viernes, 17 de enero de 2020

Romería y fiestas de San Antonio Abad. Arona


Bendición del ganado, c. 1950

Romería y fiestas de San Antonio Abad. Arona

El crecimiento del turismo ha creado una masiva urbanización y un desarrollo del sector servicios, lo que conlleva un vuelco en la geografía y en las costumbres tradicionales. Festividades y romerías son referentes en las que perviven manifestaciones de la vida rural, como en la conmemoración del patrono de Arona, San Antonio Abad, antaño festividad, en la actualidad romería, ha variado su aspecto exterior, pero no así su razón de ser, además de devoción al patrón se resuma alegría desbordante, siempre sinónimo de parrandas, jolgorio y hospitalidad. La romería tal como se conoce en la actualidad es una manera de mostrar ciertas peculiaridades de lo que fue la sociedad agraria aronera, no sólo con su recorrido sino además con la organización de múltiples eventos que muestran vestimentas, quehaceres de trabajo y domésticos o juegos tradicionales.
La Romería y Fiestas en honor de San Antonio Abad, Patrón de la Parroquia de su mismo nombre, cuya onomástica es el 17 de enero, ha tenido diversas variaciones en su fecha de celebración. En la actualidad se revive en domingo, normalmente antes del día 20, conmemoración de San Sebastián en Adeje, salvo excepciones como en 1996 cuando la romería se consumó el domingo 21. Si el día 17 no coincide en domingo se oficia una misa, se sale en procesión nocturna por el itinerario de costumbre; las calles de José Antonio Tavío, Domínguez Alfonso, La Luna, Duque de la Torre y se asciende hasta la Cruz de San Antonio. Si ese día 17 de enero es domingo se sube a esta Cruz en el inicio de la romería.
            La festividad de San Antonio Abad se debió instaurar con la erección de la Ermita que se levantó en su honor en la primera mitad del siglo XVII. Y se debió impulsar con la erección en Parroquia en 1796, separándose de la Parroquia de Vilaflor. Con anterioridad a la segunda mitad del siglo XX no abundan las referencias sobre su conmemoración, pero si las suficientes para entender por donde han transitado.
            Al constituirse la Hermandad del Santísimo Sacramento, y según consta en el punto dos de sus estatutos, fechados el 21 de mayo de 1809, se trata de la obligación de los hermanos de asistir a la Parroquia con su hacha y túnica los Domingos del Señor, El Jueves Santo, Pascua, día de la Ascensión, Corpus, Viernes Santo, la fiesta de los hermanos, y los tres días de las principales fiestas de la Parroquia, cuales son el día del Señor de la Salud, el día de la Virgen del Rosario y el día del Patrono San Antonio Abad.
            Por lo expuesto en el documento que se reseña a continuación, la fecha de su celebración debió ser la del 17 de enero, hasta que en 1813 se cambia para el primer domingo de julio, con mejor tiempo y con mayor disposición por haber finalizado muchas tareas del campo, como la recogida y trilla del cereal: En el lugar de Arona de Tenerife, en dies y siete días del mes de junio, de mil ochocientos y trece años, habiéndose congregado el Ayuntamiento y los principales sujetos de este Pueblo, asistiendo igualmente, el Venerable Párroco D. Luis Herrera y Cruz, a fin de señalar un día fijo en que celebrar todos los años en lo sucesivo, según están obligados, la fiesta del Patrono del Pueblo, el Señor San Antonio Abad, dijeron que en atención a que el día dies y siete de Enero, en que la Iglesia celebra la memoria de este Santo trae consigo los inconvenientes de ser en el rigor del invierno en que no pudiendo asistir los fieles como es debido, por causa de las lluvias, se ha dado el caso de hacerse la función con solo los ministros del Altar; y que debiendo contribuir todos los vecinos con sus limosnas para los costos de la función, no puede el Jues realizar la cobranza para aquel día, tanto por ser aquella estación la más penuria e indigencia, como también por los pocos días que median entre el recibimiento del Jues y la celebración de la fiesta, y que por hacerla en aquel día se ha experimentado varias veces, que quedándose mucha parte de los vecinos sin contribuir con lo que deben, se les ha faltado a los Ministros con sus derechos, o han tenido que suplirlos los mismos Jueces, para obiar estos y otros muchos inconvenientes que ocurren, y para que el pueblo pueda cómodamente desempeñar un deber tan sagrado, cual es celebrar la fiesta de su Sto Patrono, con la mayor posible decencia, además de obligarse nuevamente a contribuir cada uno con lo que le corresponda para los costos de la indicada función en cualquier tiempo que se haga, de común acuerdo resolvieron y determinaron que se debe tener y se tenga por día señalado y fijo para celebrar en cada año la fiesta del Sto Patrono, el Domingo primero del mes de julio; y que por ser este día el más propósito, y en que no se encuentra ninguno de los inconvenientes ya dichos, por ningún caso se ha de mudar, ni alterar en los sucesivo. Y que esta determinación se haga saber al pueblo para que queden todos inteligenciados, que además de la santificación y guarda del día que consagra la Iglesia a la memoria de nno Sto. deben contribuir con las limosnas a cada uno corresponda para la celebración de la fiesta en el tiempo y día que queda señalado; igualmente dijeron que se saque copia de esta determinación, y que se le remita al Venerable Párroco de Vilaflor a quien corresponde hacer la expresada función para que colocándola en el Archivo de su Parroquia tanto él, como los que le sucedan estén inteligenciados del día en que debe acudir el Beneficio a hacer la función del Patrono de esta Iglesia. Así lo decretaron y firmaron los que supieron de que doi fé.
            Este documento está firmado por el párroco Luis Herrera y Cruz, así como otros de los que se anotan los legibles: Agustín García. Pedro de Frías. Lorenzo de Frías. Domingo de Frías. Juan Bello. Gonzalo Josef Espinola. Juan de Reberon. Juan Agustín. Antonio Rodríguez Sierra. Juan Antonio Salazar. Ángel de Frías. Blas de Alayón, secretario.
            Con fecha de 1 de enero de 1823 se solicita al párroco información del estado de la Iglesia, por parte del Vicario General del Obispado. El 4 de enero de este mismo año, y en un Pleno Municipal se acuerda los días fijos de Corte, en los cuales deberá concurrir el Ayuntamiento a las funciones y solemnidad a la Misa mayor, formando cuerpo desde la sala consistorial. Documento que se le remite al párroco para una mayor ostentación de las festividades, y en que se anota: La festividad del Santo Patrono, a voluntad del Ayuntamiento. La elección del día en que debe hacercele conforme a un decreto que rige. Sin especificarse el día de su celebración. El párroco José Vignoly al responder al Vicario General expone algunos pormenores de las funciones que se oficiaban. Así se indica que la festividad del Santo Patrono es costeada por el Pueblo, con ejecución de vísperas, tercia, Misa con Dios expuesto y procesión del Sto.
            A finales del siglo XIX se tiene constancia de que la celebración de San Antonio Abad retomó al de su onomástica, como así se anota, en 1889, por el sacerdote Julio Mendoza Morera en la relación de las actividades religiosas que se oficiaban en la Parroquia de San Antonio Abad: Día diez y siete de Enero San Antonio Abad Patrón de esta Parroquia con misa solemne y sermón.
            O como las extensas referencias del párroco Ángel Serra Cortina, con fecha de enero de 1915, y donde se reseña la procesión que se vuelve a realizar.
            Para anunciar esta fiesta, el domingo antes, a las doce del día, se echan unos cuantos voladores, se hace un repique de campanas, y se pone la bandera española en el campanario.
            A las doce del día antes de la fiesta, se hacen tres repiques de campana, a vísperas dos, y a la oración uno. El día diez y siete, al alba se hacen dos repiques de campana y se echan unos cuantos voladores.
            A las ocho, nueve y diez, se hacen los mismos repiques que los domingos. A las diez en punto de la mañana, empieza la Misa solemne con exposición del Santísimo, y sermón. Terminado este, el Párroco desde el pulpito da cuenta a los fieles de lo recaudado y gastos de cera, voladores y adornar la plaza. Para sufragar estos gastos, dos domingos antes de la fiesta, se nombran desde el pulpito, proveedores que recorran los vecinos del pueblo, y pagos de Tunes, Vento y Sabinitas. Concluida la Santa Misa, sale el santo en procesión alrededor de la Iglesia. También se hacen en la plaza algunos arcos de palma. Esta procesión hacia muchos años que se había omitido.
            La costumbre de recaudar para la fiesta y dar cuenta a los fieles de lo recaudado y gastos de las fiestas, ha sido introducida por el que suscribe.
            Estos festejos volvieron a adquirir relevancia a comienzos de los años cuarenta, cuando se constituye la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Arona. Así el domingo 23 de enero de 1944 se organizan diversos actos para celebrar este día, a los que asisten el Obispo de la Diócesis y el Gobernador Civil de la Provincia. Por la mañana se ofició una misa con panegírico del párroco de San Juan de La Orotava, Jesús Cabrera Medina. Después de esta misa se bendijo una Imagen del Cristo Crucificado, que se trasladó en procesión al Cementerio, y un altar, que se ha construido con la aportación de los fieles, debido a la celosa gestión del señor cura párroco don Jorge Hernández Rodríguez.
            En esta década de los años cuarenta y posteriores era costumbre que una vez finalizada la misa se partía en procesión por el trazado actual, con los animales en primer lugar y después la Imagen. Al regreso, al llegar a los escalones de entrada de la Parroquia, la Imagen de San Antonio se detenía y los animales transcurrían por delante de ella para recibir su bendición. La persona que ostentaba el honor de realizar la ofrenda mantenía el acetre de agua bendita, en la que el sacerdote moja el hisopo. Después del acto religioso la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Arona organizaba una comida en su local social que estaba ubicado en la calle Duque la Torre.
            En 1949 esta festividad se vuelve a celebrar en su día natural, el 17 de enero, en este caso lunes. Son años donde era usual organizar un encuentro de fútbol entre el Atlético Arona y algún que otro equipo de la zona. Y de manera sobresaliente, se comenzaba el día de San Antonio con una exposición de ganado, en la que recibían premios aquellos animales más destacados.
El programa de 1949 fue el siguiente: Con motivo de la festividad de San Antonio Abad Patrón del pueblo y de la Hermandad de Labradores, durante los días 16 y 17 se desarrollarán en esta localidad diversos festejos, conforme al siguiente programa:
            Domingo, día 16.- A las 10 de la mañana, función religiosa en honor del Santo Patrón. A las 4.30 de la tarde, encuentro de fútbol entre los dos equipos del Club Deportivo Atlético Arona. A las seis, bailes amenizados por la orquesta de Granadilla, y diversos regocijos populares. A las 8.30 de la noche, nombre del Santo Patrón de la S.D.M. y sermón a cargo del elocuente orador sagrado, Rvdo Padre Andrés S.J.
            Lunes, día 17.- A las 8.30, misa rezada. A las 10, exposición de ganado repartiéndose por la Hermandad Sindical Valiosos premios. A las 11.30, solemne función religiosa con vestuario y sermón a cargo del Rvdo Padre Andrés S.J. A continuación, procesión del Santo Patrón, terminándose con la bendición de los animales en la plaza de la Iglesia. A las 4.30 de la tarde, encuentro de fútbol entre el equipo Atlético Arona y el Águilas de Adeje. A las 6 de la tarde, exhibición de bailes típicos. A las diez de la noche, verbena amenizada en la plaza por una atractiva orquesta de la capital.
            Nota.- El Jefe de la Hermandad y la Comisión de fiestas encarece vivamente a los señores patrones y demás poseedores de ganado, no solo del término municipal de Arona, sino también de los pueblos circunvecinos, asistan a la exposición de ganado que como queda dicho tendrá lugar el lunes 17 de enero, a las diez de la mañana. Dicho Jefe era Eugenio Domínguez Alfonso.
El día se solía rematar con bailes en la plaza, en palabras del jesuita Martín Brugarola: todo era esparcimiento y alegría. Bailes típicos en la plaza, parranda de galanes y cantadores en las calles, comedias en el corral de los Domínguez de Villareal, pasillos, cabalgatas, etc.. Y la fiesta terminaba con un solemnísimo “Nombre” al Santo del que todos salían henchidos de entusiasmo. Así era la fiesta de San Antonio Abad en Arona, cuando Arona mereció el lindísimo remoquete de “la Atenas del Sur”, fiesta que ahora, año tras año, va recobrando su antiguo esplendor.
El 5 de febrero de 1950 estuvo en Arona el jesuita Martín Brugarola, donde impartió una conferencia en el local de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos; y donde se le facilitó la información que ya en parte había sido publicada el año anterior. En 1961 divulgó en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares un artículo sobre la ofrenda del trigo en esta festividad de San Antonio Abad.
La ofrenda la hacía siempre uno de los más ilustres caballeros del pueblo, el que mayores pruebas había dado de defender la causa de Dios y los fueros del señor San Antonio. Ahora se recoge a uno de los labradores de más prestigio, y, como antes, marca la ofrenda el punto culminante de las fiestas.
En el momento del ofertorio de la misa solemne, tres ángeles del altar, revestidos de preciosas galas, portan las bandejas, dos de plata y una de cristal, desde la mesita en que están depositadas, fuera del presbiterio, hasta las gradas del retablo mayor. Una de esas bandejas se ofrece por Los Altos; otra, por Las Medianías, y otra, por Las Costas.
Sigue a los ángeles el labrador que va a hacer la ofrenda, llevando en la mano izquierda un rollo en que contiene el texto de la ofrenda; y en la otra, la derecha, una vara de plata rematada en espigas y pámpanos de vid, símbolos del destino que va a tener la ofrenda.
En la bandeja de cristal se portaba la ofrenda de las medianías, donde solían vivir los más distinguidos caballeros y los regidores del Municipio, su bandeja era de cristal, para indicar dos cosas: la transparencia de sus intenciones y la humildad de sus propósitos.
La lectura de la ofrenda la realizaba un labrador, el cual leía el siguiente texto:
Señor y Dios nuestro: Tú que gloriosamente eres labrador, como lo has manifestado a los hombres, porque tuya es la tierra y tuyos los frutos que produce ...
Tú, que formas las nubes y las esparces según la voluntad de tu justicia, para premiarnos si somos buenos o castigamos si somos malos ...
Tú, que has concedido a la Agricultura, para enaltecerla, el honor más grande con que pudo soñar, que es el servir al sacerdocio la materia propicia para el Augusto Sacramento, manjar de nuestras almas ...
Señor, por tus bendiciones, por tu promesa de bienaventuranza, por las gracias que nos concedes y los favores que nos dispensas... Por todo, dígnate recibir la ofrenda del trigo que a tus pies depositamos en reconocimiento de tu poder y supremo dominio sobre todas las cosas y en testimonio de la gratitud que te debemos por los constantes beneficios recibidos.
Con la ofrenda del trigo, aceptad también, Señor, la de nuestros corazones, unidos en hermandad de amor a tu casa, con la promesa de ser fieles a tus leyes y a las de la santa madre Iglesia, inspirados en el ejemplo de sacrificio y de santidad que nos dio nuestro excelso Patrono, San Isidro Labrador, que con Vos y Jesucristo, Redentor nuestro, vive y vivirá siempre por los siglos de los siglos.
El sacerdote procede a la bendición de la ofrenda, a cuyo final expresa: Con gozo santo, en nombre de Dios nuestro Señor, acepto el don que le ofrecéis. Merezca él sobre vosotros, labradores [y ganaderos] hermanos, la protección del Cielo. Guardaré como un tesoro este trigo, para que le cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, en el cual se convertirá un día por las palabras de la consagración, sea fuente de gracia, alimento de vuestras almas, fortaleza de vuestro espíritu y viático de vuestro viaje a la eternidad en la hora de la muerte. A lo que el labrador responde: Así sea, para después descender al sitial que ocupaba.
            Después se celebraba la procesión, a cuya finalización se bendecía el ganado, en la que el labrador que había realizado la ofrenda mantenía el acetre con el agua bendita en la que el sacerdote moja el hisopo. Después se procedía a la Puja del ganado, y continuando con la narración de Martín Brugarola: Antes los señores más ricos se disputaban dos o más reses pertenecientes a sus medianeros o labradores pobres, y de este modo se premiaba el estimulo y el afán de mejorar el ganado, teniendo siempre ejemplares preciosos. 
            En 1950, segundo año de su restauración, se celebra el martes 17 de enero. Desde las páginas de Alas de fé se clama por la necesidad de instaurar una organización interna con la cual mejorar su celebración:
            Primera: la fiesta de San Antonio Abad es la fiesta del Patrono de Arona. Por tanto no es ningún señor en concreto, ni ninguna Entidad en particular, la que tiene que dictaminar sobre el caso, ni imponer su voluntad contra la voluntad popular.
            Segunda: Es el Párroco, asesorado y secundado por la comisión que tenga a bien nombrar, é único, con autoridad propia, que puede y debe trazar las líneas definitivas de la Fiesta y autorizar la publicación de sus programas.
            Tercera: Todo el pueblo, desde el alcalde hasta el último habitante de Las Galletas, debe ponerse a disposición del Señor Cura, y ofrecerle, no sólo sus donativos, sino su cooperación personal, por si la necesitase.
            Cuarta: Como fiesta del Patrón del Pueblo, el Ayuntamiento está particularmente obligado a cooperar en los gastos y brillantez de la Fiesta, ya que el Ayuntamiento es la más genuina representación del pueblo. Las atenciones para con los forasteros y los agasajos o brindis que hayan de hacerse a las personas de categoría que asistan a la fiesta, deben correr a cargo del Ayuntamiento y dispensarse en sus salones y dependencias.
            Quinta: Cualquier entidad que quiera asociarse a la fiesta y hacerla secundariamente suya, será admitida a este noble propósito sin voz ni voto, sino aceptando las condiciones que se le impongan.
            Sexta: la Comisión elegida organizará la Romería, el desfile de los animales, el concurso de premios, el nombramiento del jurado, y cuantos detalles y pormenores conduzcan al mayor esplendor de la fiesta.
            Estas son las ideas, que, llevadas honradamente a la práctica, habrán de constituir para ahora y para el futuro el verdadero código y reglamento de la fiesta popular y patronal de San Antonio Abad.
           
Festejos de San Antonio Abad, 1997

Con las diversas informaciones que se han podido encontrar se va completando un poco más la información necesaria para comprender mejor su evolución. Así en la celebrada el jueves 17 de enero de 1952 realizó la ofrenda del trigo al santo patrono el Alcalde Juan Reverón Sierra, y las entrega de bandejas de trigo procedentes de los altos, medianías y costas, donados por los señores don Pedro Casals Valero, don Agustín Alfonso Frías y don Diego Reverón Tacoronte. Una vez concluida la misa se realiza la procesión, le bendición  y el concurso de ganado. A las dos de la tarde la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos ofrece un refrigerio y la tarde y noche se remata con los altavoces Algongo.
            Y de esta manera siguió realizándose hasta la década de los años setenta. En 1971 se celebró el sábado 17 de enero. Este año se emite una invitación por parte de Eugenio Domínguez Sierra, Presidente de la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Arona, en la que se especificaba los actos a realizar: Misa al Santo Padrón. Terminada la Misa, bendición del ganado, donde se otorgaran premios a los mejores ejemplares. Terminados los actos, la Hermandad dará un vino español a las autoridades, labradores y ganaderos. A mediados de esta década de los setenta la comida se comenzó a organizar en la plaza y el 17 de enero de 1976 se bendijo una nueva cruz, en la Cruz de San Antonio, al lado de ese viejo camino de herradura que comunicaba Arona con Vilaflor.
            Con motivo del Bicentenario de la Parroquia de San Antonio Abad, celebrado en 1996, y del Ayuntamiento de Arona como Entidad Local, entre 1998 y 1999, se efectuaron  diversas actividades conmemorativas para resaltar estos acontecimientos. Así el miércoles 17 de enero de 1996 se efectuó, durante el oficio religioso, la Ofrenda del Báculo y Corona a San Antonio Abad por la Corporación Municipal, tal como consta en su programa de mano de ese año, después de la cual se verificó la procesión nocturna con ascenso hasta la Cruz de San Antonio. El viernes 19, de este mismo año, así como 18 de enero del año siguiente, se organizó un Acto Folklórico “Homenaje a San Antonio Abad”, a cargo del Grupo de la Escuela Municipal de Folklóre.

Festejos en San Antonio Abad

            
En estos años de finales de la década de los noventa se promueven actividades que impulsan los festejos como exposiciones de vestimenta tradicional, de pintura o fotografía, muestras de artesanías o homenajes a la Tercera Edad. El primer Baile de Magos se celebró, en el antiguo cine, el sábado 17 de enero de 1998. Y la primera vez que se opta por la elección de Romera de estos festejos lo fue en 1999, eligiéndose entre nueve candidatas que habían sido reinas de otros tantos lugares en el Municipio durante el año anterior. Por Arona, Vanessa González Afonso. Buzanada, Silvia Rodríguez León. Cabo Blanco, Idaira Morales Mesa. La Camella, Ana Delia Hernández. Las Galletas, Desiré Suárez. Guaza, Leticia Martín Miranda. Valle de San Lorenzo, Mª del Carmen Pérez García. Villa Isabel, Gloria Esopi León. Y la representante de Los Cristianos, Cristina Monreal Alayón, que resultó elegida Romera de San Antonio Abad. Y fue al año siguiente cuando También se elige a la representante de la Tercera Edad.


 Texto publicado en: BRITO, Marcos: Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones, 2006.
 








sábado, 11 de enero de 2020

Vehículo de servicio público en el Valle de San Lorenzo. 1955

Vehículo de servicio público en el Valle de San Lorenzo. 1955.
El párroco, Manuel Liébana y Miguel Carballo

Las adjudicaciones de licencias para ejercer con auto-turismos, después denominadas de auto-taxi, se comenzaron a conceder en Arona a finales de la década de 1950. Algunas de ellas lo fueron por Resolución o Decreto de Alcaldía, y de otras no se ha podido precisar el momento de iniciar su actividad. El primer Pleno de la Corporación Municipal en el que se conceden, lo fue en el de 14 julio de 1965. Se adjudican 4 licencias, que recaen en: Ramón Martín Cabeza; José Mesa García, quien no llegó a desempeñar esta labor; Domingo Martín Fumero; y Francisco Reverón García.
Pero además, con anterioridad a esta regularización existieron en el Municipio diversas personas que ejercieron este servicio. Se tiene constancia por otros documentos, y además por tradición oral, de vehículos que cubrían los escasos desplazamientos que se efectuaban en esos años de recesión económica, en los que trasladarse en taxi era un artículo de lujo, y para lo cual lo frecuente era efectuarlo en grupo. Surge el coche pirata, vehículo particular que trasladaba a los vecinos a atender alguna urgencia, al arreglo de papeles a la capital o a fiestas y más tarde al cine.
Los propietarios de uno de estos vehículos fueron Tomás Díaz Hernández y Ignacio Delgado Alayón, en el que trabajaron como chófer, Miguel Carballo y Manuel García, El Rubio.


DOCUMENTACIÓN: BRITO, Marcos: El acontecer del taxi en Arona. Llanoazur ediciones, 2011.


miércoles, 8 de enero de 2020

José Díaz Hernández y la saga de Los Herreros



José Díaz Hernández. Valle de San Lorenzo, 2006


José Díaz Hernández y la saga de Los Herreros

Las veredas de la tradición nos lleva a frecuentar oficios que han perdido su manera de entenderlos, de ejecutarlos, como el de los herreros, de esta familia del Valle de San Lorenzo, en Arona, que a través de tres generaciones ejercieron este quehacer, y que además han llevado, y llevan este apodo, que incluso ha sido el motivo que la zona donde han vivido, en el Toscal Arriba, se denomine en la actualidad como el  Toscal de los Herreros.
Oficio que se aprendió de padre a hijo, como así lo inició uno de los hermanos que ha cerrado este oficio de la saga de Los Herreros. José Díaz Hernández [Valle de San Lorenzo, 1922 - 2018], recordaba buena parte del transitar de su abuelo y de su padre por estos menesteres. Y yo estorbándoles a trabajar, aprendí yo solo, hacía barras, hacía azaditas y yo finchaba allí, finchaba en la fragua los hierritos. Cuando yo empecé haciendo esa cosas, y mi padre fue a comer, no sé que edad tenía, si diez años, si once años, mi padre se fue a comer y dejó la fragua allí encendida, los martillitos desos de labrar cantos y entonces yo empecé aguzar el martillo, yo solo aguzando el martillo, hasta que llegó estaba aguzando el martillo, lo miró y después él lo templó. Después ya me explicó la cosa de la tiemple, como había que jacer pa templar, al otro domingo ya me quedé gusando, gusaba picochos, gusaba taladros, y después me fui pa la carretera, cuando acabó la guerra tenía diecisiete años, por áhi, la carretera de La Centinela, en Tierra Negra en San Eugenio, hay estuvimos aguzando las herramientas. Antes no había perforadoras, ni había nada sino marrón, taladros y picochas, en la misma carretera teníamos la fragua.
El primer herrero fue José Díaz León, José el Herrero, natural de Jama, Vilaflor, que llega al Valle del Ahijadero para casarse con Adelaida Hernández Alfonso y establecerse como herrero por lo menos desde 1890, según consta en el censo electoral de ese año, con esta profesión y con 33 años de edad. Años de dificultades para conseguir aprovisionarse de los materiales precisos para ejercer esta profesión, que los tenía que conseguir en Santa Cruz de Tenerife. Para lo que se trasladaba caminando a Vilaflor, allí pernoctaba y en la madrugada partía por la cumbre, adquiría lo preciso para su labor, lo depositaba en el muelle y regresaba otra vez a pie. En barco le traían la carga hasta el desembarcadero de Los Abrigos, a cuyo lugar la iba a buscar en bestias o camellos. Mi abuelo primeramente iba andando por aquí, se quedaba en Vilaflor, cas señor Antonio Cano y después seguía pa Santa Cruz y después las cosas le venían en braco a Los Abrigos y después en camellos traíban el hierro y el carbón parriba, hasta cuando vino la cosa de los camiones.
En el censo electoral de 1913 se inscriben como herreros a José Díaz León, de 56 años, y a su hijo José Díaz Hernández, de 25 años de edad. Al primero se le recoge en el padrón de habitantes de 1926, ya contando 69 años, casado con Adelaida Hernández Alfonso, de 73 años, y con el hijo Cristóbal Díaz Hernández, soltero y de 35 años que también ejercía el oficio de herrero. Asimismo con esta profesión se registra a su otro hijo, José Díaz Hernández, Pepe el Herrero o Pepe el Cojo, por poseer ese defecto físico, casado con Ángela Hernández Delgado.
Estos últimos son los padres de cuatro hijos, tres de los cuales han perpetuado el apodo: Ángel el Herrero, Juan el Herrero, José el Herrero o José Rubio, y Ángela Díaz Hernández. Y con ellos se ha perdido lo que motivó este sobrenombre, esa profesión de yunque y golpe, de calor y frío, de fuerza y destreza.
José Díaz Hernández, se le conoce, se le nombrará siempre, por Rubio o por el Rubio del Toscal, por ser de tez clara, y para diferenciarlo de otros con igual sobrenombre, tal como relataba, nací rubio, dicen, el Rubio del Toscal. Porque estaba el Rubio de la Vera, el Rubio de la Hoya y el Rubio del Toscal. Reseña a José García Domínguez, natural de La Vera, y a José Melo.

José Díaz Hernández. El Roque, c. 1970

José Rubio prosigue con sus recuerdos ilustrando la dura labor de este olvidado oficio, comenzó estorbándolos, estorbándolos, forjando lo que veía hacer, jugando a ser mayor, recreando lo que después fue su profesión y su pasión. Y recrea algunas de las labores que realizaron, como confeccionar las barras para el duro trabajo de las carreteras o de la cantería, compraban el hierro para formarlo y añadirles la punta de acero. O las rejas, forjadas según la fuerza del animal con que se iba a arar. Pequeñita para un burrito, para un caballo un poquito más grandita, después pa un camello un poquito más grande y después pa una yunta de vacas ya era una reja más grande, arreglado a la fuerza del animal.
La utilización de un tipo u otro de carbón también marcaba ciertas pautas de trabajo, era preferible el carbón mineral, pero si no se conseguía se usaba el vegetal y en algunos casos leña. El carbón vegetal no da calorías bastante, nosotros usamos hasta con estacones de esos de los tomates, estacones si no conseguíamos carbón. María Cecilia salía a juntar estacones dallí en San Eugenio, los sembraban de tomates y después quedaban estacones botados  y pedazos de estacones, para eso pa agusar la herramienta. Cuantas veces agusábamos con carbón de retama.

Por las manos de José Rubio, y la de su abuelo, padre y hermanos, han pasado una buena parte de las rejas de los arados, de herramientas para múltiples labores, de las herraduras de caballos o mulos, de las chapas para las vacas,  o un sinfín de modelos de clavos, que se han utilizado en esta parte del Sur en la que le reclamaban sus trabajos, sobre todo por los municipios de Granadilla, San Miguel, Vilaflor, Arona o Adeje. Asimismo crearon herramientas para las canteras de piedra chasnera o de cantos y cuando comenzaron a llegar los primeros camiones adaptaron su habilidad para elaborar las barandas de hierro. Y todo ello, golpe a golpe, dándole forma al hierro a base de fuego y destreza, de maestría y paciencia.

José Díaz Hernández. En su taller en el Toscal de los Herreros, 2013