domingo, 4 de julio de 2021

Calle Domínguez Alfonso. Arona

 

Calle Domínguez Alfonso. Arona

 

Esta calle se denominaba Calle Nueva; todavía conserva su nombre, en cerámica, incrustado en la pared de la primera casa, recorriéndola desde el sur; hasta que se cambió su designación por la de Domínguez Alfonso, en el Pleno Municipal celebrado el 28 de enero de 1917, bajo la Presidencia de Antonio Fraga Tavío, en honor a la memoria del finado: Antonio Domínguez Alfonso, abogado y político de gran renombre, que nació en Arona en 1849. Durante casi cuarenta años poseyó una gran influencia en la vida social y política, regional y nacional. Fue elegido en seis ocasiones como Diputado por Tenerife, por primera vez en 1879. Además, destacar de sus extensas ocupaciones, su estancia de cinco años en Filipinas, donde ocupó los cargos de Gobernador de Manila e Intendente General de Filipinas; y su elección, en dos ocasiones, como Senador en representación de la provincia de Canarias, la última pocos meses antes de su muerte, acaecida el 28 de diciembre de 1916.

La fotografía tomada desde la parte sur de la calle se publicó en la revista Hespérides de septiembre de 1927, en la que se contempla, a la izquierda, la que se conoce como la casa de Antonio Domínguez Alfonso, sobrino del anterior; y a continuación la que fue de María Amalia Frías Domínguez, con la palmera que la identifica claramente. A la derecha estaba la escuela de niños y la casa del maestro. Al fondo se aprecia la trasera de la Parroquia de San Antonio Abad, detrás del conocido por “árbol de Pepe Almeida”.

 

Documentación: BRITO, Marcos: Arona en el recuerdo. Llanoazur ediciones, 2001.

 



 

domingo, 20 de junio de 2021

San Borondón, en San Juan por la costa de Las Galletas

 

 
Imagen publicada en la Historia de Canarias de José de Viera y Clavijo

 

San Borondón, en San Juan por la costa de Las Galletas

 

La leyenda de San Borondón surge cuando el fraile irlandés San Brandán de Cloufert (480-576) decide emprender un viaje en busca del paraíso, en él encuentra una isla movediza que en realidad era una ballena. La identificación de esta isla como una de las nuestras comienza a formarse a partir del siglo XV. Esta octava isla conforma un capítulo importante en nuestra historia, son numerosos los autores que le hacen referencia: Espinosa, Abreu Galindo, Nuñez de la Peña, Viera y Clavijo, Chil y Naranjo, Agustín Millares, y un largo etc. Leyenda que esta anclada en el alma del canario, además de los historiadores citados sería interminable enumerar los literatos, pintores,..., que en algún momento de su creación han tomado esta isla como referencia.

En nuestra tradición San Borondón se entremezcla con el día de San Juan, con el solsticio de verano y si nos aferramos a este tiempo sur su avistamiento ha sido frecuente desde la costa de Las Galletas. Algunos de nuestros mayores, como es Salvador González Alayón, recuerdan las versiones de sus padres y abuelos sobre esta isla. Ya Juan Bethencourt Alfonso en “Costumbres populares Canarias de nacimiento, matrimonio y muerte” recoge este avistamiento desde Las Galletas en el día de San Juan, cuando hay una mejor visión. También lo recoge por la Punta de Abona, pero en este caso la pueden ver los que van en barco. En El Fraile, donde existe una calle con el nombre de San Borondón hemos recogido un testimonio directo. Alberto Barrera Barrera estaba trabajando, hace unos veinte años, en los tomates de la finca de Entrecanales, cuando en la mañana de San Juan contempló, junto con Antonio González Serafín, la isla encantada. Eran alrededor de las diez de la mañana cuando miraron hacia el mar y pudieron ver una roca negra, del tamaño del Roque de Garachico, la contemplaron un rato y después se cubrió de agua y desapareció. También Rosario Domínguez apuntaba que por San Juan, y también en algunos días del invierno, se puede ver de Punta Salema hacia fuera, una bruma espesa, oscura, grande, como si tuviera una isla debajo, se puede ver a la salida del sol, después se va diluyendo.

El día de San Juan miremos al mar, contemplemos como baila el sol en el horizonte, se mueve como las agujas del reloj, y busquemos la isla deseada, nuestro deseo de isla.

Sobre San Borondón es el poema de Gabriel Rancel González: Filosofar campesino. Desde Punta de la Rasca. Llanoazur ediciones, 2007.

San Borondón

Cuando yo vine de Cuba

por San Borondón pasé

y al son de mi guitarra

un joropo le canté.

Yo miro al atardecer

entre La Palma y El Hierro

y te veo isla mía

como un trocito de cielo.

Isla de San Borondón

yo no te puedo olvidar,

estás metida en mis sueños

en mis sueños siempre estás.

La isla de San Borondón,

para poder contemplarla

hay que ser buen soñador

y saber imaginarla.

Mi padre me lo decía

que se veía bonita,

allá por el horizonte

mirando la tardecita.

Mi San Borondón bonito,

mi San Borondón precioso

quien pudiera disfrutar

de tus rincones hermosos.

Pongo mi imaginación

a volar sobre su cima,

y veo profundos valles

rodeados por colinas.

Isla de San Borondón

isla desaparecida,

dime cual es la razón

para que estés escondida.

Sueño con tus palmerales

con tus playas y tus fuentes

y también tengo en mi mente

el arrullo de tus mares.

Adiós mi San Borondón,

adiós mi isla querida

que los sueños, sueños son

y soñar contigo es vida.

 


 

RÁNCEL GONZÁLEZ, Gabriel: Filosofar campesino. Desde Punta de la Rasca. 2007. Ed. en B/N, port. a 4T, formato 21,5x15,5cm. 150 pág.

ISBN: 978-84-935650-0-8

Poeta serio, contundente y convincente que escribe desde lo más profundo de su ser y canta la degradación ambiental, el consumismo, la inmigración, la falta de tiempo de los padres para relacionarse con sus hijos/as, la situación de la mujer, el desarrollo de la Democracia, la pérdida de nuestra identidad, de nuestro léxico… Esboza en su poesía una estructura social y política que considera injusta, no por casualidad, sino como resultado del sistema económico dominante. Conoció los malos tiempos, la aridez y laboriosidad del agricultor. Quería una transformación y la busca a través de la poesía, poesía sin rebeldía. Esto le hace ser un gran maestro, el formador de formadores, tan preciado en los tiempos que nos ha tocado vivir.

sábado, 5 de junio de 2021

María Pérez González en el proceso de unir rosas. Valle de San Lorenzo

 


María Pérez González en el proceso de unir rosas. Valle de San Lorenzo

 

Como muchas mujeres del Valle de San Lorenzo, María Pérez González realizó labores de confección de rosas, y de unirlas para la confección de paños, para un sinfín de utilidades, tal como se le aprecia en una fotografía, obtenida en la década de 1920.

Lo usual era que la persona que comercializaba las rosas o rosetas facilitara el hilo a la que confeccionaba las rosas, productos que recogía y se encargara de unirlas y elaborar los paños.

El Censo de la Población de Arona, realizado en diciembre de 1920, En el Padrón de habitantes María Pérez González consta registrada en el Valle de San Lorenzo, contaba 26 años y su profesión: sus labores. Hija de Rafael Pérez Valentín, labrador, señor Rafael, el de La Cabezada y de Salomé González Sierra, sus labores.

En el Padrón Municipal de 1924, María Pérez González ha formado otra unidad familiar, casada con José García Torres, de 40 años y ausente en Cuba, y con una hija, María Luisa García Pérez.

 

Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones.

 


 

 

jueves, 20 de mayo de 2021

Herminia Melo Rodríguez, rosetera




Herminia Melo Rodríguez, rosetera 

Herminia Melo Rodríguez residía en Los Cristianos, casada con el pescador Agustín Alayón Gómez. Habitaban una modesta vivienda atracada a la orilla de la mar, a la que en mareas altas casi llegaba a acariciar sus paredes. En el Censo de la Población de Arona, para el año de 1920, Agustín Alayón Gómez tenía 44 años de edad y Herminia Melo Rodríguez, 31 años; y sus hijos: Agustín, Manuel, Encarnación y Lorenzo, contando entre los 13 y 3 años. “Otra de las ocupaciones por donde se mueven manos femeninas eran las costureras, roseteras o caladoras. Empleo que en algunas ocasiones se recoge en el censo de población, pero que en la mayoría de las veces no consta por tratarse de un trabajo que se compaginaba con el de sus labores. Zaraza, batista, percal, popelín; telas con la confeccionar el traje, la bata o la camisa; telas que se compraban en Arona, y en muchas ocasiones se encargaban a San Miguel de Abona e incluso a Granadilla de Abona. Coger medidas, cortar, registrar, hilvanar, cocer a máquina y rehilar, y por medio si daba tiempo probar. La tradición oral nos completa y nos trae recuerdos de algunas de estas costureras. Petra Vargas y Pilar Trujillo, madre e hija. Natividad y Quiteria Domínguez León. María Alayón Gómez María Celestina, a quien contemplamos en una fotografía de los años sesenta, junto a una mujer sin identificar, Isabel Martín Melo, Antonia Socas Barrios y Araceli Martín Melo. Una habitación donde solo cabía lo imprescindible: un ropero, una mesa donde cortar y dos máquinas de coser. Y como ejemplos de roseteras: Dolores Alfonso Frías y Herminia Melo Rodríguez.” Herminia Melo Rodríguez confeccionaba rosas que solían enviar al Valle de San Lorenzo. Lo usual era que la persona que las comercializaba aportaba el hilo, les recogía las rosas y les abonaba por unidades, por docenas, a las roseteras; y después se encargaba de unirlas y confeccionar los paños. Desde el Municipio de Arona se llevaban en muchos casos a Vilaflor o a San Miguel, donde las recogía Constanza Gómez Rodríguez. En el Valle de San Lorenzo coexistieron, o se alternaron, los talleres de María Hernández Reyes “La Cabuquera”, situado en El Barranquillo, otros talleres de rosas, como el de María Hernández Rodríguez en La Calle, Carolina Reverón en Chindia o el de Ofelia González en Llano Mora, que además de confeccionarlas también adquirían de particulares. 

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones



jueves, 13 de mayo de 2021

Peregrinación o Romería de Nuestra Señora de Fátima. Segunda Romera. Valle de San Lorenzo, 1957



Bibliografía: BRITO, Marcos: Romería de Nuestra Señora de Fátima; Arona. Tradiciones festivas; y Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones


viernes, 12 de febrero de 2021

Antonio Fumero García, “Santa María”. Vilaflor




Antonio Fumero García, “Santa María” Antonio Fumero García recibe este apodo, según narra su nieta Daniela Fumero García, por una expresión que pronuncia al finalizar un largo viaje en su emigración a Cuba. “Porque mi abuelo fue a Cuba, estuvieron tres meses pa llegar a Cuba y en tanto dice, ¡Ay Santa María de Dios!, no me importa que me llamen Santa María si lo que veo enfrente es Cuba. Y después se quedó Santa María, y era mi abuelo y era mi padre Santa María y todavía seguimos nosotros con la tradición, las de Santa María.” Apodo que hereda su hijo José Fumero Martín, padre de Daniela Fumero García. En el Censo de la Población de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1910, Antonio Fumero García consta inscrito en San Roque, con 66 años de edad y de profesión propietario; casado con Adelaida Martín Fumero, de 52 años; y con dos hijos en la vivienda familiar: Domingo, de 15 años, y José Fumero Martín, que contaba 13 años e iba a la escuela. En el Padrón Municipal de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1940, José Fumero Martín reside en La Ladera, anotándose el año de 1896 como el de su fecha de nacimiento y de profesión obrero; casado con María García Domínguez, nacida en 1909; y sus hijos: Rosenda, Emma, Andrea, Daniela y María Fumero García.