sábado, 5 de junio de 2021

María Pérez González en el proceso de unir rosas. Valle de San Lorenzo

 


María Pérez González en el proceso de unir rosas. Valle de San Lorenzo

 

Como muchas mujeres del Valle de San Lorenzo, María Pérez González realizó labores de confección de rosas, y de unirlas para la confección de paños, para un sinfín de utilidades, tal como se le aprecia en una fotografía, obtenida en la década de 1920.

Lo usual era que la persona que comercializaba las rosas o rosetas facilitara el hilo a la que confeccionaba las rosas, productos que recogía y se encargara de unirlas y elaborar los paños.

El Censo de la Población de Arona, realizado en diciembre de 1920, En el Padrón de habitantes María Pérez González consta registrada en el Valle de San Lorenzo, contaba 26 años y su profesión: sus labores. Hija de Rafael Pérez Valentín, labrador, señor Rafael, el de La Cabezada y de Salomé González Sierra, sus labores.

En el Padrón Municipal de 1924, María Pérez González ha formado otra unidad familiar, casada con José García Torres, de 40 años y ausente en Cuba, y con una hija, María Luisa García Pérez.

 

Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones.

 


 

 

jueves, 20 de mayo de 2021

Herminia Melo Rodríguez, rosetera




Herminia Melo Rodríguez, rosetera 

Herminia Melo Rodríguez residía en Los Cristianos, casada con el pescador Agustín Alayón Gómez. Habitaban una modesta vivienda atracada a la orilla de la mar, a la que en mareas altas casi llegaba a acariciar sus paredes. En el Censo de la Población de Arona, para el año de 1920, Agustín Alayón Gómez tenía 44 años de edad y Herminia Melo Rodríguez, 31 años; y sus hijos: Agustín, Manuel, Encarnación y Lorenzo, contando entre los 13 y 3 años. “Otra de las ocupaciones por donde se mueven manos femeninas eran las costureras, roseteras o caladoras. Empleo que en algunas ocasiones se recoge en el censo de población, pero que en la mayoría de las veces no consta por tratarse de un trabajo que se compaginaba con el de sus labores. Zaraza, batista, percal, popelín; telas con la confeccionar el traje, la bata o la camisa; telas que se compraban en Arona, y en muchas ocasiones se encargaban a San Miguel de Abona e incluso a Granadilla de Abona. Coger medidas, cortar, registrar, hilvanar, cocer a máquina y rehilar, y por medio si daba tiempo probar. La tradición oral nos completa y nos trae recuerdos de algunas de estas costureras. Petra Vargas y Pilar Trujillo, madre e hija. Natividad y Quiteria Domínguez León. María Alayón Gómez María Celestina, a quien contemplamos en una fotografía de los años sesenta, junto a una mujer sin identificar, Isabel Martín Melo, Antonia Socas Barrios y Araceli Martín Melo. Una habitación donde solo cabía lo imprescindible: un ropero, una mesa donde cortar y dos máquinas de coser. Y como ejemplos de roseteras: Dolores Alfonso Frías y Herminia Melo Rodríguez.” Herminia Melo Rodríguez confeccionaba rosas que solían enviar al Valle de San Lorenzo. Lo usual era que la persona que las comercializaba aportaba el hilo, les recogía las rosas y les abonaba por unidades, por docenas, a las roseteras; y después se encargaba de unirlas y confeccionar los paños. Desde el Municipio de Arona se llevaban en muchos casos a Vilaflor o a San Miguel, donde las recogía Constanza Gómez Rodríguez. En el Valle de San Lorenzo coexistieron, o se alternaron, los talleres de María Hernández Reyes “La Cabuquera”, situado en El Barranquillo, otros talleres de rosas, como el de María Hernández Rodríguez en La Calle, Carolina Reverón en Chindia o el de Ofelia González en Llano Mora, que además de confeccionarlas también adquirían de particulares. 

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones



jueves, 13 de mayo de 2021

Peregrinación o Romería de Nuestra Señora de Fátima. Segunda Romera. Valle de San Lorenzo, 1957



Bibliografía: BRITO, Marcos: Romería de Nuestra Señora de Fátima; Arona. Tradiciones festivas; y Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Llanoazur ediciones


viernes, 12 de febrero de 2021

Antonio Fumero García, “Santa María”. Vilaflor




Antonio Fumero García, “Santa María” Antonio Fumero García recibe este apodo, según narra su nieta Daniela Fumero García, por una expresión que pronuncia al finalizar un largo viaje en su emigración a Cuba. “Porque mi abuelo fue a Cuba, estuvieron tres meses pa llegar a Cuba y en tanto dice, ¡Ay Santa María de Dios!, no me importa que me llamen Santa María si lo que veo enfrente es Cuba. Y después se quedó Santa María, y era mi abuelo y era mi padre Santa María y todavía seguimos nosotros con la tradición, las de Santa María.” Apodo que hereda su hijo José Fumero Martín, padre de Daniela Fumero García. En el Censo de la Población de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1910, Antonio Fumero García consta inscrito en San Roque, con 66 años de edad y de profesión propietario; casado con Adelaida Martín Fumero, de 52 años; y con dos hijos en la vivienda familiar: Domingo, de 15 años, y José Fumero Martín, que contaba 13 años e iba a la escuela. En el Padrón Municipal de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1940, José Fumero Martín reside en La Ladera, anotándose el año de 1896 como el de su fecha de nacimiento y de profesión obrero; casado con María García Domínguez, nacida en 1909; y sus hijos: Rosenda, Emma, Andrea, Daniela y María Fumero García.





viernes, 18 de diciembre de 2020

Playa de San Juan. Guía de Isora

Playa de San Juan. Guía de Isora 

En primer termino se nos muestra Agua Dulce y la playa de su mismo nombre, después la factoría de pescado de Lloret y Llinares, desaparecida, el horno de cal, en la actualidad restaurado, y la Playa de San Juan que llega hasta los pies del pueblo de su mismo nombre. Por la derecha entra al pueblo la carretera que llega desde Guía de Isora, construida en la segunda década del siglo XX, y que enlaza con la pista que viene de Adeje; y al frente la que parte hacía Alcalá que se construyó a comienzos de los años treinta. A la salida del pueblo, en dirección a Alcalá se encontraban las salinas de Fonsalia, se pueden apreciar sus calentadores al norte de la carretera y las salinas situadas al sur. 




Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones



sábado, 12 de diciembre de 2020

José Tacoronte Melo, sabiduría anudada a las hormas del entorno



José Tacoronte Melo, sabiduría anudada a las hormas del entorno 

José Tacoronte Melo nació en 1918, en Ifonche, Vilaflor, en cuyo lugar poseían vivienda sus padres, Juan Tacoronte Hernández y Adorsinda Melo Aponte. Casa en El Hoyo y medianería en La Suerte, dedicados “a la agricultura, a plantar papas y segar, tenía unos veinticinco cabras, dos vacas, dos bestias y un caballo. Yo cuidaba las cabras. Íbamos al alto de Las Lajas, hasta allí íbamos con el camello pa llevárselo al Tavío al Calvario [Arona], dos duros, trescientos kilos de pinillo cada camello. Y su madre, a elaborar los dulces tradicionales de Vilaflor, disponía de horno de leña, que tanta fama tenían en buena parte este Sur, y cuando había fiesta, pues ventorrillo pallá y pacá.” 
Sus abuelos paternos, Federico Tacoronte Hernández y Carmen Hernández Mesa, ya cuidaban esa manada en La Suerte. “De medianero y con cabras, después estuvo con cabras mi padre, y después se marchó mi padre y entró el hermano Federico, mi padre estuvo de soltero y casado en La Suerte.” 
José se casó en 1948, con Otilia Moreno Oliva, Tila, natural de Benítez, en Adeje. Y vine aquí, al pie del Roque de los Brezos, en Ifonche, pero en la zona de Adeje. Se conocieron en un baile que organizaba Pastor Oliva Rodríguez, que tenía una cantina en Ifonche Arriba. “Venían del Valle, de Adeje, del Puertito, venían a los bailes. Antes se bailaba donde quiera. Y el cantar fue otra de las aficiones de José, tal como narra su encuentro con una chica de El Puertito, venía una chica que parecía tía Amalia, paz descanse, la voz gruesa como un hombre, pero cantaba bien. Y José cantó: "Cante compañera, cante/ que me gusta su cantiga/ que yo también cantaré/ si a usted le gusta la mía."
"Era morena, dice que era hija del carbonero, no se ese carbonero quien era, y entonces me canta: Pájaro que bien cantaste/ en la hoja del ciprés. Pájaro que bien lo hiciste/ vuelve a cantar otra vez. Yo empezaba a cantar al escurecer y llegaba por la mañana y no repetía un cantar. Algunos que los oía y otros que lograba yo.” Y José continuó con la tradición familiar en el cuidado de una pequeña manada de cabras, casi siempre alrededor de 20 animales, en su casa al pie del Roque de los Brezos, en Adeje, y cuya actividad mantuvo con una media docena hasta por lo menos la primera década del siglo XXI. Las narraciones fluyen con suma facilidad, como cuando va reseñando una de sus otras ocupaciones, la de zapatero, y de la que adquirió una muy buena popularidad entre sus vecinos, y en cuya labor se mantuvo trabajando hasta el inicio del siglo XXI, “yo no se si en el dos mil uno trabajé ya.” 
Labores que inició con su tío, Federico Tacoronte Hernández. “Mi tío Federico arreglaba los zapatos, porque tenía seis hijas, le arreglaba los zapatos a sus hijas. Y yo me gustaba y ponía gomas, compraba unas lonas y le ponía unas gomas, me gustaba la cosa, después un día en el regimiento, cuando terminó la guerra, había un chico allí. Digo, si pudiera entrar áhi, me gusta la zapatería. ¿Sabes bullir? No se mucho, mucho, pero yo hago algo. Si quieres se lo digo, a ver si lo enchufo. Se lo dice y dice, dígale que venga. En el cuartel, en el Pirineo de Zaragoza, allí estuve tres años, allí dentro de esa nieve. Me mandó que pusiera unas tapas a unas botas. Dice, está bien. Después me daba zapatos de los oficiales, de los hijos, pero claro no había hormas, una zapatería de un regimiento sin hormas,…” Y después ya siguió en Ifonche, cuando regresó de la Guerra Civil, acondicionando un cuarto en El Hoyo. “Yo empecé barato, si me salía trabajo, trabajaba fuera y después cuando tal, … Allí empecé hacerlos, a 100 pesetas. Lo más caro que vendí a 1.800.” “A principio le cobré sesenta pesetas, el primero que hice.” A Luisa Rodríguez García, la mujer de Daniel Rodríguez Cano, Daniel el de Mojino, vivían en este pago de Vilaflor, Mohino o Mojino. “Zapatos de Vilaflor, de Arona, de Los Cristianos, del Valle, de todos sitios, hasta pa Caracas hice zapatos.” 
Tuvo mucho problemas para comprar el material para trabajar la zapatería, para que le dieran el cupo. “El cupo le dicen el material, medio cuero de una vaca.” Ese cupo lo compraba a Juan Molina en Santa Cruz de Tenerife. Apuntaba que la mejor suela es la de vaca, para la parte superior utilizaba vaca y cabra, ya preparada. También compró gomas usadas para zapatos, a 500 o 700 pesetas una goma. 

Otlia Moreno y José Tacoronte. 2006

Las conversaciones con José aportaron múltiples facetas de una vida que transcurrió con sacrificios a lo largo de su longevidad, falleció en noviembre de 2020 ya con ciento dos años, en esos difíciles momentos en los que le tocó andarla. Tanto reseñaba sus vicisitudes en los cultivos que lidió, papas, cereales o viña, el cuidado de los animales, cabras, vacas, bestias, cochinos o camellos, y otras tantas tareas, como ir al monte en busca de pinocha o retama, a cuyo menester acompañaba a su padre desde los doce años, “cargando en esas laderas, en mantas.” O la elaboración de juguetes, molinos o arados, de gamona, o esos camellos de corcha de pino, “el camello con el cogote estiradito es más guapo, en vez de ser rosco por arriba, el cogotito más largo, el camello que tiene poca vuelta lo ve usted con la cabecita palante.” 
José Tacoronte Melo ha sido un ejemplo para comprender la importancia de la tradición oral. Su sabiduría ha llegado con el acopio en el navegar de su extensa vida, en la que fue asimilando, y aprehendiendo, en las páginas de la naturaleza. Sus relatos llegaban envueltos en bellas palabras, esas que brotaban de su interior, sentidas, y que daban pautas para un mejor entendimiento del pasado, ese al que siempre hay que aferrarse para encauzar el presente y el fututo con mejores perspectivas.