lunes, 14 de mayo de 2018

Luis Cano Díaz. Origen del apodo CAÑÓN en Vilaflor


Emilio Cano Quijada, Emilio Cañón, con niño en brazos. Calle del Medio, Vilaflor 


Luis Cano Díaz. Origen del apodo Cañón en Vilaflor
 
Luis Cano Díaz era aficionado a la caza, práctica que motivó su apodo, Luis Cañón. Como relata su hija Clara Cano Quijada, a mi padre lo llamaban Luis Canón, porque mi padre era cazador, y era de escopeta. Después si hablaba con los amigos, decía: mira, ¿puedes creer que con un tiro maté dos perdices? Porque hice pum, pum, y se quedó el Cañón. Asimismo por este apodo se cita algunos hijos de Luis Cañón, como Emilio Cañón, Julián Cañón o Daniel Cañón.
El apodo de Luis Canón está reseñado en una denuncia impuesta, en La Orotava a 26 de julio de 1933, por el Guarda Municipal de Montes, Domingo Dorta, por sorprender a cuatro bestias que transportaban a lomos 12 sacos de carbón, conducidas por los que dijeron llamarse Manuel Quijada, hijo de Emilio, y Daniel Cano Quijada, hijo de Luis Cano, mejor conocido por Luis Cañón.
En el Padrón Municipal de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1910, Luis Cano Díaz consta inscrito en la Calle del Medio, la actual calle Guatemala, con 34 años de edad y de profesión propietario. Casado con Ceferina Quijada Rivero, de 29 años y su casa. Y con sus hijos: Natalio, de 6 años; Victoria, de 4 años; y Eulalia, de 1 año de edad. En el Padrón Municipal de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1930, esta familia continúa residiendo en la Calle del Medio; Luis Cano Díaz se anota que nace el año de 1877; y Ceferina Quijada Rivero en 1883. Y sus hijos: Julián, que nace en 1912; Eulalia, en 1910; Daniel, en 1915; Emilio, en 1917; y Clara, en 1921.


Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones.


martes, 1 de mayo de 2018

Miguel García Domínguez, MIGUEL LA VERA. Nombrete en el Valle de San Lorenzo

María Martín Tejera, María la Grande, y Miguel García Domínguez, Miguel la Vera


A Miguel García Domínguez se le nombra por Cho Miguel de La Vera o Miguel la Vera, por el lugar donde vivía, en La Vera, en Llano Mora, en el Valle de San Lorenzo. Ejercía en este pago su profesión, zapatero, como así consta en los censos electorales de finales del siglo XIX. Asimismo se inscribe en el Censo de Población de Arona, a 31 de diciembre de 1920, cuando cuenta con 55 años, junto a su esposa María Martín Tejera, María la Grande, de 48 años, y sus hijos, Gregorio, de 24; María, María la Chica, de 18; Abel, de 15; y Antonio García Martín, de 9 años. Su nombre también estuvo ligado a una tienda que tenían en El Pinito, tal como se anota en la Matricula General de la Contribución Industrial del año de 1925, que regentaba su mujer y que ya no se registra en la de 1930. Asimismo su apodo se perpetuó con la denominación de un granero, ubicado en El Pinito y conocido por el Granero de Cho Miguel de La Vera.
        

Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Y Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones.




miércoles, 18 de abril de 2018

Dolores García González, doña Lola, y sus múltiples labores en el Valle de San Lorenzo

Dolores García González   


Dolores García González,
doña Lola, y sus múltiples labores en el Valle de San Lorenzo

Dolores García González, doña Lola, fue una persona con grandes inquietudes sociales, ejerció de maestra cuando no existía la escuela de niñas, de costurera, organizó banquetes de bodas, siempre dispuesta a prestar ayuda, además de redactar y adaptar numerosas comedias, con las que recaudar fondos para un sin fin de obras benéficas y caritativas.
En el Censo de Población de Arona, a 31 de diciembre de 1920, Dolores García González se encuentra inscrita en el Valle de San Lorenzo, contaba 36 años y de profesión sus labores. Casada con Eliseo Bello Pérez, de 39 años, natural de granadilla de Abona y ausente en Cuba. Y sus hijos: Consuelo, de 14 años; Guillermo, de 10 años; Nicolás de 8 años; y Ana Bello García, de 6 años. Con residencia en el Cabo de Abajo.
En el Padrón Municipal de 1924 se registra a Dolores García González como cabeza de familia, con su esposo, Eliseo Bello, ausente en Cuba; y sus hijos, Guillermo, Nicolás y Ana. Su hija Consuelo Bello García consta inscrita en su unidad familiar, casada con Zenón Hernández Tejera, de 35 años, encontrándose ausente en Cuba; y con su hija María Hernández Bello, de 3 meses.

Dolores García González, a quien vemos junto a su marido Eliseo Bello Pérez y una de sus nietas, Dolores, en una fotografía obtenida en el exterior del conocido por salón de Cortés, 
a finales de la década de 1950.

La iglesia de San Lorenzo Mártir se traslada de La Fuente a El Natero, su emplazamiento actual, entre los años de 1923 y 1924, inaugurándose para las fiestas de este último año. Los festejos más frecuentes en La Fuente era la misa y la procesión por los alrededores de la Ermita. En un pequeño llanito de tosca, que existía al norte de la sacristía, se organizaban bailes al son que marcaba el acordeón del Ciego del Valle o de la guitarra del Brujo de Adeje; se colocaban los ventorrillos y se representaban las comedias.
Hay que resaltar la labor realizada en la preparación y dirección de estas comedias, tanto por Dolores García González como por su hija Ana Bello García, y que se siguieron representando en la nueva ubicación de la Iglesia, en El Natero. Estas comedias, escritas y dirigidas por doña Lola, eran representadas por aficionados del Valle de San Lorenzo. Asimismo organizó un baile de cintas cuando la Iglesia se encontraba en La Fuente.
Otra labor que ejerció doña Lola, fue la organización de los banquetes de bodas. La preparación de las bodas adquirieron cierta notoriedad entre diversas vecinas del Valle de San Lorenzo se dedicaron a este menester, como Dolores García o su hija, Ana Bello García.
Eran un encuentro, un acontecimiento gastronómico, pero más aún un encuentro familiar, un acto social. Los familiares, los vecinos, en suma los más allegados, participaban en los preparativos de la celebración, una participación que podríamos denominar de ida y vuelta. Se colaboraba con la elaboración de las comidas, en algunos casos aportando incluso los alimentos; se ayudaba a completar la mantelería o los cubiertos, que iban marcándose, según entraban en el lugar donde se realizaba el festejo, con esparadrapo con algún número o letra. Para esos allegados y para aquellos que no pudieron asistir se les preparaba alguna bandejita de dulces, bien al finalizar la celebración o en los días posteriores.

Dolores García con un grupo de alumnas. Cabo Abajo


Otra faceta en la que era reconocida su maestría fue como costurera, que en días de fiestas tenían que alargar la jornada a base de velas y quinqués, es recordada su peculiar manera de tomar medidas, con una tira de tela a la que le realizaba diversas marcas con las que se guiaba a la hora de marcar y cortar.
Y todo esto en un pago donde la situación educativa continuaba padeciendo su falta de infraestructuras, sólo existía una escuela de niños, hasta que en 1930 se crea la de niñas, que se instala en El Pinito. Carencia que se suplía con las clases particulares de Dolores García, doña Lola, en Cabo Abajo; José Estalayo, en La Hoya; o José Sánchez, que las impartió en El Llano.
Doña Lola, a la que no conocí, pero de cuya persona se han escuchado elogios de todo tipo, tanto en sus dedicaciones profesionales, como en las personales, siempre dispuesta a prestar ayuda a cualquier necesitado. Los recuerdos de los que la conocieron brotan en aprobaciones, a través de ellos permanece el pasado, al que cada cual le ha aportado su grado de nostalgia.




Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones.