viernes, 22 de octubre de 2021

Aprovechamiento vecinal de la cumbre de Vilaflor de Chasna en la década de 1930

 

 

                Vilaflor, c. 1890

 

Aprovechamiento vecinal de la cumbre de Vilaflor de Chasna en la década de 1930

Marcos Brito

 

Artículo publicado en las II JORNADAS DE HISTORIA DEL SUR DE TENERIFE, que tuvieron lugar en Arona, en julio de 2009. Y Publicadas en 2010. Concejalía de Patrimonio Histórico. Ayuntamiento de Arona.

 

 

Resumen

 

El aprovechamiento de la cumbre sustentó a buena parte de la población del Municipio de Vilaflor de Chasna. Explotación forestal que ya arrancó con polémica, allá cuando las Islas fueron conquistadas. Desmesurada, por la fuerte demanda de madera para la construcción de viviendas, barcos o para la exportación; o por la obtención de la pez y resina.

Y además cubrir las necesidades vecinales, que aún en esta década del siglo XX albergó en estas prácticas buena parte de sus recursos. En un período además crispado por los acontecimientos: Dictadura de Primo de Rivera; II República Española; Guerra Civil Española; II Guerra Mundial y Dictadura del General Franco.

Aprovechamiento forestal que fue fuente de ingresos para el Ayuntamiento de Vilaflor, con los que obtener fondos para paliar su deficitaria economía. Pero también produjo fuertes disputas con el de La Orotava, causado por las lindes y las denuncias por la elaboración de carbón, el corte de retama, la recogida de leñas o el pastoreo. Comunicación fundamentada en la tradición oral y en la documentación de los Archivos Municipales de La Orotava y Vilaflor de Chasna.

 

Prólogo

 

El aprovechamiento de la cumbre, del monte, sustentó a buena parte de la población del Municipio de Vilaflor. Recursos imprescindibles para el transitar en la vida cotidiana de los vecinos de este rincón anclado a la memoria del Sur de Tenerife.

Aprovechamiento forestal que ya arrancó con disputas, allá cuando las Islas fueron conquistadas. Explotación desmesurada, por la fuerte demanda en la construcción de viviendas, en los aperos de labranza o en los útiles de la casa; en la obtención de la pez para calafatear los barcos, además de la madera precisa para su construcción; en la extracción de la resina o en la madera para la exportación.

Y además había que contar con las necesidades vecinales, que aún en la década de los años treinta del siglo XX sustentó buena parte de sus recursos en lo que se obtenía de la cumbre. Un pueblo que subsistían entre la agricultura y la ganadería, además de estos aprovechamientos. Y que en años de sequía y malas cosechas había que recurrir, aún más, a la recogida de leñas, retamas verdes para alimentar el ganado, al pastoreo o al carboneo.

Una vida cotidiana que se suscribía en un período político con numerosos rumbos. La década se inicia bajo la Dictadura de Primo de Rivera y la proclamación de la II República Española en abril de 1931, y se cierra con la Guerra Civil Española, 1936-1939, el inicio de la II Guerra Mundial y la Dictadura del General Franco. En el Sur de Tenerife se mantuvo un recio control oligárquico que se beneficiaba de unas condiciones de vida inmersas en un contexto económico controlado por este poder, el analfabetismo, y la falta de todo tipo de infraestructuras, escuelas, comunicación, sanidad, etc.

El Municipio de Vilaflor se asoma al siglo XX con las perspectivas del turismo que se acercaba en busca de bienestar y salud. Las inmejorables condiciones climáticas que contribuye al aumento de la colonia veraniega, por lo que a finales del siglo XIX se establecen las dos primeras casas de huéspedes que se tiene noticias en el Sur de Tenerife, instaladas por Benjamín Cano y por José García Amador. La educación, como en el resto de los pueblos de las Bandas del Sur, era escasa, y con una vida cotidiana austera, anclada en el autoabastecimiento.

Las comunicaciones se realizaban por caminos de herradura y veredas, y no es hasta la década de los años veinte cuando se enlaza por medio de pistas de tierra por las que pueden transitar los vehículos a motor. En 1928 se finalizan las obras de la carretera de Granadilla de Abona a Vilaflor, lo que motiva que se emprendan excursiones automovilísticas con destino a Vilaflor. 

 

                    Lavaderos de El Chorrillo
 

Son años de demandas de vías de comunicaciones, una vez finalizada el enlace con Granadilla de Abona, se solicitaba que se agilizaran las obras de la que partía de La Orotava, la cual no estuvo operativa hasta la década de los años cuarenta. Necesidades que quedan reflejadas en un artículo del vecino de Vilaflor, Manuel Rodríguez Escalona: Entre todas las necesidades, que son muchas, la más apremiante para todo el sur, es la terminación de la carretera de La Orotava a Vilaflor, espléndida ruta, que ofrece a esta parte de la isla las más halagüeñas perspectivas en lo que a turismo se refiere. En más de una ocasión y desde estas mismas columnas, hemos clamado porque los trabajos de esta carretera se llevaran también a cabo en esta banda, sin perjuicios de que sigan por la parte norte, pues de esta manera no sólo se daría más rápido impulso a la obra, sino que además en ella encontrarían la manera de ganarse el sustento numerosos padres de familia, tanto de Vilaflor como de otros pueblos limítrofes, que, por haberse terminado la carretera de Granadilla, han quedado sin trabajo y en su consecuencia en condiciones de extremada penuria[1].

Vida cotidiana que se nos muestra en diversos datos estadísticos, que se elaboran en el Ayuntamiento de Vilaflor, para esta década de los años treinta, en el que en el Municipio se rondaban los 1600 habitantes[2]. El abastecimiento de agua se surtía por una fuente pública, que además era abrevadero y lavadero, El Chorrillo, y tres grifos en el casco. Las calles del pueblo se encontraban empedradas sobre tierra, cuyos vecinos barren sus aceras. Las 6 escuelas, tres para cada sexo, se encontraban en locales alquilados; cuatro en el Casco y dos en La Escalona. Existía cartería rural y una oficina de teléfono, además de cinco abonados particulares. No así servicio de guagua, había que trasladarse a Granadilla de Abona para enlazar con el resto de la Isla. El Inspector Municipal de Sanidad, el médico Antonio Pérez Díaz, relata que las condiciones sanitarias en que se encuentran las viviendas eran malas, por carecer de agua a presión, de alcantarillado y de las más rudimentarias condiciones higiénicas, y viviendo puramente del campo tienen que convivir con los animales necesarios para la labranza. Asimismo, se anota la existencia de 12 comercios, 3 talleres, 1 café y 4 tabernas. Y como necesidad más imperiosa se precisa: la construcción de un grupo escolar para instalar las cuatro escuelas del casco, por un importe aproximado a 150.000 pesetas[3].

Tea, leña o carbón, eran los únicos combustibles. Leña para el fogal, carbón para el brasero, para planchar o la limpieza de esa plancha de hierro, al frotarlo por su superficie. Eran años de escasez, de ingeniárselas con lo que se tenía a mano, como alumbrarse con lascas de tea. Vida austera y dura que rememoran sus vecinos, como estos retazos de vida que apunta Delfina Fumero Rodríguez. Pues la vida era muy mal porque cuando mi abuelo trabajaba haciendo las viñas le pagaban dos pesetas todo el día, de sol a sol, tenía mi abuela que ir dos veces a llevarle algo de comer, y eso muy mal, porque usté sabe que anteriormente se ganaba muy poco aquí, cuando la gente estaba dedicada también a hacer carbón. No había muchas ventas ni nada, ni mucho que comprar, porque yo me acuerdo cuando mi madre empezó con la fonda, de ir a San Miguel a buscar melocotones y a buscar una latita de melocotones y esas cosas, porque aquí en el pueblo no había nada de eso. Hoy a lo mejor tiene más la gente en las despensas que lo que había antes en una venta desas. Eso a lo mejor íbamos por una cuarta de aceite o por medio litro de aceite, no se compraban las latas como ahora.

Ni teníamos luz, ni teníamos agua en la casa, la calle estaba empedrada tenía cada uno que salir a barrer su trocito de calle. Íbamos a lavar la ropita al Chorrillo. Y allí en aquellos lavaderos íbamos a lavar y fíjese que edad tenía yo que tenía que poner una piedra pa poder alcanzar a lavar, con ese jabón azul que venía de la rueda. Anteriormente cuando le estoy contando no estaba tapado con nada pero después estuvo un alcalde y lo mandó tapar.

 

                    Delfina Fumero, 2006

 

Antecedentes, aprovechamiento intensivo

 

Desde los primeros asentamientos después de la conquista de las Islas, los montes fueron presa de talas masivas, en muchos casos de manera abusiva. La riqueza forestal de los montes de Vilaflor también resultó afectada por su aprovechamiento intensivo, en la construcción, y enseres, de las viviendas, en los aperos de labranza; y sobre todo de la obtención de la pez para calafatear los barcos, además de la madera precisa para su construcción, que necesitaba una gran cantidad de árboles para extraerle la resina a través de hornos acondicionados a tal menester. Prueba de ello es el topónimo Lomo de los Pegueros, al sur del Sombrero de Chasna, lugar donde se abrió la Galería Pegueros, y por extensión se conoce al Tanque Pegueros, situado en San Roque y al que llegaba el agua desde la galería.  

Y no era el aprovechamiento vecinal, en la mayoría de los casos muy respetuoso con su entorno, porque lo hacían propio, sino la sobreexplotación comercial la que esquilmó la masa forestal. Como apunta el profesor Núñez Pestano, los derechos vecinales al uso gratuito de los recursos forestales habían sido establecidos por el Cabildo desde 1512, pero, desde que una explotación forestal excesiva hizo temer por la pervivencia del bosque, comenzaron a producirse restricciones en las licencias de aprovechamiento forestal, que inevitablemente tendieron a perjudicar a la masa de jornaleros y pequeños labradores que encontraban en la explotación del bosque un recurso adicional para la economía familiar. Añade las pocas referencias que sobre este asunto ha localizado, reseñando que los primeros indicios sobre restricciones en los usos vecinales los encuentra a partir de 1670-1780, pero que incluso con posterioridad a estas fechas las licencias de aprovechamiento forestal debieron constituir durante mucho tiempo, más un requisito formal que una práctica administrativa rigurosa[4].

Medidas restrictivas que se acentuaron a comienzos del siglo XVIII, tal como apunta en su tesis Núñez Pestano, prohibiéndose en 1737, cualquier tipo de talas sin licencia (incluso el corte que estaba permitido por las ordenanzas) y encargando a los alcaldes reales de los lugares que detuviesen a todo aquel que hallasen embarcando madera o leña por los puertos y caletas de la Isla. En nota al pie se especifica: Bando del corregidor comunicando al alcalde de Chasna el acuerdo del Cabildo de 15 de febrero de 1737 por el que se prohibían cortes de madera sin licencia.

La explotación debió ser considerable, y fueron los vecinos los que realizaban repoblaciones, como así lo indica Pedro de Olive, en su Diccionario Estadístico-Administrativo de las Islas Canarias, editado en 1865. En el apartado de montes cita el de Agua Agria y el de la Montaña de las Lajas, de los que indica, sobre servidumbre: El primero tiene varias de transito lo mismo que el segundo, teniendo este además el aprovechamiento de leña y útiles de labranza. Y sobre su estado se añade: Se encuentran en muy buen estado, pues los vecinos vienen repoblándolos de nuevo, con objeto de cubrir el destrozo causado en tiempos remotos[5].

Las quejas por la sobreexplotación de estos recursos forestales lo han sido a lo largo de nuestra historia. Quejas que se vierten en documentos oficiales y en la prensa, como la noticia que se transcribe de febrero de 1896, en la que se informa que no sólo son los vecinos del Sur los que la realizan: Llamamos la atención del digno jefe de la Guardia provincial, a fin de que se sirva ordenar a ese instituto que persiga con mayor actividad a los taladores fraudulentos del monte público en las bandas del Sur.

Hay jurisdicciones como la de Arico por ejemplo, en la que los leñadores de Orotava y otros pueblos del Norte no van a dejar una retama en las cumbres que no la hagan carbón, ni va a quedar un pino que no se cate, sino es que no viene al suelo para que vecinos de otros pueblos hagan su agosto[6].

 

                    Camino a la Degollada de Guajara
 

 

Aprovechamiento vecinal de la cumbre de Vilaflor de Chasna en la década de los años 30

 

La explotación de estos montes fue fuente de ingresos para el Ayuntamiento de Vilaflor, que lograba obtener algunos fondos para paliar su siempre deficitaria economía. Al Municipio pertenecían dos zonas de monte, tal como se describe en el Inventario del Patrimonio de 1931, en el que se inscriben los montes de Vica y Lajas, y el Lomo Gordo y Agua Agria. El primero se describe como un predio montuoso, denominado Vica y Lajas, poblado de pinos en su mayor extensión y otras especies de monte bajo y matorral de la flora indígena canaria, ocupa una extensión superficial de 1.500 hectáreas.

Y el de Lomo Gordo y Agua Agria: poblado de pinos en su mayor extensión y otras especies de monte bajo y matorral de la flora indígena canaria, de una superficie total de 102 hectáreas.[7]

La manera que se regularizaba nos la muestra el acta de entrega del aprovechamiento forestal para el año 1931/1932, que se expide con fecha 19 de noviembre de 1931. Se otorga licencia para que se pueda ejercer esta labor desde ese día hasta el 31 de mayo de 1932. Aprovechamiento de leñas y demás de carácter vecinal que concede en el monte denominado Vica y Lajas perteneciente al citado pueblo de Vilaflor, previa entrega de dicho disfrute y del citado monte a la Comisión Municipal, cuya entrega ha tenido lugar en la forma siguiente: los doscientos estéreos de leñas para carbón, y los cuarenta y cinco estéreos de leñas para hogares por olivación de pinos y limpia del suelo, en los puntos denominados Las Lajas, Saltaderitos y Lomo del Asiento. Los cincuenta timones para arados por entresaca de pinos, en Ladera de las Lajas. Las veinticinco cabezas para arados, de escobón, en Los Saltaderitos. Y los treinta estéreos de rama verde, en dichos puntos. Firman esta entrega el guarda mayor, Blas Batista, el guarda forestal, Guillermo Massanet, y los concejales, Juan Fumero y Ramón Fumero.

En un Pleno de la Corporación Municipal, de enero de 1932, se aprueba disponer estas utilidades de la siguiente manera: Distribuir los 200 estéreos de leñas para carbón en lotes de 5 estéreos. Distribuir los 55 estéreos de leñas para hogares en lotes de 5 estéreos. Distribuir los 30 estéreos de rama verde de escobón en lotes de 5 estéreos. Distribuir los 50 timones para arados. Distribuir las 25 cabezas para arados

Los vecinos que quisieran alguno de esos lotes debían de proveerse de la licencia que expedía el Ayuntamiento de Vilaflor, abonando los derechos correspondientes: por cada saco de carbón, una peseta; por cada estéreo de leñas para hogares o de rama verde de escobón, cuatro pesetas; porcada timón, cincuenta céntimos; y por cada cabeza para arados, veinticinco céntimos.

Los vecinos que beneficien carbón darán cuenta a este Ayuntamiento del día en que pretendan levantar las hornadas, al objeto de que el encargado de la Alcaldía designe verifique el recuento de los sacos de carbón fabricado, sin cuyo requisito no podrán remover las hogueras.[8]

Los aprovechamientos forestales, regulados o clandestinos, en la década de los años treinta eran imprescindibles para la subsistencia del pueblo de Vilaflor. Fuego indispensable, de carbón, de leña o de astillas de tea, para la lumbre del hogar y del fogal; o para alimentar la fragua. Leñas, piñas, pinillo, ciscos o la madera para surcar la tierra o para tantos y tantos útiles de labranza o de la vivienda; desde el cabo de la azada hasta la ventana o desde el trillo a la cumbrera. La recogida de retama en verde, y de otras plantas, para el alimento de animales. El traslado de las colmenas a la cumbre. La siembra de cereales y leguminosas, y como muestra una pequeña era empedrada situada al norte de El Sombrero. Todo ello, y sobre todo la obtención del carbón y el pastoreo, generaron agrias polémicas con el Ayuntamiento de La Orotava. 

 


                    Camello cargado de pinocha y leña, detrás del cual se percibe, casi oculto, 

                    un burro, y entrando en la casa de su propietario, Manuel Cano.

 

Carbón de pino o carbón de retama, de escobón en ocasiones, obtenidos, en la mayoría de las veces, en la clandestinidad de la noche, sobre todo el de retama, que tantas y tantas penurias fue mitigando en épocas de privaciones[9]. El principal combustible se obtenía de la madera y de su transformación en carbón, pero también se llegó a extraer la tea del pino, horadando su base. Así lo recuerda José Trujillo González: Tea pa alumbrarse, eso ponían un palo con tres patas que le decían un mancebo, tú no has oído decir pareces un mancebo, ponían una plancha encima. Le clavaban dos clavos, como no había petróleo pa alumbrarse ponían dos o tres astillas de tea y con aquello comían, pa alumbrase de noche, la astilla de tea le das fuego y arde sola y dura tiempo.

Se hacía carbón, sobre todo de pino, de una manera regulada, tanto en las propiedades privadas como en los Montes Municipales. Y de retama, el que más conflictos acarreó, por su, en la mayoría de los casos, clandestinidad. Como apuntó José Hernández, quien hizo carbón de retama, de pino, de codeso, de todo lo que trincábamos, y de sabina llegué a quemar alladentro en Las Cañadas, era livianito, pa quemar era bueno.

 

                                            Domingo González Fumero, 2011

 

En estas labores participaban casi todos sus vecinos, en muchos casos desde la infancia, tal como se puede comprobar en la denuncia de la Guardia Civil, fechada a 6 de diciembre de 1934. Es una muestra de la corta edad a la que se comenzaba en esta actividad, como tantas otras en la que la infancia se obviaba. En este día se les impuso a: José Hernández Luis, de 18 años; Adolfo Quijada Cano, de 12; Evelio Quijada Cano, de 10 años y Vidal Dorta, de 17; a los que se les ocupó 7 sacos de carbón[10].

Sobre las penurias por las que transitaba estos vecinos, que al narrar sus experiencias nos trasladan a sus duras y difíciles vivencias; en las que había que aferrarse a cualquier quehacer para ir subsistiendo, como se expresa Domingo González Fumero, trabajos, pero a montones, mal comidos y de todo, aquí a poco que se acabó la guerra, aquí hubo quien se quedara sin cenar muchas veces. Quien también narra la necesidad de trasladarse a la cumbre en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia; Había que ir todo el año, hubiera nieve o no hubiera, si había nieve se venían pabajo o no iban si estaba lloviendo, se vivía deso, del carbón, y a vender pabajo. O Miguel Moreno Beltrán; vida apurada desde que nacimos. Yo con nueve años me sembró mi padre una huerta que le dicen El Sitio, allí en Guayero, cogí una mulita chica que tenía y cuando se puso el sol la tenía arada. Mi padre araba con una yunta vacas y yo con el aradito de la mula, era más livianito. Sus padres, Martín Moreno y María Beltrán, se encontraban de medianeros en Guayero, y aquí hace referencia a la siembra de cereal.

 

                                    Miguel Moreno Beltrán
 

El carbón de pino se solía realizar de una manera más controlada, eran los propietarios de los montes los que solicitaban el permiso para su aprovechamiento, y sus medianeros o personal contratado para ello los que realizaban la labor. O cualquier persona que pujara en el aprovechamiento de las podas y entresacas del monte municipal. Así lo recuerda el cabrero José Trujillo González, cuando narra como elaboraba este tipo de carbón su padre, Juan Trujillo Trujillo. En Vilaflor si hizo mi padre una foguera muy grande, pero de pino, rolos de pino, lo entongaba y eso estaba ardiendo allí ocho o diez días. Se tapaba con pinocho y tierra, y a esa foguera le hacían una pared alrededor pa poder aguantar el pinocho, porque era muy alta. Había fogueras que dieron hasta 60 sacos de carbón, de tres listas que decíamos, que llevaban, a proponer, de millo llevaba cien kilos, de carbón podía llevar cincuenta o sesenta kilos. Tumbando pinos y haciendo rolos, eso se llevaba mucho tiempo a base de hacha. Este carbón lo comercializaba por los pueblos cercanos, se llevaba a Arona, se llevaba a Los Cristianos que había unos hornos de cal, se llevaba a Adeje y sobre todo donde más se vendía era en la zona de San Miguel

 

                                Gilberto García Fraga
 

Era frecuente que este tipo de carbón se elaboraba con contrato a medias, el propietario aportaba el monte y el trabajador la mano de obra y se repartía el producto o el importe de su venta. Como así lo narra Gilberto García Fraga, quien obtuvo carbón de pino, un cuñado mío y yo, y la mitad era del amo y la mitad nuestra. Lo obtuvo con Manuel Linares en la Montaña del Cascajo, en la propiedad de Antonio Miguel Alfonso.

Se iba por el día para recoger la leña de retama, aprovechándose la matas rotas o secas, para con la noche prenderles fuego y tenerla lista en la mañana siguiente, de tal modo que no fueran visto por los guardas forestales. Asimismo, se conocen casos, en menor medida, en los que se elaboró en horas diurnas.

Como toda actividad artesanal, la obtención del carbón necesitaba de una habilidad que se adquiría con el lento aprendizaje que va aportando la experiencia. Así comenzaba por recoger la leña de la retama y colocarlas de punta, apoyadas una a la otra, tal como lo narra Valeriano Beltrán: emparejándolas, parejitas, parejitas, parejitas, la leña cuanti más gorda mejor, pa que diera carbón, después había que hacer una pared en redondo, a la mitad, tres o cuatro piedritas, antes de ponerse eso le poníamos el sisco de la retama, lo forrabas, bien forrado porque después tenías que echarle tierra y si no le ponía el sisco se te iba la tierra dentro de la leña y no ardía, por el alto le dejábamos un boquetito así [como un puño] le poníamos una leñita y cuando cogía fuerza la tapábamos. El fuego se pegaba arder y desas paredes en redondo dejabas puestas. Entonces empezaba a quemarse y botaba el fuego por aquí, tú ibas apretándola, según iba quemándose ibas apretándola en el alto, pa que bajara la tierra y bajara la leña a un tiempo pa que fuera apretaita, entonces botaba el fuego por esa puerta, entonces garrabas, quitabas la piedra esa y tapabas, se botaba el fuego por allí, ya estaba quemada, aquel pedazo de carbón estaba quemado, botaba el fuego por la otra, la tapabas también, las que tuviera. Garrábamos, la ahogábamos un poco, le quitábamos la tierra, cavábamos un poco de tierra fina, allí, fresca, que había siempre en El Teide, pa apagarlo, y después cuando lo tenías ya lo tenías apagado, que se enfrió un poco entonces garrabas, virabas a quitarle la tierra y a sacar el carbón y a espicharlo que lo llamábamos, espicharlo era sacarlo de la tierra. Vamos a espicharlo, ya está apagado y sacándole y sacándole y después camina pabajo.

 

                                                Pino de Los Llanitos y José Trujillo, 2009

 

 

Polémicas y denuncias por estos aprovechamientos

 

En la década de los años veinte del siglo XX se produjo una gran campaña para erradicar las cabras y el carboneo de las cumbres, en ella intervienen sobre todo el Ayuntamiento de La Orotava y el de Güímar. Polémica que se agudizó en los primeros años de los treinta, y que creó cierta tensión entre las corporaciones y vecinos de Vilaflor y La Orotava, sobre todo a comienzo de los años treinta del siglo XX, donde se acentuó por motivo de las lindes y enfrentamiento entre vecinos de Vilaflor y los guardas de La Orotava. Son años en lo que se sucedían las quejas en la prensa de la Isla en pos de que se retiraran las cabras de las cumbres y que se controlara el carboneo y la extracción de leñas y maderas.

Tirantez que se denota en dos declaraciones que se producen ante el alcalde Accidental de La Orotava, Lucio Illada Quintero, el 18 de noviembre de 1931 y 13 de febrero de 1932, según consta en el expediente que se seguía por una denuncia sobre 13 vecinos de Vilaflor, producida el 29 de octubre 1931. Una de las declaraciones fue la de Moisés Fumero, de 40 años, que expresó: Que es cierto el referido día 29 de octubre fabricó tres sacos de carbón de retama, por ser pobre y no tener por ahora donde trabajar, ignorando que aquel monte pertenecía a este Municipio. Otra fue la de Ismael Fumero Fumero, de 21 años, quien fabricó tres sacos de carbón de retama en el sitio que denominan El Roque de esta jurisdicción, los cuales conducía para venderlas, que el alcalde del referido pueblo de Vilaflor les dice que vayan a las cumbres de esta Villa a hacer carbón porque les pertenecen a ellos[11].

Esta tensión también se manifiesta en los escritos que se cruzan entre instituciones, desde La Orotava al Gobierno Civil de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife y a Vilaflor. Con fecha del 2 de noviembre de 1931 el Gobernador Civil se dirige al alcalde de Vilaflor, remitiéndole las quejas que desde La Orotava le enviaba su alcalde. Se relatan los abusos que se suceden en Las Cañadas en cuyo lugar se dedican a contravenir las disposiciones sobre aprovechamientos forestales, destrozando la vegetación y fabricando carbón, sin obedecer ni hacer caso de los requerimientos del Guarda municipal de campo de este Ayuntamiento, encargado de la vigilancia de las cumbres de esta Villa. Tales abusos constituyen una provocación de aquellos vecinos, que se enfrentan desafiadamente con dicho Guarda, reuniéndose en cuadrillas de cuatro y seis individuos para retar a gritos que se les denuncie, con el fin sin duda de que se acuda a un pleito para discutir si aquellos lugares pertenecen o no a este Municipio.

Desde que el Municipio de La Orotava inscribió como suyas, en las últimas décadas del siglo XIX, las Cañadas del Teide, han surgido numerosos problemas con los municipios del Sur, con las lindas y el aprovechamiento forestal de estas cumbres. Desde la Alcaldía de Vilaflor se responde con fecha del 22 de noviembre, exponiendo que en uso de su derecho autoriza a los vecinos pobres mediante licencias gratuitas para que realicen el aprovechamiento de la gran cantidad de leñas muertas existentes en la parte de Las Cañadas correspondida dentro de sus límites; proporcionando con ello un medio de vida a muchas familias que viven exclusivamente de estos productos, sin perjudicar el arbolado.

 

                                 El Salguero. c. 1925

 

Desde hace algún tiempo se quejan los vecinos a esta Alcaldía de que el Guarda municipal de Campo del Ayuntamiento de La Orotava, a pretexto de que las Cañadas pertenecen al territorio de su Municipio, les impide el aprovechamiento de leñas, despojándolos de las herramientas, aparejos del ganado y hasta de las mantas de abrigo; este atropello intolerable se complementa con una serie de denuncias contra los vecinos de esta localidad por carboneo en las cumbres de aquel Municipio, interesando de esta Alcaldía la notificación de los denunciados; pero no precisa, sin duda maliciosamente, la parte de cumbre en que se cometió la falta, por cuyo motivo nos vemos en la imposibilidad de reclamar a favor de este Ayuntamiento la competencia para conocer de tales denuncias. Por lo que solicita que se proceda a aclarar las lindes para finalizar con esta situación[12].

Asunto que también se trata por la Corporación Municipal de Vilaflor en diciembre de  1931, en el que el Alcalde, Alonso Camacho Pérez, informa que desde la Alcaldía de La Orotava se viene interesando la notificación de vecinos de esta localidad, para que comparezca a dar sus descargos sobre denuncias por carboneo en las cumbres de aquel Municipio, sin determinar el punto en que se cometió el abuso; y a la vez los vecinos protestan ante esta Alcaldía de que el guarda municipal de campo del citado Municipio de La Orotava les impide el aprovechamiento de leñas en la cumbre de las “Cañadas” comprendidas dentro del termino de Vilaflor. Por lo que la Corporación acordó no cursar las comunicaciones que no precisen el lugar donde se comete la infracción. Y además se acuerda dirigirse al Ayuntamiento de Granadilla, por ser igualmente interesado, cabeza de partido y punto céntrico, para que convoque a todos los Ayuntamientos perjudicados por las intromisiones del de La Orotava, a una reunión en la que mancomunadamente acuerden la forma más viable para solucionar un asunto de tanta trascendencia para los Municipios afectados.[13]

Un momento crítico en estas relaciones se produce al inicio de la década de los años treinta, al intensificarse el control. Los mayores problemas y el mayor número de denuncias surgieron por el pastoreo, por la elaboración del carbón o por la recolección de retama verde para la alimentación de los animales. También era frecuente que estas querellas se efectuasen por el aprovechamiento de leñas, piñas o maderas para construir útiles de labranza. Caminos de ida y vuelta, para el que se contaba con la ayuda de mulos, burros o camellos, tal como narra José Trujillo González. Todas las casas de Vilaflor tenían bestias, yo me acuerdo ver dos bestias en cada casa, donde eran dos o tres hijos, esos tenían dos bestias y todos los días Las Cañadas y todos los días a hacer carbón, bajar leña y piñas.

Y este andar de regreso solía tener algunas veces sorpresas desagradables, como apunta Valeriano Beltrán. Cuando la Guardia Civil nos garraba, a lo mejor veníamos que estábamos toda la noche, todo el día, haciendo un viaje de carbón y después sabíamos de allarriba y cuando llegábamos allí a la Boca Tauce nos lo quitaban. Pal norte se llevaba la guardia civil el carbón, nos quitaba la albarda y los aperos todos, nos hacían ir a llevarlos allá a la Montaña Blanca, dejábamos todo allí y caminábamos con los animales en pelo. Albarda y aperos que se recuperaban abonando una multa, que no había más remedio que ir a pagar a La Orotava, ya que el importe de estos utensilios era mucho más caro que el abono que se tenía que realizar.

 


                    Vecinos de Vilaflor, entre los que se encuentran: Emilio Cano, 

                    Agustín Fumero y Manuel Quijada

 

Miguel Moreno Beltrán, quien aporta su experiencia en estas labores, solía vender el carbón, la leña, el pinillo o la retama verde en San Miguel de Abona. Lo llevaba a San Miguel a venderlo. Vilaflor vivía del pueblo de San Miguel, con leña, con retama, con pinocho. De todo cogí y a venderlo a San Miguel. Un saco piñas valía uno veinticinco, valía cinco pesetas la carga, cuatro sacas ganábamos un duro, cuatro pesetas, según la falta que hubiera, había panaderías y la gente toda compraba. Son precios de finales de los años cuarenta, cuando este vecino de La Escalona residía en Vilaflor.

Ejemplos de estas denuncias se encuentran de todo tipo. Así en mayo de 1930 fue sorprendido Florencio Fumero Martín, por el guarda forestal Toribio González, en la Montaña de los Codesos, en la carretera de La Orotava a Vilaflor, cuando realizaba cortes de cabos de escobón, se empleaba en el corte y labranza de dichos cabos. Quien manifestó que no tenía licencia, pero tenía orden del señor rematador de la carretera don Juan Oliva Fernández[14].

El pastoreo fue otra de los modos de subsistencia de este Sur. A la cumbre se subía en los meses de verano, cuando escaseaban los pastos en la costa. En la zona de Vilaflor era frecuente ascender con las manadas de cabras una vez que se aprovechaban los rastrojos de cereales y leguminosas. Desde el Distrito Forestal de Santa Cruz de Tenerife se remite, con fecha 29 de enero de 1931, al Alcalde de Vilaflor denuncia contra Manuel Trujillo Pérez, por pastoreo, con una multa de 42 pesetas e indemnización de 42 pesetas. Multa e indemnización que abona el 25 de febrero de 1931[15].

En agosto de 1931se efectúa un expediente colectivo que hace referencia a 10 vecinos que fueron sorprendidos en El Riachuelo, Cañada Blanca y Las Cañadas, entre las 6 y las 7 de la mañana de los días 17, 18 y 19. Eran: Sixto Ledesma García. José Miranda Linares. Bernardo Pérez. Juan Santiago Pérez. Modesto Aponte Piña. Nicolás Oliva. Antonio Alayón. Rodolfo Cano Alayón. Alejandro Quijada Oliva y Antonio Cano Quijada. La denuncia se formula por 86 sacos de carbón de retama, con un valor de 430 pesetas y 860 como daño al monte. Los referidos denunciados se negaron a depositar el combustible. A estos denunciados les acompañaban varios individuos que no pude averiguar sus nombres. El 9 de septiembre se le remite desde el Ayuntamiento de La Orotava al de Vilaflor las citaciones para que a su vez las cursara a los aludidos. Escrito que se remite, dado que no se le contesta, otra vez con fecha del 24 de octubre: ruego a V. se sirva ordenar la citación de los expresados individuos a fin de que comparezca ante esta Alcaldía dentro de los tres días siguientes a dar sus descargos, haciéndoles saber que de no comparecer pueden exponerlo por escrito o por medio de persona debidamente autorizada para ello, pues de lo contrario les pasará el perjuicio a que hubiere lugar[16].

 

 


                            Leña de retama. El Salguero, 2007

 

La cantidad de personas que se dedicaban a estos provechos lo muestra las denuncias impuestas en la mañana del 29 de abril de 1936, en la que se interviene carbón a 17 vecinos de Vilaflor. Efectuada por la Guardia Civil del Puesto de La Orotava, Antonio Estévez y Vicente Castelló, quienes encuentran elaborando carbón, en diversos puntos de Las Cañadas, a los siguientes vecinos de Vilaflor: Alejandro Dorta Quijada, domiciliado en Santo Domingo; Antonio Cano Oliva, en Santa Catalina; Eugenio Fumero Tacoronte, en Santo Domingo;; Emilio Cano Quijada, en Calle del Medio; Domingo Cano Fumero, en Santo Domingo; Delfino Fumero Hernández, en La Plaza; Esteban Oliva Fumero, en La Puente, Rubén Cano Fumero, en La Vera, a cada uno de ellos se les aprehendió 4 sacos de carbón; Manuel Quijada González, en La Callita; Isidoro Fumero González, en La Callita; Emilio Quijada Hernández, en La Pasión; Agustín García García, en El Calvario; Leoncio Ramos Casañas, en La Ladera; Alfonso Reina, en El Calvario; Cleofás Hernández Quijada, en La Roquesa; Elicio Fumero Fumero, en Santo Domingo; y Nicasio Hernández Quijada, en La Roquesa; ocupándoseles a cada uno de estos últimos dos sacos de carbón[17].

Son numerosos los enfrentamientos que se producen entre vecinos de Vilaflor y el guarda Domingo Dorta Luis, y que muestran la tensión creada. En octubre de 1931 se encontró con cuatro carboneros en plena tarea en la zona de El Sanatorio: al invitarles para que dijeran sus nombres se negaron rotundamente. Seguidamente se les requirió para que suspendieran las faenas ya indicadas, al propio tiempo que le fue desecha una de las hoyas de carbón; a lo que dichos individuos amenazaron con agredir al que habla. Y como el paraje ya mencionado está completamente despoblado y dada la superioridad numérica de los mismos y sus insistentes amenazas, prohibieron al dicente imponer su autoridad, por lo que aquellos continuaron haciendo los daños. Cree reconocer a uno que era vecino de Vilaflor, suponiendo que los tres restantes sean también de dicho pueblo[18].

Desde el Ayuntamiento de La Orotava se remite al de Vilaflor, con fecha 1 de diciembre de 1931, para que haga llegar la denuncia por carboneo a los vecinos Juan Trujillo García, José Quijada Oliva y Emilio Quijada Oliva, con multa para cada uno de 26 pesetas, más una indemnización, para cada uno, de 52 pesetas. Además de cumplir con los requisitos: 1º Que en el plaza de 15 días, contados desde la fecha de la notificación, se haga efectiva la multa en papel de pagos al Estado, y la cantidad correspondiente a la indemnización se satisfaga en metálico, ingresando su importe en arcas municipales.- 2º Que transcurrido el plazo expresado, de 15 días sin haber hecho efectiva la multa se considerará prorrogado en un segundo periodo de otros 15 días recargado en el apremio del 5 por 100 diario del importe de la misma, cuya cantidad se hará también efectiva en papel de pagos al estado[19].

 


    Llega el fuego a la puerta. Foguera en Vilaflor, 2008


 

La mayor tensión se alcanza en agosto de 1933, cuando se llega a retener al guarda monte Domingo Dorta. El día 20 se informa por la Guardia Municipal de La Orotava que este guarda les pidió ayuda, por haber entrado del pueblo de Vilaflor unos veinte y cinco individuos con el fin de hacer carbón y dar fuego a los retamales, cuyos hechos se vienen sucediendo con una constante frecuencia, el que suscribe ordenó a los Guardas municipales Domingo Rivero, Manuel González, Jesús Gómez y José A. Martín, para que se personaran en aquellos parajes y con el referido Guarda proceder a la detención y conducción de los referidos dañadores a esta población. Y habiendo regresado solamente con uno de aquellos llamado Nicolás Oliva Fumero, por haberse resistido todos los demás y debido a la superioridad numérica y a la amenaza de agredir a los indicados Agentes, lograron escapar, dando al propio tiempo fuego a unas ochenta retamas y aprovechándose del carbón que el día 18 había confeccionado[20].

 


Apagando la foguera. Vilaflor, 2009

 

 

La retención o secuestro del guarda Domingo Dorta, se publica en el periódico La Prensa, en la que se informa de la detención de tres individuos del Sur de la Isla, leñadores furtivos, que fueron sorprendidos talando árboles. Un grupo muy numeroso de leñadores, también del Sur, se presentó de improviso en el monte de Las Cañadas, obligando a los guardas a que pusieran en libertad a los tres detenidos teniendo que hacerlo así ante las amenazas de muerte que les hicieron objeto. Luego secuestraron a un guarda, llevándoselo con ellos para el Sur[21].

El periódico La Tarde también informaba que el guarda forestal se encontraba en el Observatorio de Izaña, sano y salvo[22]. Algunos vecinos de Vilaflor aún recuerdan este altercado, que incluso apuntan quienes fueron los causantes, comentan que no se trasladó al guarda a Vilaflor, sino que lo dejaron regresar en Los Filos de la Cumbre, cuando los carboneros retornaron al Pueblo.

Desde el Juzgado Municipal de Vilaflor, y con fecha del 23 de agosto, se solicita al alcalde de Vilaflor que se averigüe lo ocurrido en el secuestro de este guarda forestal. Así se expresaba el Juez Municipal Germán Fumero, tras denuncia verbal del Gobernador Civil, referente a que unos leñadores o carboneros, vecinos de este pueblo, aparte de haber ejecutado daños en las Cañadas del termino de La Orotava, se apoderaron y llevaron hacía Vilaflor, secuestrado al guarda Domingo Dorta y a un enfermo que auxilio al referido guarda[23].

Estas denuncias también se producían al sorprender a los infractores en propiedad privada, como la impuesta por el Guarda Municipal Jurado de Vilaflor, Sixto Fumero, ante el Juez Municipal de Vilaflor que a las 4 de la tarde del 11 de marzo de 1934 encontró en la Montaña del Paso, en propiedad de Gerardo Alfonso, cortando y aprovechando escobones, a los vecinos de Vilaflor: Fernando Pérez Fumero, Agustín Fumero Tacoronte, y Emilio Quijada Hernández[24].

Sobre otras utilidades, como la recolección de retama o de pinocha, también son múltiples las referencias de denuncias que se impusieron. Así el 21 de marzo de 1934 el Guarda Forestal, Guillermo Massanet, presenta denuncia ante el alcalde de Vilaflor, contra Victoriano García García de La Escalona; a quien encontró, junto a otros vecinos de pueblos limítrofes, a las 12 horas del día anterior en Pared del Escribano y Boca del Cascajo, transportando en sus camellos leñas verdes de escobón y pino el Victoriano y 6 sacos de pinocha cada uno de los otros procedentes de dicho monte y sin autorización alguna.

Dichos productos valorados en 4,00 ptas. la leña y en 3,00 los 12 sacos de pinocha más en 6,00 ptas. el daño ocasionado por el Victoriano al monte; les fueron intervenidos y depositados en la persona del vecino de ésta Ramón Tacoronte Hernández y a disposición de su Autoridad. Así mismo entrego a V. un hacha, que también le fue intervenida al referido Victoriano García[25].

O la impuesta por la Guardia Civil del Puesto de Las Cañadas a Domingo Fumero Cano, por corte de retamas, con fecha del 12 de febrero de 1938. Debía abonar 10 pesetas de multa y 20 pesetas de indemnización[26].

Este aprovechamiento de la cumbre de Vilaflor de Chasna por parte de sus vecinos en esta década, es una muestra de un modo de vida desarrollado en una zona que comienza a salir del aislamiento, truncado por los cambios políticos que se produjeron a partir de 1936. Y con el mantenimiento de una oligarquía que controlaba la economía y el desarrollo de una vida cotidiana que apenas salió del autoabastecimiento hasta décadas después.

Los vecinos de Vilaflor de Chasna subsistían entre la agricultura y la ganadería, sustentando buena parte de sus recursos en lo que se obtenía de la cumbre. Y aún más en años de sequía y malas cosechas, en los que la recogida de leñas, piñas, pinillo, retamas verdes para alimentar el ganado, el pastoreo o el carboneo, eran tareas habituales.

Una década, la de los años treinta, a la que se llega con una campaña, por parte de la prensa de la época y los Ayuntamiento de La Orotava y de Güímar, para erradicar todo tipo de utilización de la cumbre. Polémica que se agudizó en los primeros años de los treinta, y que creó cierta tensión entre las corporaciones y vecinos de Vilaflor y La Orotava, intensificarse el control en la zona y produciéndose un mayor número de denuncias.

 

 

 

 



[1] RODRÍGUEZ ESCALONA, Manuel: “Las aspiraciones de los pueblos del sur”. La Prensa, 18 de octubre de 1928.

[2] Archivo Municipal de Vilaflor. Correspondencia de varios años.

[3] Archivo Municipal de Vilaflor. Correspondencia de varios años.

[4] NÚÑEZ PESTANO, Juan Ramón: La propiedad concejil en Tenerife durante el Antiguo Régimen. El papel de una institución económica en los procesos de cambio social. Tesis doctoral. Universidad de La Laguna. Facultad de Geografía e Historia, 1989.

[5] Olive, Pedro de: Diccionario Estadístico-Administrativo de las Islas Canarias. Barcelona, 1865.

[6] La Opinión, 29 de febrero de 1896.

[7] Archivo Municipal de Vilaflor.

[8] Acta de la sesión del 3 de enero de 1932. Archivo Municipal de Vilaflor.

[9] BRITO, Marcos: Foguera. Elaboración de carbón vegetal en Vilaflor. Llanoazur ediciones, 2008.

[10] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncia Montes 1934.

[11] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncias Montes 1931-1932.

[12] Archivo Municipal de Vilaflor.

[13] Acta del 13 de diciembre de 1931.

[14] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncia Montes 1930.

[15] Archivo Municipal de Vilaflor. Correspondencia 1931.

[16] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncia Montes 1931.

[17] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncia Montes 1936

[18] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncia Montes 1931.

[19] Archivo Municipal de Vilaflor. Correspondencia 1931.

[20] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncia Montes 1933.

[21] La Prensa, 24 de agosto de 1933.

[22] La Tarde, 24 de agosto de 1933.

[23] Archivo Municipal de Vilaflor. Correspondencia 1931.

[24] Juzgado Municipal de Vilaflor. Archivo Municipal de Vilaflor.

[25] Archivo Municipal de Vilaflor Correspondencia 1934.

[26] Archivo Municipal de La Orotava. Denuncia Montes 1938.

domingo, 8 de agosto de 2021

Cita del Sur 25. El paisaje productivo como elemento de identidad, de Antonio Bello Pérez


Cita del Sur 25. El paisaje productivo como elemento de identidad, de Antonio Bello Pérez

Fotografía: Cultivos en Granadilla de Abona

 

Cual muestra de ese apego a lo que nos ha llegado de nuestros antepasados, y del modo que debemos preservarlo, citar a Antonio Bello Pérez (San Miguel de Abona, 1940 – 2015, Madrid), nombrado en 2009 hijo adoptivo de Granadilla de Abona, donde se trasladó en su infancia, doctor en Ciencias Biológicas, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pionero en nematología agraria y en agroecología.

En el pregón que leyó Antonio Bello Pérez con motivo de los festejos en Arico, en septiembre de 1990, habló de ese paisaje productivo, el paisaje creado por el hombre en el continúo diálogo con la tierra sobre la que actúa, transformándola en estructuras y sistemas de gestión de gran complejidad, que son capaces de producir sensaciones y respuestas de tipo afectivo y estético. Con ello queremos recordar que el hombre no sólo es capaz de destruir, erosionar, uniformar con el cemento, creando ambientes que son iguales en todas partes del mundo, sino que es también capaz, en diálogo con el medio físico y con la naturaleza, de proteger y crear paisaje que llamamos paisaje productivo, con el fin de integrar en un mismo concepto el monte, los cultivos y el mar, los tres elementos productivos que armónicamente configuran el municipio de Arico, o lo que es lo mismo la ganadería, la agricultura y la pesca, que son elementos complementarios en el sistema productivo de este municipio. 

Prosigue con reflexiones sobre sus propias vivencias en este árido paisaje de la amplia Comarca de Abona y su paisaje productivo que define su identidad, sobre todo con la cultura del jable, y sus ventajas para la captación y mantenimiento de humedad, además de una larga ristra de ventajas tanto para los cultivos como en la preservación del paisaje. E incide que la cultura del jable se ha sobrepuesto a una anterior, frutal, cerealista y ganadera, y que se manifiesta en paredones, cercas a los frutales, nateros, eras, hornos, pasiles, cuevas, corrales, chozas, viviendas, atarjeas, caminos, y un extenso etc.

Todo ello constituye nuestro paisaje, nuestra seña de identidad, con colores que son realmente tonos cambiantes según la hora del día o la época del año, que van del blanco con tonalidades rosadas de las paredes de las huertas de jable a los grises de las rocas de basalto, hasta los negros y rojos de nuestros conos volcánicos donde destacan la simetría de los paredones que en otra época sirvieron para el cultivo del cereal o las cercas que protegen a los cultivos del ganado.

Promulgaba la protección de nuestra unidad paisajística, con la obligatoriedad de intentar preservar para el futuro, esta cultura propia y diferenciada en cada uno de los pueblos que conforman este Sur. Y no solo ese paisaje visual, sino además lo que aporta de riqueza el aroma y el sonido de nuestros campos. El paisaje como un todo que conforme nuestra identidad.

 

DOCUMENTACIÓN:

BRITO, Marcos: Bandas del Sur. Caminos y veredas en otras miradas. Llanoazur ediciones, 2020.

 

miércoles, 4 de agosto de 2021

Torre y campanario de la Parroquia de San Lorenzo Mártir

 


Torre y campanario de la Parroquia de San Lorenzo Mártir

 

DOCUMENTACIÓN:

BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. 2005. Ed. en B/N, port. a 4T, formato 26x24 cm. 148 pág. 230 fotografías antiguas.

 

“La torre y campanario de la Parroquia de San Lorenzo Mártir lució su esplendor en las fiestas que se celebraron el 10 y 11 de agosto de 1949. Las obras se iniciaron el 4 de julio y finalizaron el 6 de agosto. Para sufragarlas se realizaron desde colectas, comedias, como las de los días 20 y 27 de marzo, además de las contribuyentes de honor, como las del padre Santiago María Andrés, Luciano Bello Alfonso, Juana Bello, Carmen Hernández, Petra Bello Rodríguez, Ildefonso Bello Bello, María Luisa Linares Reverón o Gumersindo Robayna.

Pero este año la alegría de los fieles de la Parroquia tenía diversos motivos, la construcción de la torre, pero también el arreglo de una vieja campana, la mayor de la dos existentes, que fue donada en 1900 por Francisco Mena y que se encontraba inservible por estar resquebrajada. Se vuelve a fundir, en los talleres de Manuel Rojano en Santa Cruz de Tenerife, y se le añaden 20 kilos más. Esta fundición tuvo un coste de 2.500 ptas. De las que dos mil aportó el entonces Capitán General de Canarias, Francisco García Escámez. Pero no sólo se estrenó torre y campana. Para la ocasión la Virgen de la Encarnación lució un nuevo manto, donado por Elena Linares Reverón.

En todos estos actos estuvo presente la imagen del Patrón de Arona, San Antonio Abad. Desde Arona partió en procesión en la mañana del 10 de agosto, permaneciendo en la Parroquia de San Lorenzo hasta el 18 del mismo mes, desde donde se le trasladó en procesión a su Parroquia, por el camino de Tunes, el mismo que a su llegada. Todo ello se llevó a cabo gracias al esfuerzo de los vecinos del Valle de San Lorenzo y al empuje del párroco Ricardo Díaz Delgado.

El programa de fiestas de 1949, en honor de San Lorenzo Mártir y de la Virgen de la Encarnación, fue el siguiente:

Día 10.- A las ocho de la mañana recibimiento de la banda “Estrella de Abona”, de la Villa de Arico. A las 8.30, de la Parroquia de San Antonio Abad saldrá procesionalmente el Santo Patrón San Antonio hacia el Valle, saliendo a su encuentro una procesión con San Lorenzo. A las 11.30 función religiosa con vestuario y sermón a cargo del párroco de San Miguel, don Santiago Hernández Rodríguez; interpretando la misa de Perosi un coro de jóvenes de A.C. de San Miguel. A las tres de la tarde, carrera de sortijas. A las 5 concierto musical en la plaza de la Iglesia. A las nueve de la noche saldrá la procesión que recorrerá las calles principales de la localidad, quemándose en su trayecto fuegos artificiales. A las 11, verbena.

Día 11.- A las 11 de la mañana, misa cantada en honor de Nuestra Señora de la Encarnación, con sermón a cargo del párroco de Arona, don Ricardo Díaz Delgado. A continuación, procesión alrededor del templo. A las 4 de la tarde bailes típicos regionales. A las 10 de la noche, concierto musical en la plaza.”

 


 

martes, 6 de julio de 2021

Alumnas de la escuela de El Pinito. Valle de San Lorenzo

 


            Alumnas de la escuela de El Pinito. Valle de San Lorenzo

 

La Escuela de Niñas del Valle de San Lorenzo se instaló en un local en El Pinito, alquilado por el Ayuntamiento de Arona y propiedad de Ricardo Reverón Sierra. Reunía las condiciones adecuadas de construcción, higiénicas, sanitarias, que se solicitaban para su creación definitiva,  según acta fechada el 18 de septiembre de 1929 en el Valle de San Lorenzo, en la que participaron: el señor Alcalde Don Eugenio Domínguez Alfonso, el Sr. Inspector de primera enseñanza, Don José Ruiz y Galán, el Medico titular D. Manuel Cabrera Valdivia, y el Maestro de obras D. José Almeida Hernández, actuando de Secretario el que lo es del Ayuntamiento, D. Miguel González Barroso. Contaba con una superficie de cuarenta y ocho metros cuadrados; espacio habilitado para contener un máximo de 48 alumnas.

Fotografías de alumnas de esta escuela fue tomada en los últimos años de la década de los cuarenta, en ella se recoge a la maestra Juana González González, natural de Los Llanos de Aridane, donde nació en 1892. Casada con un vecino del Valle de San Lorenzo, también maestro nacional, José Navajas Llarena. Tomó posesión, en sustitución de Juana Sierra Medina, el 24 de septiembre de 1930. Por sus clases pasaron varias generaciones, que la recuerdan con ese mismo cariño que les trasmitió tanto en el aula como fuera de ella. Fueron más de treinta años los que regentó esta escuela, hasta su jubilación el 28 de febrero de 1962.


En el grupo aparecen, de izquierda a derecha y de abajo arriba: Nena Delgado García. Conchita Linares Hernández. Mª Isabel Bello Beltrán. Juana García Valentín. Isabel García García. Juana Hernández Valentín. En la segunda fila: María Hernández González. María del Carmen García Sierra. María Alayón Valentín. Mª Luisa Hernández Valentín. Antonia Hernández. Mª Luisa Sierra Hernández. Ana Donate Torres. María González González. Dominga Delgado Bethencourt. Antonia Tacoronte González. En la tercera fila: Isabel García Cuesta. Carmen Pérez Hernández (semi tapada). Gregoria Reverón González. Antonia Domínguez. Mª del Carmen Delgado Pérez. Mª Isabel García González. Mª del Carmen González Donate. Erminda Pérez Delgado. Y en la cuarta fila: Ana Hernández Bello, quien solía ayudar en las clases. La profesora, Juana González González. Asunción Pérez Delgado. María Pérez Hernández. Elisa Marrero. Mª de los Angeles Sierra. Josefa Tacoronte González. Angela Díaz Hernández. Avelina León Viera. María Hernández. Ana María Delgado Díaz. Mª del Carmen Casals González y Ana María Navajas González, hija de Juana González y de José Navajas.

 

Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones, 2005.

 


 

 

lunes, 5 de julio de 2021

La Escuela y la Iglesia de Las Galletas. Década de 1960

 


La Escuela y la Iglesia de Las Galletas. Década de 1960

 

“La Escuela Mixta de Las Galletas es otro ejemplo más del retraso con que se creaban las infraestructuras oficiales. Después de la instauración de las escuelas ya reseñadas se contempló el vacío educacional que existía en Buzanada y Las Galletas. Desde los comienzos de la década de los treinta son múltiples las noticias y los informes cruzados entre diversas instituciones y el Ayuntamiento de Arona para su pronta creación. Los años pasan sin ver el fruto deseado, así en noviembre de 1940 se apunta, por el Alcalde-Presidente de Comisión Gestora Fulgencio Díaz Bernal, la necesidad de crear dos escuelas unitarias, una de niños y otra de niñas, en Las Galletas, época en la que cuenta con 36 niñas y 42 niños en edad escolar.

La ausencia de esta escuela es una de las razones por las que un grupo de vecinos de este barrio solicita, con fecha 25 de agosto de 1948, la segregación del Municipio de Arona para integrarse al de San Miguel. como ya se nos ha prometido, tan pronto nos agreguemos a él entre otras mejoras importantes, figurará la creación de escuelas necesarias para la educación de nuestra infancia, pues como consta en esta Corporación Municipal a quien nos dirigimos, tenemos una población escolar suficiente para dos unidades, y sin embargo carecemos hasta de una mixta. Expediente que no llegó a tramitarse según acuerdo de la Comisión Gestora Municipal del 17 de octubre de este mismo año hasta que no se acredite fehacientemente la personalidad de quienes la suscriben y la legitimidad de sus firmas.

Las necesidades y los recursos no van de la mano y sólo se crea provisionalmente una Escuela Mixta servida por Maestra, según Orden Ministerial del 31 de marzo de 1950. Hay que esperar unos años más para que el Ayuntamiento dé los pasos necesarios para que se le otorgue la subvención para su creación, como cumplir con el requisito de “cubrir aguas”. Desde la Alcaldía en agosto de 1953 se remite al Ministro de Educación el expediente del Arquitecto Sr. Marrero por el que se acredita que en la actualidad se encuentran cubiertas las aguas. En estos momentos las obras estaban paralizadas por falta de efectivo. En febrero de 1954 se solicita información, a la Inspectora Provincial de Primera Enseñanza, sobre firmas comerciales recomendadas para adquisición del material necesario. El 25 de marzo, en Pleno Municipal, siendo alcalde Juan Reverón Sierra, asume la petición de la Junta Municipal de Enseñanza Primaria de crearla definitivamente, teniendo en cuenta el gran abandono que hasta ahora venía sufriendo la enseñanza en este barrio, que cuenta hoy quizás con un curso superior a sesenta y cinco niños, comprometiéndose a sufragar los gastos de instalación, material, local y habitación del maestro, y su conservación y sostenimiento. Y por Orden 20 de septiembre de este mismo año se crea definitivamente la Escuela Mixta servida por Maestra.”

 

Documentación: BRITO, Marcos: Arona en el recuerdo. Llanoazur ediciones, 2001.

 


 

domingo, 4 de julio de 2021

Alumnos de la escuela de niños de Los Cristianos. 1930-1934

 


Alumnos de la escuela de niños de Los Cristianos. 1930-1934

 

“La situación educativa en el primer cuarto del siglo XX en el municipio de Arona continua con los mismos problemas con que finalizó el siglo XIX. Entre las causas que explican el alto grado de analfabetismo, y ya reflejadas en La instrucción pública en Arona (Tenerife) durante el siglo XIX, por Carmen Rosa Pérez Barrios, están la falta de infraestructuras adecuadas, la escasa preparación y profesionalidad de parte de los enseñantes, y por último los gastos del sector, que incluían las retribuciones del maestro se pusieran a cargo de los pueblos. Otro factor a tener en cuenta, y que también lo apunta Pérez Barrios para el siglo XIX, es el aislamiento de la comarca, que produce un incesante trafico de maestros, lo que repercute negativamente en el buen desarrollo de la educación del Municipio.

Esta realidad tiende a mejorar con la constitución, el 14 de octubre de 1923, de la Junta Local de Primera Enseñanza, bajo la Presidencia del alcalde Eugenio Domínguez Alfonso. En sesión celebrada el 12 de agosto de 1925 se toma el acuerdo, visto el abandono en que se encuentra la primera enseñanza, de crear cuatro escuelas más: dos escuelas unitarias en Los Cristianos, una unitaria, de niñas, en el Valle de San Lorenzo y una escuela mixta a cargo de maestro en Cabo Blanco. Este acuerdo se traslada al Pleno Municipal, el cual con fecha del 20 de agosto solicita que por la presidencia se eleve solicitud al Ilmo. Sr. Director General de primera enseñanza la creación de las cuatro escuelas ya mencionadas. El Ayuntamiento se compromete al pago de la casa-habitación, local escuela y mobiliario.

Las dos escuelas, una de niños y otra de niñas, de Los Cristianos y la de niñas del Valle de San Lorenzo se crean definitivamente por Real Orden de 18 de enero de 1930. La Escuela Mixta de Cabo Blanco, a cargo de maestro, la crea el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de forma provisional a través de Real Orden con fecha 13 de noviembre de 1930; y definitivamente por una Orden con fecha del 18 de mayo de 1931. Cuatro nuevas escuelas que se suman a las tres existentes: dos en Arona y una de niños en el Valle de San Lorenzo.


La Escuela de niños de Los Cristianos, a la que pertenecen los alumnos que aparecen en la fotografía, estaba ubicada en un local alquilado a José Martín Rodríguez, donde en la actualidad está el edificio “Don José”. Este local reunía, según acta con fecha 20 de septiembre de 1929, las condiciones adecuadas de construcción, higiénicas, sanitarias, que se solicitaban. Con una superficie de cincuenta y dos metros cuadrados; estando habilitada para contener un máximo de 52 alumnos y que el material y entre el mobiliario que en ella se encontraban podemos apuntar: un Crucifijo, un retrato de S.M. el Rey, veinte mesas bancos bipersonales modelo del Museo Pedagógico Nacional, una mesa para el maestro, un sillón para el mismo, dos sillas, un escudo para la puerta, una bandera nacional con su correspondiente hasta, un armario, una papelera, una colección de mapas geográficos de las partes del mundo, de España y Canarias, dos cuadros de Geografía Física, una colección de láminas de Historia Sagrada, (...) Una pizarra de madera de tamaño grande, (...), un libro registro de matricula y asistencia, (...), dos litros de tinta, dos cajas de plumas, sesenta portaplumas, cincuenta lapiceros, cincuenta gomas de borrar, cien cuadernos rayados para escritura, cien libretas rayadas para trabajos escolares, (...), una docena de ´Lenguajes de los niños´, una docena de ´Camaradas´, una docena de ´Lecciones de cosas´, seis ejemplares de ´Infancia´, una docena de ´Primer manuscrito´, tres ejemplares del ´Quijote´,...Firman este acta  el Alcalde Eugenio Domínguez Alfonso y actuando de secretario del Ayuntamiento Miguel González Barroso. Participaron en su elaboración el inspector de primera enseñanza, José Ruiz y Galán; el médico titular, Manuel Cabrera Valdivia; y el maestro de obras, José Almeida Hernández.

La fotografía de referencia fue tomada a comienzos de la década de los treinta, entre 1930 y 1934, periodo en que el maestro José Navajas Llarena ejerció en Los Cristianos. Los alumnos, y según nos apunta Sebastián Martín Melo, comenzando por la fila superior, y de izquierda a derecha, son: (desconocido). Manuel Melo. Eustaquio Domínguez Martín (duda). Martín Rodríguez Melo. Miguel Ledesma Hernández. Román Domínguez Martín. Ignacio García Martín. (Desconocido). Fila central: Leónidas Melo Tavío. Luciano García. Abelardo Melo Alayón. Esteban Alayón. (Desconocido). Basilio Domínguez Martín. Ceferino Perera. Luis González. Graciliano Valentín Díaz. José Melo. Domingo Perera. Sebastián Martín Melo. Fila inferior: José Domínguez Martín. Domingo Valentín. Manuel Domínguez Martín. (Desconocido). (Desconocido). Antonio Ledesma Hernández. Manuel Brito. (Desconocido). Antonio Melo. Félix Sierra Melo y Manuel Melo Barrios.”

 

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones.

 

 


 

 

Calle Domínguez Alfonso. Arona

 

Calle Domínguez Alfonso. Arona

 

Esta calle se denominaba Calle Nueva; todavía conserva su nombre, en cerámica, incrustado en la pared de la primera casa, recorriéndola desde el sur; hasta que se cambió su designación por la de Domínguez Alfonso, en el Pleno Municipal celebrado el 28 de enero de 1917, bajo la Presidencia de Antonio Fraga Tavío, en honor a la memoria del finado: Antonio Domínguez Alfonso, abogado y político de gran renombre, que nació en Arona en 1849. Durante casi cuarenta años poseyó una gran influencia en la vida social y política, regional y nacional. Fue elegido en seis ocasiones como Diputado por Tenerife, por primera vez en 1879. Además, destacar de sus extensas ocupaciones, su estancia de cinco años en Filipinas, donde ocupó los cargos de Gobernador de Manila e Intendente General de Filipinas; y su elección, en dos ocasiones, como Senador en representación de la provincia de Canarias, la última pocos meses antes de su muerte, acaecida el 28 de diciembre de 1916.

La fotografía tomada desde la parte sur de la calle se publicó en la revista Hespérides de septiembre de 1927, en la que se contempla, a la izquierda, la que se conoce como la casa de Antonio Domínguez Alfonso, sobrino del anterior; y a continuación la que fue de María Amalia Frías Domínguez, con la palmera que la identifica claramente. A la derecha estaba la escuela de niños y la casa del maestro. Al fondo se aprecia la trasera de la Parroquia de San Antonio Abad, detrás del conocido por “árbol de Pepe Almeida”.

 

Documentación: BRITO, Marcos: Arona en el recuerdo. Llanoazur ediciones, 2001.