martes, 23 de diciembre de 2014

Colores del Sur 15. Chícharos blancos en El Almácigo





Colores del Sur 15. Chícharos blancos en El Almácigo

Ocre, el color del Sur, de la tierra de secano. Canelos del Sur, infinitos matices, claros, oscuros, todos tienen cabida.
Chícharo, blanco para el consumo o moro como ración para los animales, fue significativo cultivo de secano, en la mayoría de los lugares se esperaba la llegada de la ansiada lluvia para arar y sembrar. Y después segar o arrancar y trillar si la cantidad era respetable, con animales en cobra, uno al lado del otro, dando vueltas en la era, no hacía falta terminar con el trillo. O bien desgranar a mano o apalear. Y reponer la ya vacía despensa para su uso en potajes, compuestos como las garbanzas, e incluso tostarlos para obtener gofio, generalmente mezclado con cereales.
La importancia de los cultivos de chícharos lo denota los frecuentes apuntes en la documentación conservada de siglos pasados, como por ejemplo la del Juzgado Municipal de Guía de Isora, donde se efectúa juicio verbal de faltas, en julio de 1876, por la demanda de Lázaro Hernández contra Juan Meneses, por daños causados en pastos y siembra de chícharos. Se condena a Juan Meneses a una multa en metálico por los pastos y chícharos comidos por su ganado, y una fanega de chícharos en grano o su equivalente en efectivo.
Y otro ejemplo se localiza en documentación de la Casa Fuerte de Adeje, en los que se encuentra citado en numerosas ocasiones, como un apunte de la llegada de chícharos de La Gomera y su posterior reparto en 1698. O en un cuaderno de acarretos en el que se anotan transportes en camellos, en 1910, en que se abonan 3,12 pesetas por Bajar de altos 5 fanegas de chícharos.
Chícharos, ocres infinitos en esta maravillosa tierra del Sur. Ocre de secano. Ocre del esfuerzo.

Fotografía: Chícharos blancos. El Almácigo, Taucho, Adeje, 2010.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Juan Tacoronte Hernández, JUAN DE LA SUERTE

  Juan Tacoronte y Adorsinda Melo

Juan Tacoronte Hernández, hijo de Federico Tacoronte y de Carmen Hernández, se le conoce por Juan de la Suerte, por que residió en La Suerte, en Vilaflor. Nació en Venezuela y vivió en La Suerte desde la edad de 2 años, según apunta su hija María Tacoronte Melo. En este lugar se casó con Adorsinda Melo Aponte y pocos años después se trasladan a El Hoyo, otro pago de Vilaflor.
En el Padrón Municipal de Vilaflor, para el año de 1940, Juan Tacoronte Hernández se encuentra inscrito en El Hoyo, se anota que nació en 1882, en Caracas, de profesión obrero y con 45 años residiendo en Vilaflor; casado con Adorsinda Melo Aponte, que nace en 1883, en Arona, y de profesión sus labores; y con los hijos: José, Antonio, Nicolás y María Tacoronte Melo; con fecha de nacimiento entre el año de 1918 y el de 1933.

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cita del Sur 2. Chirche y descripción de Miguel Martín González


Fotografía tomada de la página de facebook: Chirche
VISTA PANORÁMICA DE CHIRCHE Y
AL FONDO GUÍA DE ISORA.
AÑO 1950-60


Descripción sobre Chirche, Guía de Isora, publicada en la prensa en la década de 1950, por Miguel Martín González, autor de numerosos artículos sobre Guía de Isora y que ejerció de secretario en el Ayuntamiento de Guía de Isora.
“A pesar de lo accidentado del terreno, la aldea está formada por un núcleo de construcciones, antiguas unas y modernas otras, pero todas a lo rural y campesino, es decir amplias y cómodas, con patios espaciosos, empedrados de callaillo y cubiertos por parrales y enredaderas; bodegas que se denuncian por el aroma que se escapa de sus toneles orondos y panzudos, y, en parte alta, el indispensable granero o cuarto de guardar, donde se conservan, amen de otros productos de cosecha propia, el sabroso queso de bien ganada fama, la nutritiva almendra y la rica miel de abeja, con que se untan la apetitosas rebanadas que se ofrecen como signo de hospitalidad al caminante que a sus lares llega.”

Fotografía tomada de la página de facebook: Chirche
VISTA PANORÁMICA DE CHIRCHE Y
AL FONDO GUÍA DE ISORA.
AÑO 1950-60

María Jiménez Jiménez, MARÍA ROSA. Tamaimo

María Jiménez Jiménez, MARÍA ROSA

Así se cita a la vecina de Tamaimo, Santiago del Teide, María Jiménez, María Rosa, al añadírsele a su nombre, bastante frecuente, el de su madre Rosa Jiménez. María Rosa, al quedarse viuda en plena juventud dedicó buena parte de su vida a la labor de la venta de pescado, tal como recuerda su hija, Benedicta Martín Jiménez, se buscó la vida, ella, vendiendo pescado.
A María Jiménez le acercaban el pescado a Tamaimo, tres o cuatro mujeres de Puerto de Santiago, e incluso ella y su hija se trasladaban en su búsqueda a este lugar o a Alcalá. De Alcalá no nos traían nada, de Alcalá lo traíamos nosotros, ya de Alcalá no había mujeres pa traer aquí a Tamaimo, lo traíamos nosotras que las traiñas venían por la tarde con bogas, mi madre las compraba y allí buscábamos mujeres, las lañaban, las traía en sal y después veníamos caminando. Y díamos pal Norte, si eran frescas, pero cuando ya lo traímos con sal, veníamos derecho aquí. Ya mi abuela se entendía de tenderlo al sol, y después díamos pal Norte.
En el Padrón Municipal de Santiago del Teide, a 31 de diciembre de 1950, María Jiménez Jiménez se encuentra inscrita en Tamaimo, anotándose el año de 1914 como fecha de nacimiento y de profesión sus labores; casada con Juan Martín Pérez, nacido en 1915 y agricultor; con quien se había casado en segunda nupcias y que era hermano de su primer marido, Vicente Martín Pérez; y con 6 hijos en la vivienda familiar.

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Antonio García Arca, “Antonio el Málaga”

 
Antonio García Arca, “Antonio el Málaga”

Antonio García Arca recibe el mote de Antonio el Málaga, por ser el lugar donde nació en 1935; en cuya ciudad, siendo un niño, se inició en diversos trabajos: ayudante de carpintero, en restaurantes y en la pesca. A finales del año de 1957 se traslada, en busca de trabajo, a Santa Cruz de Tenerife, lugar en el que adquiere este apodo. Tal como apunta Antonio el Málaga, llega a Los Cristianos el 28 de abril de 1958, donde comienza a ejercer de cocinero en el Hostal Reverón. El 22 de febrero de 1959 se casa con Carolina Beltrán Torres, conocida por Carolina la del Málaga. Hasta su jubilación, alrededor del año 2000, ha estado ligado a la restauración, ha regentado en Los Cristianos diversos restaurantes: El Málaga, El Linares, El Estocolmo o El Ancla; estuvo de cocinero en un ferry de Fred Olsen o en la Clínica Vintersol. Y por último la tasca El Málaga, que acondicionó en la Calle Amalia Alayón.
El buen humor, y las ganas de diversión y participación que siempre lleva consigo Antonio el Málaga, le llevó, por dos ocasiones, a torear becerros en los festejos de Los Cristianos, a comienzo de los años sesenta. Entonces pusimos la ganadería de don Antonio Tavío, que iba a donar un toro para las fiestas y resulta que el toro de don Antonio Tavío tenía mil y pico kilos, je, je, je. Entonces José el de la Cal, dijo: yo voy a traer un becerro que tengo allí, que es chiquitito. El segundo año fue de El Torito, yo iba allí a torear.

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

Calle Alfonso Mejías. San Miguel de Abona

Calle Alfonso Mejías. San Miguel de Abona. Finales de la década de 1950

Dos momentos en los que podemos contemplar esta calle que adquiere su designación, a comienzos de la década de 1920, del médico Luciano Alfonso Mejías, quien falleció en enero de 1920. En una de ellas la Parroquia de San Miguel Arcángel aún se encuentra con una sola torre, en algún momento que bien se podía estar recreando la festividad de su patrono. La segunda está tomada a finales de los años cincuenta cuando ya se encuentra construida la segunda torre de la Parroquia.

Calle Alfonso Mejías. San Miguel de Abona

Documentación: BRITO, Marcos: Miguel Hernández Gómez. Corresponsal de El Tiempo en San Miguel de Abona [1903-1911]. Y Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Domingo González Fumero, sabiduría y sencillez entre la agricultura y el carbón

Domingo González Fumero, 2006

Domingo González Fumero nació en 1925, en El Patio, en Vilaflor de Chasna, pero casi toda la vida la hice en La Vera. Y residió en Santa Catalina, después de casado con Tomasa Fumero Fumero. Una vida repleta de austeridad y sin apenas acomodos, sin agua, cocinando con leña y alumbrándose con rajas de tea. Antes se alumbraban aquí con tea, eso me acuerdo yo de comer con un poco de tea ardiendo. No había luz de nada, lascas de tea. Antes se tumbaba mucho pino padre, eso no es más que tea, pura tea, tiene como tres dedos de blanco, lo demás encarnao de tea. Un pedazo rolo así y un pedazo milana y él ardiendo arriba y después comiendo allí, vías con eso a comer, eso me acuerdo yo muchachón.
Sus padres, Nicolás González y Juana Fumero, se dedicaron a la agricultura, cereales, carbón, que se hacía en ese entonces, se araba mucho, lentejas, cebada, trigo, papas. Se vivía deso, y la viña. Y en esa infancia, dura y austera, se inició en la labores de la vida: cereales de secano pa tener pa un animal que tenía, pa juntar la paja y eso. Eso era de viejo, eso era todos los años y deseando que se diera y cuando no se día no se pasaba bien. Lo más que se sembraba era cebada y lentejas. Y esperar con ansiedad la tan deseada lluvia, para poder sembrar en los terrenos que se ven de monte por áhi, todo salía poco, no había monte, había pocos pinos, lo que han ido abandonando y entonces el monte áhi.
Y papas también de secano, sobre todo en tierra negra. Cuando yo chico, chico, había mucha tierra de surco, después del año cuarenta y cinco o cincuenta se llenó de jable, a jacer huertas de jable, a traer jable de Los Blanquitos, antes si habían huertas pero pocas. Todo era de secano, cuando único está la papa de riego es del año setenta.
Asimismo poseían cuatro o cinco cabras pal gasto, que Domingo las sacaba a pastar temprano para después poder asistir a la escuela, y animales de carga para ayudar en las diversas labores. Además disponían de colmenas, en Galindo y la trasladaban a Las Cañadas, en bestias. 4 colmenas en una bestia. Y llevarlas a la costa porque aquí hacía mucho frío y no había flor, y llevarlas de San Miguel pabajo. Por la zona de San Miguel es donde más íbamos nosotros, y a Cabo Blanco también íbamos.
Y él continuó con las estas labores, había que vivir de lo daba la tierra. Pero también tuvo que ingeniársela para ir sobreviviendo, con la realización de otros trabajos, como en el acondicionamiento de huertas de jable, o los rudas faenas en galerías, en los que se mantuvo, después de realizar el servicio militar, unos 7 u 8 años, ejecutando labores de apertura en diversos lugares, Adeje, Vilaflor o en Arico.
Domingo González Fumero, 2011

Domingo, como tantos vecinos de Vilaflor, tuvo que dedicarse a obtener, de manera clandestina, carbón de retama, quemando carbón por áhi en esa cumbre. Se inició con su padre, a quien acompañaba, después de salir de la escuela a los quince años, es que empecé yo a hacer carbón, entonces se vivía de la cumbre y del carbón, todo el pueblo, de qué vivía, deso. La primera vez que hice carbón fue donde le dicen en las Cañadas, la Coronada, de retama. Asimismo su memoria hurgó en la primera foguera que realizó, la primer vez fui con Agustín Dorta el del Chorrillo, tendría dieciséis años y él tendría dieciocho. Dura labor a la que se aferró para subsistir, trabajos, pero a montones, mal comidos y de todo, aquí a poco que se acabó la guerra, aquí hubo quien se quedara sin cenar muchas veces. Y a la cumbre se iba en busca de leña, de pinocho o para elaboración del carbón con cualquier tiempo, había que ir todo el año, hubiera nieve o no hubiera, si había nieve se venían pabajo o no iban si estaba lloviendo, se vivía deso, del carbón, y a vender pabajo. Con una manta se abrigaban y andando, que se quitaba el frío también, con un burro arrastro por áhi parriba. Usté se cree que eran dos o tres los que íbamos, a lo mejor quince o veinte personas en un día, unos pa un lado, otros pa otros.
El subir a la cumbre en busca des sustento tenía sus riesgos al ser encontrados por los guardas forestales o la guardia civil. Y a Domingo lo sorprendieron en una ocasión, en la que le quitaron la albarda, aún recuerda que fue en 1947, cortando retama, retama pa irla a venderla a San Miguel, pa poder comer, pa dársela a las vacas, ya iba picada en los sacos, se picaba con una podona a este tamaño, casi regalada, un peseta o una cincuenta.
La comercialización de este carbón, en su mayoría de pino y retama, se realizaba por los Municipios cercanos a Vilaflor, Adeje, Arona y sobre todo en San Miguel de Abona. Los carboneros que ascendían a la cumbre solían obtener dos o tres sacos por foguera, unos 40 o 50 kilos por saco de tres listas, que era lo que se podían cargar en un animal, para mayor cantidad se realizaban varias fogueras, con lo que se dejaba apagada y se volvía al día siguiente en busca del resto. Las palabras de Domingo González nos aclaran esos menesteres, la dejaban allí, tapada la foguera, venían hoy y después iban mañana de madrugada y volvían a cargar. Había quien hiciera seis sacos, nueve, depende, algunos que eran muy buenos y encontraban mucha leña hacían hasta doce, de distintas fogueras. Las fogueras mayores que se hacían era de tres sacos, la carga, dos sacos y medio, tres sacos. Si iban un lunes hacerlo, el martes venían, después iban el miércoles, el jueves y lo iban trayendo. Laborioso trabajo para escaso beneficio, de nada sea que dos días pa traer tres sacos y otro pa venderlo, siete pesetas, siete pesetas y media los tres sacos.
Asimismo recuerda los años que trabajó con Agustín Fumero Martín, Agustín el Murga, en cuya cuadrilla se mantuvo unos quince años, dedicados a obtener carbón de retama y de pino, de manera legal hasta la década de 1990, adquiriendo la madera y quemándola fuera del monte, como en Los Llanitos. E incluso en este lugar lo llegó a obtener con escobón, igual que el de retama, era un carbón bueno, se aprovechaba bien, el de pino es más flojo. Y también si se tumbaba algún árbol, almendrero, y se aprovechaba también.
Las vivencias de Domingo González Fumero, sus modos de recordar, sus palabras, que siempre conservaran el sabor de antaño, su pausado hablar que se apagó al final de noviembre de 2014, siempre denotaron el amor por la tierra en la que anduvo. Mirarle a los ojos cuando relataba sus caminos, repletos de matices, en los que conoció las fatigas, entre el viento y el frío, mirarle a esos ojos íntegros, que rezumaban conocimiento, alejados de pedantería, es darnos cuenta el valor que tiene la sabiduría y la sencillez.