miércoles, 10 de diciembre de 2014

Antonio García Arca, “Antonio el Málaga”

 
Antonio García Arca, “Antonio el Málaga”

Antonio García Arca recibe el mote de Antonio el Málaga, por ser el lugar donde nació en 1935; en cuya ciudad, siendo un niño, se inició en diversos trabajos: ayudante de carpintero, en restaurantes y en la pesca. A finales del año de 1957 se traslada, en busca de trabajo, a Santa Cruz de Tenerife, lugar en el que adquiere este apodo. Tal como apunta Antonio el Málaga, llega a Los Cristianos el 28 de abril de 1958, donde comienza a ejercer de cocinero en el Hostal Reverón. El 22 de febrero de 1959 se casa con Carolina Beltrán Torres, conocida por Carolina la del Málaga. Hasta su jubilación, alrededor del año 2000, ha estado ligado a la restauración, ha regentado en Los Cristianos diversos restaurantes: El Málaga, El Linares, El Estocolmo o El Ancla; estuvo de cocinero en un ferry de Fred Olsen o en la Clínica Vintersol. Y por último la tasca El Málaga, que acondicionó en la Calle Amalia Alayón.
El buen humor, y las ganas de diversión y participación que siempre lleva consigo Antonio el Málaga, le llevó, por dos ocasiones, a torear becerros en los festejos de Los Cristianos, a comienzo de los años sesenta. Entonces pusimos la ganadería de don Antonio Tavío, que iba a donar un toro para las fiestas y resulta que el toro de don Antonio Tavío tenía mil y pico kilos, je, je, je. Entonces José el de la Cal, dijo: yo voy a traer un becerro que tengo allí, que es chiquitito. El segundo año fue de El Torito, yo iba allí a torear.

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

Calle Alfonso Mejías. San Miguel de Abona

Calle Alfonso Mejías. San Miguel de Abona. Finales de la década de 1950

Dos momentos en los que podemos contemplar esta calle que adquiere su designación, a comienzos de la década de 1920, del médico Luciano Alfonso Mejías, quien falleció en enero de 1920. En una de ellas la Parroquia de San Miguel Arcángel aún se encuentra con una sola torre, en algún momento que bien se podía estar recreando la festividad de su patrono. La segunda está tomada a finales de los años cincuenta cuando ya se encuentra construida la segunda torre de la Parroquia.

Calle Alfonso Mejías. San Miguel de Abona

Documentación: BRITO, Marcos: Miguel Hernández Gómez. Corresponsal de El Tiempo en San Miguel de Abona [1903-1911]. Y Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Domingo González Fumero, sabiduría y sencillez entre la agricultura y el carbón

Domingo González Fumero, 2006

Domingo González Fumero nació en 1925, en El Patio, en Vilaflor de Chasna, pero casi toda la vida la hice en La Vera. Y residió en Santa Catalina, después de casado con Tomasa Fumero Fumero. Una vida repleta de austeridad y sin apenas acomodos, sin agua, cocinando con leña y alumbrándose con rajas de tea. Antes se alumbraban aquí con tea, eso me acuerdo yo de comer con un poco de tea ardiendo. No había luz de nada, lascas de tea. Antes se tumbaba mucho pino padre, eso no es más que tea, pura tea, tiene como tres dedos de blanco, lo demás encarnao de tea. Un pedazo rolo así y un pedazo milana y él ardiendo arriba y después comiendo allí, vías con eso a comer, eso me acuerdo yo muchachón.
Sus padres, Nicolás González y Juana Fumero, se dedicaron a la agricultura, cereales, carbón, que se hacía en ese entonces, se araba mucho, lentejas, cebada, trigo, papas. Se vivía deso, y la viña. Y en esa infancia, dura y austera, se inició en la labores de la vida: cereales de secano pa tener pa un animal que tenía, pa juntar la paja y eso. Eso era de viejo, eso era todos los años y deseando que se diera y cuando no se día no se pasaba bien. Lo más que se sembraba era cebada y lentejas. Y esperar con ansiedad la tan deseada lluvia, para poder sembrar en los terrenos que se ven de monte por áhi, todo salía poco, no había monte, había pocos pinos, lo que han ido abandonando y entonces el monte áhi.
Y papas también de secano, sobre todo en tierra negra. Cuando yo chico, chico, había mucha tierra de surco, después del año cuarenta y cinco o cincuenta se llenó de jable, a jacer huertas de jable, a traer jable de Los Blanquitos, antes si habían huertas pero pocas. Todo era de secano, cuando único está la papa de riego es del año setenta.
Asimismo poseían cuatro o cinco cabras pal gasto, que Domingo las sacaba a pastar temprano para después poder asistir a la escuela, y animales de carga para ayudar en las diversas labores. Además disponían de colmenas, en Galindo y la trasladaban a Las Cañadas, en bestias. 4 colmenas en una bestia. Y llevarlas a la costa porque aquí hacía mucho frío y no había flor, y llevarlas de San Miguel pabajo. Por la zona de San Miguel es donde más íbamos nosotros, y a Cabo Blanco también íbamos.
Y él continuó con las estas labores, había que vivir de lo daba la tierra. Pero también tuvo que ingeniársela para ir sobreviviendo, con la realización de otros trabajos, como en el acondicionamiento de huertas de jable, o los rudas faenas en galerías, en los que se mantuvo, después de realizar el servicio militar, unos 7 u 8 años, ejecutando labores de apertura en diversos lugares, Adeje, Vilaflor o en Arico.
Domingo González Fumero, 2011

Domingo, como tantos vecinos de Vilaflor, tuvo que dedicarse a obtener, de manera clandestina, carbón de retama, quemando carbón por áhi en esa cumbre. Se inició con su padre, a quien acompañaba, después de salir de la escuela a los quince años, es que empecé yo a hacer carbón, entonces se vivía de la cumbre y del carbón, todo el pueblo, de qué vivía, deso. La primera vez que hice carbón fue donde le dicen en las Cañadas, la Coronada, de retama. Asimismo su memoria hurgó en la primera foguera que realizó, la primer vez fui con Agustín Dorta el del Chorrillo, tendría dieciséis años y él tendría dieciocho. Dura labor a la que se aferró para subsistir, trabajos, pero a montones, mal comidos y de todo, aquí a poco que se acabó la guerra, aquí hubo quien se quedara sin cenar muchas veces. Y a la cumbre se iba en busca de leña, de pinocho o para elaboración del carbón con cualquier tiempo, había que ir todo el año, hubiera nieve o no hubiera, si había nieve se venían pabajo o no iban si estaba lloviendo, se vivía deso, del carbón, y a vender pabajo. Con una manta se abrigaban y andando, que se quitaba el frío también, con un burro arrastro por áhi parriba. Usté se cree que eran dos o tres los que íbamos, a lo mejor quince o veinte personas en un día, unos pa un lado, otros pa otros.
El subir a la cumbre en busca des sustento tenía sus riesgos al ser encontrados por los guardas forestales o la guardia civil. Y a Domingo lo sorprendieron en una ocasión, en la que le quitaron la albarda, aún recuerda que fue en 1947, cortando retama, retama pa irla a venderla a San Miguel, pa poder comer, pa dársela a las vacas, ya iba picada en los sacos, se picaba con una podona a este tamaño, casi regalada, un peseta o una cincuenta.
La comercialización de este carbón, en su mayoría de pino y retama, se realizaba por los Municipios cercanos a Vilaflor, Adeje, Arona y sobre todo en San Miguel de Abona. Los carboneros que ascendían a la cumbre solían obtener dos o tres sacos por foguera, unos 40 o 50 kilos por saco de tres listas, que era lo que se podían cargar en un animal, para mayor cantidad se realizaban varias fogueras, con lo que se dejaba apagada y se volvía al día siguiente en busca del resto. Las palabras de Domingo González nos aclaran esos menesteres, la dejaban allí, tapada la foguera, venían hoy y después iban mañana de madrugada y volvían a cargar. Había quien hiciera seis sacos, nueve, depende, algunos que eran muy buenos y encontraban mucha leña hacían hasta doce, de distintas fogueras. Las fogueras mayores que se hacían era de tres sacos, la carga, dos sacos y medio, tres sacos. Si iban un lunes hacerlo, el martes venían, después iban el miércoles, el jueves y lo iban trayendo. Laborioso trabajo para escaso beneficio, de nada sea que dos días pa traer tres sacos y otro pa venderlo, siete pesetas, siete pesetas y media los tres sacos.
Asimismo recuerda los años que trabajó con Agustín Fumero Martín, Agustín el Murga, en cuya cuadrilla se mantuvo unos quince años, dedicados a obtener carbón de retama y de pino, de manera legal hasta la década de 1990, adquiriendo la madera y quemándola fuera del monte, como en Los Llanitos. E incluso en este lugar lo llegó a obtener con escobón, igual que el de retama, era un carbón bueno, se aprovechaba bien, el de pino es más flojo. Y también si se tumbaba algún árbol, almendrero, y se aprovechaba también.
Las vivencias de Domingo González Fumero, sus modos de recordar, sus palabras, que siempre conservaran el sabor de antaño, su pausado hablar que se apagó al final de noviembre de 2014, siempre denotaron el amor por la tierra en la que anduvo. Mirarle a los ojos cuando relataba sus caminos, repletos de matices, en los que conoció las fatigas, entre el viento y el frío, mirarle a esos ojos íntegros, que rezumaban conocimiento, alejados de pedantería, es darnos cuenta el valor que tiene la sabiduría y la sencillez.


sábado, 29 de noviembre de 2014

Fiestas de El Chinyero. Valle de Arriba. Santiago del Teide. c. 1950

 
Fiestas de El Chinyero. Valle de Arriba. Santiago del Teide. c. 1950

En momentos de catástrofe, de grandes peligros, se suele recurrir a la fe religiosa como asidero de salvación. En muchos de los lugares cercanos se sacan las imágenes religiosas a la calle, como así ocurrió con los vecinos de los municipios de Santiago del Teide y de Guía de Isora, con la instauración de nuevas festividades en conmemoración por la extinta erupción y por la ausencia de daños personales. En Guía se celebró esta primera manifestación los días 18 y 19 de diciembre de 1909; y en Santiago del Teide se inician con una misión religiosa entre enero y febrero de 1910.
En esta fotografía se nos muestra un descanso de esta procesión, ante la Ermita de Santiago situada en el Valle de Arriba. No se ha podido precisar su fecha, pero si anterior a mediados de los años cincuenta, cuando se acomete la reconstrucción de la citada Ermita.    
    
Fotografía publicada en: COLECTIVO CULTURAL ARGUAYO: Santiago del Teide siglo XX. Imágenes para el recuerdo. Editada por el Ayuntamiento de la Villa de Santiago del Teide.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

lunes, 24 de noviembre de 2014

Colores del Sur 14. Jarea de vieja



Colores del Sur 14. Jarea de vieja

Imagen en la que se aprecia los inicios del proceso para la obtención de la jarea de vieja. Múltiples colores rojizos, tonalidades brillantes en la piel de este ejemplar; carne densa, blanquecina con ligeros matices que van del rojo al azul. Que una vez seca se torna de infinitos canelos con visos rojizos y azulados.
El pescado que no se consumía o comercializaba en los primeros momentos había que conservarlo en forma de jareas o seco, sobre todo al aumentar las capturas con la utilización de chinchorros, traiñas o salemeras. Se jareaba casi todo tipo de pescado, sobre todo de caballas y sardinas, pero también de viejas, las más apreciadas, e incluso de morenas. Como apunta Leopoldo Díaz, pescador de Los Cristianos, antes desde el peje verde al mero había que rajarlo. El procedimiento a seguir es abrir el pescado por las ventrechas, en la mayoría de los casos, o por el lomo sí eran fulas o sardinas, al igual que las morenas que se alañaban por el alto cerro. Se coloca en sal de hoy pa mañana o de la mañana pa la noche, después se lava y se tendían al sol, a lo largo de la costa o en las liñas de tender la ropa. Para consumirlas en los días siguientes con un día de sol es suficiente, a estas jareas se les denominan frescalitas. Si se quiere conservar más tiempo se deja dos o tres días al sol, dependiendo del grueso del pescado y de su intensidad. Sobre jareas es el relato de la vecina de Playa de San Juan, María de la Luz Alonso Santana: De un día para otro. Las cogían hoy, las abríamos hoy, las salábamos, si yo no estaba, mi marido, las dejábamos como dos horas con sal, se lavaban bien lavaditas y después toda la tarde al sol y antes de oscurecerse se recogían para llevarlas al otro día a vender, iban frescalitas, secas no, esas jareas que vemos secas, no, frescalitas.

Fotografía: Jarea de vieja. Elaborada por mi madre, Teresa Martín Melo. Los Cristianos, 2006.



 
Documentación: BRITO, Marcos: Marchantas o pescadoras en Arona. Y Pescadoras, marchantas o barqueras. Vendedoras de pescado en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

sábado, 22 de noviembre de 2014

Tijoco Arriba. Adeje


Grupo de vecinos de Tijoco Arriba

Grupo de vecinos de Tijoco Arriba en un medio tradicional, cuando sólo se transitaba por veredas y caminos mal empedrados. Por su vestimenta podemos aventurar que la fotografía, obtenida a mediados de la década de 1920, fue obtenida poco antes de iniciar el viaje a alguna fiesta cercana, antes de emprender el cansino transitar a lomos de los animales de carga. En la imagen se encuentran: Manuel Rivero, Pedro Díaz Fraga, Manuel Fraga Álvarez, Enrique Fraga Domínguez, Dámaso Díaz Fraga; de cuclillas, Gregorio Rivero Martín; y los niños José Oliva Fraga y Martín Rodríguez Santiago.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

 

lunes, 10 de noviembre de 2014

José Fumero García, LAFO. Vilaflor

José Fumero García


De este modo se conoce en Vilaflor a José Fumero García, vecino de la Calle la Pasión. Según apunta su nieto José Luis González Fumero, este apodo proviene de su infancia, cuando no atinaba a decir la palabra baifo, y pronunciaba lafo. También se le cita como José el de La Ladera, por residir en La Ladera, en Vilaflor.
José Fumero García, Lafo, se dedicó a múltiples labores, las precisas para subsistir. Quehaceres en la agricultura; comerciaba con productos de Vilaflor en el Norte de la Isla, trasladando en bestias quesos o higos pasados; labrante o carpintero. Además realizó tareas en la elaboración de carbón, como así consta en las declaraciones juradas sobre el aprovechamiento de los montes privados, como la que se verifica con fecha del 14 de noviembre de 1944, cuando se le autoriza a extraer en La Vica, Media tonelada de leñas y cinco quintales métricos de carbón.
Asimismo tenía buena mano para la obtención de la manteca de ganado, práctica tradicional para extraer la grasa de la leche de cabra con la utilización de un zurrón, al que se le imprimía un rítmico balanceo constante. Solía disponer de varias cabras para el consumo casero, pero en algunos momentos poseyó una pequeña manada. Así consta en una denuncia que desde el Distrito Forestal de Santa Cruz de Tenerife se remite, con fecha 25 de mayo de 1918, al Alcalde de Vilaflor. Se demanda a José Fumero García, por estar apacentando 15 cabezas de ganado cabrio su hijo Ismael, menor de edad, en Vica de Abajo. Se le impone una sanción de 30 pesetas, más 5 pesetas por el daño al monte.
En el Censo de Población de Vilaflor, para el año de 1910, José Fumero García se encuentra inscrito en la Cruz de la Pasión, contando 36 años de edad y de profesión propietario; casado con Concepción Oliva Fumero, de 32 años; y con sus hijos: Indalecia, Claudio, Ismael, Elena, José y Modesto Fumero Oliva, que contaban entre los 13 y los 2 años. En el Padrón Municipal de 1940, se registra que José Fumero García había nacido en 1870; Concepción Oliva Fumero en 1877; y las hijas que habitaban la vivienda familia, eran: Elena, quien nació en 1904; y Teodora, en 1917.

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones