domingo, 30 de julio de 2017

Aurelia González González, “Aurelia Gangarra”. El Roquito, Buzanada, 1957.


Aurelia González González. El Roquito

Aurelia González González cuenta que este apodo se inicia con su bisabuelo Antonio García Toledo, Antonio Gangarra, ya que vivió en Las Gangarras, en Buzanada. En el Censo de Población de Arona, para el año de 1920, constan inscritos en Buzanada: Antonio García Toledo, de 86 años de edad y de profesión labrador, casado con Ángela Díaz Bello, de 80 años y de profesión su casa. Este apodo lo heredan los hijos de Antonio Gangarra, como Antonio García Díaz, Antonio Gangarra, y que en 1920 se encontraba domiciliado en Las Galletas, contando con 28 años de edad y casado con María Alayón Pérez, de 22 años. O la abuela de Aurelia González, Inocencia García Díaz, Inocencia Gangarra; que en el censo citado se registra con 34 años, casada con Guillermo González Sierra, de 34 años. Inocencia Gangarra, es la madre de Flora González García, Flora Gangarra, reconocida partera de Buzanada, que en 1920 contaba con 7 años de edad. Y esta última es la madre de Aurelia González González, Aurelia Gangarra, quien se muestra en una imagen obtenida un mes después de la boda, celebrada el 25 de julio de 1957 en Valle de San Lorenzo. Casualmente anduvo un fotógrafo por la zona, en cuyo momento no se encontraba en la casa su esposo, José Reverón Salazar. Residían en El Roquito, Buzanada, lugar de la fotografía, que se compone con una silla de su habitación.


Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Y Bodas de antes. Arona. Llanoazur ediciones.

jueves, 20 de julio de 2017

Pito o flor seca del higo pico


Pito o flor seca del higo pico


Pito o flor seca del higo pico, que además de su utilidad en infusión o agüitas, refrescantes, para enfermedades relacionadas con el riñón, fue recurso de alimentación de cabras y cochinos. Tal cual lo relató Encarnación García Toledo [Buzanada, Arona, 1926-2006]: Que no había que echarles que comer sino pencas y esas cosas, no como ahora que hay de todo, sino cogíamos la flor de los higos, y eso se le guisaba, cuando se seca la flor en los higos, eso se le guisaba. Unas veces secos, otras veces pues se le guisaba con un cuero papas, si había que tampoco había, con una penca, y eso así. Siempre cogiendo pitos en los pencones por el tiempo cuando los higos se florecían y se secaban. Aquellos pitos pa criar los cochinos, se ponían, ay que bien gordos, y pa las cabras.

Fotografía: Chirche, Guía de Isora, 2013

jueves, 13 de julio de 2017

Cruz en La Centinela. Década de 1950

Cruz en La Centinela. Década de 1950

La Cruz de La Centinela, en los límites de los Municipios de Arona y San Miguel de Abona, se colocó alrededor de 1940, cuando el párroco José Flores ejercía en San Miguel, en el mismo lugar donde ya existía desde tiempo atrás una pequeña cruz, de la que creemos es el larguero vertical que se aprecia en esta imagen. Este párroco fue el que solicitó a Constanza Gómez Rodríguez, abuela de Esther Díaz, quien facilitó esta información, una cumbrera de la casa que poseía en la calle Guzmán y Cáceres de San Miguel. Con ella el carpintero del Valle de San Lorenzo, Nicolás Díaz, que en esos momentos tenía su carpintería en San Miguel, construyó la gran cruz que representa el punto de encuentro para la peregrinación, después romería, de la festividad de Fátima, y que se inició en mayo de 1950.


Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones

sábado, 8 de julio de 2017

VILAFLOR. Poema de Luis Rodríguez-Figueroa. 1934



VILAFLOR
Poema de Luis Rodríguez-Figueroa. 1934

Cual sumo sacerdote de la vida,
prodigando a raudales su tesoro,
cubierto con dalmática de oro,
remonta el sol su elíptica encendida.

Con el azul del cielo en pleno estío
el verde oscuro del pinar contrasta,
y rotunda, triunfal, áspera y vasta,
la cumbre acusa su perfil bravío.

Un perfume heteróclito y espeso
se difunde en el aire y lo embalsama,
el de la blanca flor de la retama
y la flor amarilla del codeso.

Encaramado sobre un morro ingente,
acucia con insólitas palabras
al díscolo rebaño de sus cabras
algún pastor de recio continente.

Bajo el beso de luz del mediodía
relumbra el mar lejano y se estremece,
mientras en la ribera se adormece
al compás de su propia sinfonía.

Rincón de ensueño, placidez e idilio,
donde entre pinos se desliza el viento
remedando con blando arrobamiento
las rítmicas endechas de Virgilio.

Y oculto en los repliegues del paisaje
blanquea el caserío, aletargado
lo mismo que un lebrel que se ha extraviado
y se tiende a dormir entre el follaje.


Luis Rodríguez Figueroa, abogado, escritor y político republicano [Puerto de la Cruz, 1875 – 1936]. Colaborador de revistas literarias y periódicos como Hespérides, Gente Nueva, La Tarde y La Prensa, utilizando en ocasiones el seudónimo de Guillón Barrús. Fundador de la revista Castalia. En 1901 publica su primera novela El cacique, en la que se denuncia del caciquismo imperante en las Islas. Asimismo publicó diversos poemarios, como Preludios, 1898, El Mencey de la Arautapala, 1919, o Banderas de la democracia, 1935.