lunes, 1 de septiembre de 2014

De Ermita a Parroquia, Nuestra Señora del Carmen, Los Cristianos. 19 de octubre de 1924 y 1 de enero de 1964

 
Ermita N. S. del Carmen. Los Cristianos, finales década de 1920

La Ermita en honor a la Virgen del Carmen, en Los Cristianos, se bendice el 19 de octubre de 1924, Parroquia a partir del 1 de enero de 1964, y se realizan los primeros festejos. Iniciándose el día anterior, 18 de octubre, con la procesión de las dos de la tarde de este sábado en la que se trajo la primera Imagen de la Virgen Marinera desde la Parroquia de San Antonio Abad, en Arona.
“Rezumaba calma, sosiego, sencillez. Plantada como estaba en tierra reseca, a lo sumo impregnada de sacrificio. En su edificación trabajaron grandes y chicos, pudientes y menos pudientes. Unos con aportaciones, como Elena Tavío que regaló el piso; o Carmen Herrera que donó la primera imagen del Carmen. Los más acercando materiales, como las cabezas de tosca de la Tosquera, de María Amalia Frías Domínguez, quien cedió los terrenos que ocupan la Ermita y la plaza. Un destacado maestro de obras que trabajó activamente en su construcción fue Manuel Melo Cabeza; José Almeida se encargó de la carpintería y del techo. Cabezas de cantos, barro y lajas; de este modo progresaron sus muros, recubiertos con cal y arena. Y la cal, por supuesto, de una de las mejores caleras de las islas: El Camisón.
La Ermita era de una sola nave, pequeña, cual invitación al recogimiento. Si en su exterior denotaba la obligada austeridad que imponía la economía, incluso sin el acompañamiento alegre de un campanario; en su interior esa sobriedad se acrecentaba: piso de mosaico y techo de uralita. Y según el inventario realizado a comienzos de la década de los años treinta por el párroco de San Antonio Abad, en Arona, José Siverio Díaz, contenía tres imágenes pequeñas: la Virgen del Carmen, la Milagrosa y San José; y poco más: un armónium, un cáliz, dos casullas, una blanca y otra negra, un alba, seis candelabros, un misal deteriorado y tres bancos de tea. Y es en estos años primeros años de esta década de los treinta cuando se construye el campanario y la sacristía, en esta última trabajó de albañil Manuel Melo Cabeza y de carpintero José Martín Melo. Y en su trasera se elevaban las laderas y el perfil majestuoso de la Montaña Chayofita, donde escarbaron sus viviendas una buena parte de nuestras familias, de nuestros vecinos.”
  Ermita N. S. del Carmen. Los Cristianos, c. 1954
El 1 de enero de 1964 comienza a regir como Parroquia la de Nuestra Señora del Carmen, según decreto del 14 de mayo de 1963, expedido Luis Franco Cascón, Obispo de la Diócesis. En noviembre de 1963 se publica en el Boletín Oficial del Obispado de Tenerife el decreto de erección, firmado, con fecha 14 de mayo, por el Obispo de la Diócesis Nivariense Luis Franco Cascón, de cincuenta y cuatro nuevas parroquias, que comenzaran a regir como parroquias a partir del 1 de enero de 1964, entre ellas la de Los Cristianos, y cuyo primer párroco fue José Sánchez Ajiz.
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, DE LOS CRISTIANOS, con categoría de ASCENSO, desmembrada de las Parroquias de Adeje, San Antonio Abad de Arona y San Lorenzo del Valle de Arona.
LIMITES:
Norte: Oroteanda y carretera asfaltada que viene de Los Cristianos, Roque de Higuera [Igara], Montaña de Chijafe, La Camella, continuando en línea recta al Risco Biseche, norte de La Caldera por el lado que mira a Adeje, hasta terminar en la Playa del Bobo.
SUROESTE: El mar.
ESTE: Montaña Pelada (que se halla dentro del término de la Parroquia de San Lorenzo y en el cual linda esta con San Miguel); desde este lugar, en línea recta, siguiendo los límites entre Arona y San Miguel, hasta llegar a la loma de Oroteanda.
POBLACIÓN: Comprende esta nueva Parroquia una población de 2.648 habitantes repartidos en los siguientes pagos: La Caldera, Los Cristianos, Chayofa, Guaza, Bebederos, Fraile, Cañadas y Las Galletas.

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Llanoazur ediciones

viernes, 29 de agosto de 2014

Festejos en San Roque. Vilaflor de Chasna

Festejos en San Roque. Vilaflor de Chasna
 
Imagen de finales de la década de 1920. Muestra como se encontraba el exterior en Ermita de San Roque, en Vilaflor de Chasna, posiblemente en un día de los festejos en honor de San Roque.
Sobre estos festejos, asimismo en la segunda mitad de la década de 1920, escribió Eduardo Westerdahl: “En la fiesta de San Roque, de rifa, vino, adobo y turrón; el artificioso decorado de las banderitas y pabellones aldeanos; el rasgueo monótono de las guitarras parranderas; el desborde cromático de trajes, el difundido olor de carnes sabrosas tienden una línea de igualdad entre los pueblos”.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones 

jueves, 28 de agosto de 2014

Antonio Rodríguez Arbelo, El Pérez. Porís de Abona


Antonio Rodríguez, el segundo por la izquierda. Los Primes, Porís de Abona

A Antonio Rodríguez Arbelo se le conocía en el Porís de Abona por El Pérez, tal como relata su hija Candelaria Rodríguez Morales, lo fue por la forma de llorar en su niñez. Según me decían, que hubo un barco que se llamaba el Pérez, y que echaba un pitido muy finito, y que mi padre cuando lloraba hacía el pitido del Pérez y le pusieron el Pérez por eso.
En la década de 1920 se ha encontrado anuncios de un velero el Capitán Pirez, que partía desde Santa Cruz de Tenerife y admitía carga para los puertos de Las Palmas y Sevilla. O en otro caso cubriendo el cabotaje entre Tenerife y La Palma.
En el Padrón Municipal de Arico, para el año de 1924, Antonio Rodríguez Arbelo se encontraba inscrito en el Porís de Abona, con 35 años y de profesión pescador; casado con Antonia Morales Marrero, de 30 años y de profesión su casa.

Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

martes, 19 de agosto de 2014

El Cabotaje, la comunicación por la mar



  Lancha de cabotaje en Playa de San Juan
Las principales vías de comunicación con el Sur de Tenerife se surcaban por la mar. Lo era de manera esporádica hasta que en la década de los sesenta del siglo XIX se establecen una serie de rutas que cubrieron el servicio de correos, el traslado de mercancías y de pasajeros, con cierta regularidad. Después de algunos proyectos que no fructifican y que dilatan la puesta en servicio de un barco que cubriera esta línea, esta vieja aspiración fragua con el vapor Guajara, de la Sociedad de Navegación al vapor en las bandas del Sur de Tenerife. Con trayectos semanales en dirección a La Gomera, realiza escalas fijas en Abona, Los Abrigos, Los Cristianos y Guía; y escalas eventuales en Candelaria, Güímar, Tajao, Médano y Adeje.      
En estos últimos puntos sólo recogerá carga o pasajeros si desde tierra le avisaban con el izado de una bandera. Como le ocurrió a Olivia Stone en su viaje por las islas, cuando estando en la costa de Guía de Isora, en septiembre de 1883, quiso trasladarse a La Gomera, y según trascribe en su publicación, Tenerife y sus seis satélites: “el correo no siempre hacía escala aquí, que hay que avisarle con una señal. Pensamos que esto era un pequeño ardid para intentar que nos quedáramos más tiempo aquí. Con cierta dificultad les convencimos de que izaran su bandera –es un decir-, un pañuelo blanco atado a una caña de pescar clavada en una roca por encima de las casetas. También izamos una toalla con otra caña de pescar en nuestro campamento.”   
Antes del Guajara hubo otros barcos que cubrían la ruta con el Sur de Tenerife, así en la década de los años treinta del siglo XIX se tiene constancia, entre otros, de los bergantines Venus y San José; a mitad del siglo XIX la realizaban los bergantines Santiago, San José, San Antonio, Pilar, Estrella, Cristina o la candray Santa Ana. A finales de siglo XIX y comienzos del XX lo cubrieron los vapores: Tenerife, Esperanza, Viera y Clavijo, León y Castillo, Carmen, Velox, Chasna, Dalia, Taoro; o los pailebots: San Diego de Arico, Rosario o Frasquita.
A través de la prensa de la época nos encontramos con algunos anuncios ofertando diversos itinerarios. En 1900 se recoge el del buque Esperanza: “Se pone en conocimiento del público en general que el vapor Esperanza hará viajes semanales a los puestos del Sur de la isla, siempre que se le ofrezca suficiente carga. Dirigirse a Hy. Wlfson, Marina”; o el del Tenerife que estaba dedicado “desde hace tiempo al servicio de los puertos del Sur de esta isla, ha variado su itinerario, y en adelante saldrá de esta Capital todos los domingos a las 6 de la mañana, llegando en la noche del mismo día a Guía de Tenerife. Regresará, saliendo de Guía los lunes al medio día, y llegando a este puerto los martes por la tarde.” Los vapores Carmen y Gomera, del armador Hamilton & CO., también operaban con los puertos del sur. En 1906, el Carmen salía de Santa Cruz los viernes, regresando desde Los Cristianos los domingos. Y el Gomera haría escala en este puerto sólo de regreso a Santa Cruz, después de pasar por diversos puertos gomeros, los miércoles. El vapor Velox, de Millar y Cº, partía, en este comienzo de siglo, de Santa Cruz los domingos regresando los miércoles por la tarde. Esta misma compañía también operaba con los puertos del sur de la isla con el vapor Gavilán. 

El Isora y, posiblemente, el Adeje en la bahía de Los Cristianos. Década de 1930

A ellos habrá que añadir la larga lista que surcaban, tal vez la época dorada del cabotaje entre la Capital y el Sur de la isla, entre los años veinte y treinta del siglo XX, en cuyos barcos trabajaron numerosos vecinos de los lugares donde solían recalar. Así se registra una larga lista, de los que enumeramos a modo de ejemplo: Rosario, Mercedes de Abona, San Miguel, Amir, Sancho II, Delfín, Consuelo, Santa Ursula, Águila de Oro, Boheme, Carmen, Isora y Adeje. Estos dos últimos creemos son los que han soltado su ancla en la bahía de Los Cristianos, en una imagen tomada alrededor del año treinta. 
La vinculación de Los Cristianos con el Isora fue algo más que el simple atraque para traer o llevar mercancías o pasajeros. En él se enrolaron varios  marineros del pueblo. Desde las primeras fiestas en honor de Nuestra Señora la Virgen del Carmen participó activamente en sus procesiones marítimas, como así fue el 19 de octubre de 1924 cuando a su llegada “artísticamente engalanado, quemando al dar fondo abundantes fuegos y cohetes, por ofrecimiento de su capitán, don Manuel Perdomo”, y en la procesión remolcó la lancha que trasportaba la Imagen por toda la bahía. Pero además transportaba agua para los momentos difíciles e incluso los residuos del carbón utilizado para su navegación, la carbonilla, se aprovechaba para quemar la piedra caliza, de la que tanto y tan bien obtenían la cal muchos vecinos de este barrio costero de Arona hasta la década de los años cincuenta. 

Playa de San Juan
Barcos de cabotaje que eran los encargados de trasladar la cosecha de tomates de exportación. Según relató uno de estos marineros, Benito Sierra Melo, que trabajó en el Isora a finales de la década de los años veinte, una de las rutas en plena zafra de tomates era: Barranco Seco (Teno) - Argel - Santiago - Barbero - Alcalá - Playa de San Juan - Barranco Herques - Hoya - Matapulga - Pinque - Puerto Adeje - Caleta - Playa de la Carnada - La Planada - El Puerto (estos tres últimos en Los Cristianos) - El Porís de Las Galletas - Los Abrigos - Tajao - Tabaibarill - El Porís de Abona - Güímar - Candelaria y Santa Cruz de Tenerife. Con la denominación de “viaje chico”, se conocía un trayecto más corto y más rápido, que consistía en partir de Santa Cruz vacío y comenzar a recoger la fruta en Playa de San Juan, para su posterior retornó a Santa Cruz, de donde se  embarcaban los atados de tomates para Europa.
Las escasas vías terrestres en el Sur de Tenerife convierten, durante buena parte de su historia y sobre todo en el primer tercio del siglo XX, a la navegación marítima en el lazo de unión con el exterior. Barcos de poco tonelaje, que al mismo tiempo llevaban carga y pasajeros. Dos de estos barcos, el Isora y posiblemente el Adeje, se pueden contemplar en una de las imágenes, fondeados en la bahía de Los Cristianos. Al no disponer de muelles adecuados para la carga y descarga de mercancías, estas labores se efectuaban a través de lanchas, como la de una imagen tomada en Playa San Juan, en los alrededores del año cuarenta del siglo XX, donde se aprecia una lancha llegando a la playa con tubos para la conducción de agua. En Alcalá está obtenida la fotografía que muestra a un grupo de hombres en labores de descarga, y con un buque de cabotaje al fondo.

Documentación: BRITO, Marcos: Los Cristianos 1900-1970. Vida cotidiana y fiestas populares. Y Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones


jueves, 14 de agosto de 2014

Rosario Domínguez Rodríguez y las fiestas de Las Galletas

Rosario Domínguez. Las Galletas, 1998


Rosario Domínguez Rodríguez, ‘doña Rosario’, nació en San Miguel de Abona en 1908, se trasladó a Las Galletas, Arona, con solo seis años, y aquí pasó el resto de su vida, hasta su fallecimiento en 2003. Vida que transcurrió pegada a los bajíos de Las Galletas, realizó todo tipo de labores: costurera, rosetera, jornalera de los tomates, y una larga lista de quehaceres relacionados con la mar, mariscadora, manos primorosas en jarear el pescado, recolectora de sal o marchanta, actividad que comenzó con apenas nueve años, y que la llevó por todos los pueblos cercanos, desde el Valle de San Lorenzo hasta Granadilla de Abona. A Las Galletas llegó con su padre, Domingo Domínguez Yanes, y con esos pocos años ya participaba en la laboriosa búsqueda del sustento con la recolección de las semillas de una planta rastrera, de las que obtener el gofio de vidrio. 
Aquí llegó cuando Las Galletas rondaba los cincuenta habitantes, desde entonces habitó una choza en el mismo borde de la mar, frente al Bajío Grande, en El Varadero. Momentos difíciles donde para obtener el agua se iba a un pozo en el Barranco de Las Galletas, hasta que en los comienzos de los años cuarenta se puso un chorro de agua en el extremo este de la actual Rambla Dionisio González. 
Por sus recuerdos bullían los lugares por donde su sudor dejó el rastro del trabajo, pero también de esos instantes alegres, muchos de ellos relacionados con los festejos que se han celebrado en este barrio de pescadores, desde esa primera fiesta, en agosto de 1932, en honor de San Casiano, San Claudio y la Virgen del Carmen; después que se erigiera la Iglesia, gracias al esfuerzo de Casiano Alfonso Hernández.  
Por los recuerdos de doña Rosario’ brotan las imágenes de esos primeros años, cuando su primera hija iba a cumplir el año, cuando para bendecir la Ermita, el 13 de agosto, estuvo presente el Obispo Fray Albino González Menéndez de Reigada.
Antigua iglesia de Las Galletas. Década de 1960
Los pescadores participaban activamente en la procesión marítima-terrestre, embarcaban los santos por el Salón de la Playa y los sacaban por El Varadero; y regresaban a la Ermita por la que hoy es la calle El Varadero. `De la Iglesia a la playa que no estaba como ahora, que estaba una torre, una altura grandísima, muy alta, que pabajar la Virgen abajo al mar les costaba, porque resbalaban, salían de la Ermita y la bajaban al final del Bajo Chico y se sacaba por el Varadero, al salir del Varadero se echaban unos fuegos, voladores, fiestas pobres. Del Varadero a la Ermita y aquí otros fuegos’. En esos comienzos las imágenes se embarcaban en diferentes barcos, doña Rosario’ nos cuenta que ese primer año la imagen de San Casiano navegó en el San José, del pescador Celestino Alayón Bethencourt; y a San Claudio, en el San Miguel, de su padre, Domingo Domínguez.
Los bailes y parrandas se realizaban en El Porís de Las Galletas; en la “Casa del Morro”, de Antonia Reverón, que en esos años se encontraba residiendo en Los Cristianos y estaba deshabitada; en otras casas particulares, como las de Federico Reverón o en la de ‘seña Isabel Varista’, Isabel Morales; o a partir de los años cuarenta en la conocida por la `Plaza del Centro’, un pequeño manchón de cemento construido por los propios vecinos que ‘no tenía ni orillas sino ese pedacito de cemento, áhi al medio, por eso le decían la Plaza del Centro’; situada en lo que en la actualidad es la Rambla Dionisio González, y que en aquellos años se llegó a conocer como `Rambla 13 de agosto´.

San Casiano en El Varadero. 2001
En estos primeros años de la década de los treinta se festejaban el día 13 de agosto. Sus actos religiosos solían estar a cargo del párroco de San Miguel de Abona. Eran frecuentes las verbenas amenizadas por orquesta; dianas floreadas al amanecer del día 13, que recorrían las principales calles del pueblo; durante el día se llegaban a efectuar diversos deportes como la cucaña; regatas de botes a vela; la natación, que se realizaba desde El Porís hasta unas boyas a la altura del Salón de la Playa; sortijas en  bicicletas, al comienzo de la actual Rambla; o un partido de fútbol entre el equipo local, el Villamar F.C., con algún que otro equipo del Sur de la Isla. Y para concluir el día la procesión terrestre-marítima, rematada con vistosos fuegos ratifícales, a cuyo fin se representaba una obra de teatro y después bailes hasta que el cuerpo aguantara.
Alrededor de 1940 se hace por primera vez la fiesta de San Antonio, ‘la fiesta chica’. Durante 3 o 4 años, se celebraba el día siguiente al principal de San Casiano, es decir el 14 de agosto. El promotor de esta conmemoración fue un joven con aptitudes sacerdotales, Ricardo Díaz Alayón, natural de San Miguel de Abona y cuyo primer destino como párroco lo fue, entre 1947 y 1953, en la Parroquia de San Antonio Abad en Arona. Se trasladaba una imagen, en la actualidad desaparecida, desde la Ermita de San Casiano hasta El Varadero, donde se resguardaba en una pequeña oquedad. Esta imagen pertenecía, o la custodiaba, Isabel Morales, quien se la cedió a María Alayón para estas fiestas. Acontecimiento que se recuperó en 1998, cuando se adquirió una nueva imagen de San Antonio celebrándose el 13 de agosto, según consta en el programa de este año, una procesión con las imágenes de San Casiano y San Antonio hasta el lugar donde se trasladaba en sus inicios. Ese día se bendijo una pequeña capilla, en el mismo lugar donde se resguardaba la primitiva imagen, y donde permaneció el San Antonio hasta el 30 de agosto de ese mismo año.
Capilla de San Antonio. 2003
Los pequeños ojos de doña Rosario’ escudriñan permanentemente el horizonte, por su mente brotan múltiples recuerdos de la vida cotidiana en pos del sustento diario, de los avatares por los que transcurrían estos festejos. Como el cambio de las fechas registradas a final de la década de los cuarenta, cuando se trasladó el día de celebración, desde el 13 de agosto hasta el fin de semana siguiente al día 15, festividad de la Virgen de Candelaria. Este cambio estuvo motivado por el accidente de un camión de José Sierra, que con numerosos peregrinos se trasladaba a celebrar dicha festividad. Su salida de la carretera una vez pasado el barrio de Aldea, no revistió la gravedad que pudo haber sido, pero si un gran revuelo en el pueblo. Por lo que a partir de esa fecha, y para que su celebración fuera con posterioridad a la de Candelaria, se conmemoró el domingo siguiente a este día 15.
Con doña Rosario’, gracias a su paciencia y al amor que atesoraba en sus recuerdos, hemos caminado por momentos pasados, momentos festivos por los que ha transcurrido el barrio de pescadores de Las Galletas, sus gentes, en esos primeros años de celebración de unos festejos que comenzaron con la construcción de la Iglesia, en 1932. Con la imagen de ‘doña Rosario’, tristemente anclada en la memoria, todavía admirada con nitidez en nuestra retina, donde se ancló, eternamente, la profundidad de sus ojos. Ojos transparentes, acostumbrados a escudriñar el horizonte, a emanar bondad mientras sus relatos fluían acompasados por sus frágiles manos, que con tanto tesón aguantó los avatares de una difícil y longeva vida.

Documentación: BRITO, Marcos: Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones

 

lunes, 11 de agosto de 2014

Barcas de pesca en Alcalá

Barcas de pesca en Alcalá



Barcas de pesca varando su quilla sobre las alineaciones de parales en el Varadero del Callao. En esta época, a mediados de la década de los años cincuenta, y en palabras de un viejo pescador anclado en la memoria de Alcalá, Manuel Hernández El Capitán, los barcos eran treinta y dos y cincuenta pescadores. Pescamos galanas, bogas, zalemas, salmonetes, -mi hijo trajo ayer 50 kilos- viejas y muchas más. Mis hijos tienen sus barcas y trabajan bien. Yo les acompaño porque los años no me dejan salir solo, como antes. En los amaños me falta la vista pero a los remos le doy como el principal. Cuando vamos a las viejas, yo llevo los remos y mi hijo la pandorga. Soy capaz de remar todo el día, si hace falta.

Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

viernes, 8 de agosto de 2014

Bailes y ventorrillos en los festejos en el Valle de San Lorenzo

Bailes y ventorrillos en los festejos en el Valle de San Lorenzo

Durante todo el año no faltaban los bailes y las parrandas, acrecentadas en los carnavales y los días de las festividades a exaltar. Los bailes se efectuaban en casas particulares, en locales destinados a tal fin y delante de la puerta de la iglesia, tal como se puede apreciar en una imagen de los años cincuenta, asimismo destacan los ventorrillos instalados en su lado Norte, donde después se construyó la plaza. Los más nombrados, en los años treinta, eran los de Virgilio Delgado, en La Tosca; en El Casino; Mamerto González, en Llano Mora; en Chindia, en la de Pedro Hernández y en la de doña Clotilde, donde los organizaba Efigenia; en El Toscal, en la de Edelmira Hernández; en El Pinito, en la de Francisco Gómez o en la de Luciano Reverón, a cargo de María Torres, que tenía una tienda en la planta baja y en la alta organizaba los bailes.

Documentación: BRITO, Marcos: Valle de San Lorenzo. Imagen y memoria. Y Arona. Tradiciones festivas. Llanoazur ediciones