tres amigos de nacionalidad sueca, Bengt Rylander, rebautizado rápidamente por los vecinos como don Benito; Kart-Erik Henriksson, conocido como don Carlos; y Alf Johnsson, don Alfonso. Bengt Rylander, quien padecía esclerosis múltiple, buscaba un lugar donde mejorar su calidad de vida. Después de pasar por largos periodos en clínicas suecas y de estar durante casi dos años en África del Sur, decide buscar otro lugar y se asentó en Los Cristianos, donde encontró lo que él denominó sus horas de oro, esas que podía andar con la ayuda de un bastón.

Kart-Erik Henriksson, Alf Johnsson y Bengt Rylander, delante del chorro del agua situado en la plaza de la Iglesia, acompañados por un fisioterapeuta y por dos mujeres del pueblo, Mª Antonia Martín Melo, Patona, y Francisca García Sierra, otras fuentes opinan que en lugar de esta última puede ser Claudina Pérez. 1957

Bengt Rylander, y tal como relató Birgit Alander, no sólo se preocupó de su mejoría sino que además propagó esta buena nueva con múltiples artículos en la prensa de su país. De este modo lo conocieron otros de sus conciudadanos, de los que algunos llegaron a pasar largas temporadas y otros a quedarse casi toda una vida; de los que citamos algunos de ellos, como Olof Ryding o Ing-Britt Niklasson, quienes adaptaron una vivienda en la actual calle Amalia Alayón; Hasse Hultkvist; Inga Lisa Andersson; Laila Ohlsson; Birgit Alander o Ake Wännman, quien llegó a Los Cristianos en enero de 1960. Y después Birgit, tal como ella recordaba, llegó el 13 de septiembre de 1960.
Un largo viaje, comentaba Birgit al narrar su traslado desde Suecia a este pequeño pueblo de pescadores, en avión de Estocolmo a Copenhague, escalas en París, Madrid y a Tenerife, este último trayecto en un avión de hélice que tardó cinco horas y media y de Los Rodeos a Los Cristianos, cuatro horas y media. Llegó en una furgoneta que tenía el alemán Kurt Krause.
Birgit Alander conoció al que sería su compañero, Ake Wännman, en Los Cristianos, con él compartió el resto de su vida, hasta el fallecimiento de Oke, en Suecia, el 25 de abril de 1994, un día después de mi cumpleaños.

Reunión en la vivienda de la Calle Juan XXIII c. 1960


Birgit y Ake residieron en la casa de Narciso Tavío Paz; en la conocida por primera Casa Sueca, ubicados estos dos primeros lugares en la Calle Juan XXIII; y en la vivienda de Manuel Miranda, hasta que compraron una vieja casa, la de “Lola Jarabe”, y edificaron su propia vivienda, Casa Ake, la cual habitaron en octubre de 1964.
Birgit llegó para una estancia de tres meses, sin conocer el idioma, sin haberse bañado nunca en el mar, y aquí continuó, y en los últimos años compartiendo con estancias en Suecia, hasta su fallecimiento en Los Cristianos en enero de 2018.
Me gustaba el pueblo desde el primer momento. Ahora es cuando yo pienso, que maravilloso, cuando nosotros llegamos y tan bien que el pueblo nos acoge, muy bien. Yo no sabía ni una palabra de español cuando llego aquí, y por esto está hablando como habla porque yo lo aprendí con la gente y nadie me corrigió cuando decía mal.
Birgit atesoró en su memoria un precioso legado de imágenes de como se encontraba el pueblo en la década de 1960, así como un buen acopio de fotografías que han sido compartidas en su mayoría con los vecinos de Los Cristianos. Ella, y ellos en general, nos redescubrieron nuestro paisaje, nuestros usos y costumbres. Al captar cada rincón, o cada momento del transcurrir diario de este barrio de pescadores, no solo se fotografiaron como el viajero que se ha encontrado con un lugar insólito e inesperado, sino que además hacen suyo el paisaje y el paisanaje que comenzaban a compartir.
Son infinitos los recuerdos que podemos apuntar sobre Birgit, que perduraran en nuestras vidas, bellas imágenes que componen fragmentos de su energía vital. Con su cariño nos trasmitió una nueva mirada de lo que era nuestro pueblo, la visión del foráneo que nos enriquece con su perspectiva alejada de nuestro entorno. Afecto, ternura y amistad que dejó en la memoria de cada una de las personas que la atendieron, como Armenia, Sebastiana, Juana, Marisa, Alfonso, Tarita, Eira o Yeya.

Y para éste que rememora, son las evocaciones de mi infancia los que siempre perduran, recuerdos de esa infancia en la primera Casa Sueca, o en su vivienda, en Casa Ake. Recordar es escuchar su voz suave y pausada, y en sus manos, el aroma de las galletas de jengibre. 

Ake Wännman y Birgit Alander. Los Cristianos, 1964