lunes, 6 de junio de 2016

Fermina González Oliva, dulcera en Vilaflor


Fermina González Oliva. Fotografía de “Vicente”, que acompaña al artículo citado

Fermina González Oliva fue una reconocida dulcera en Vilaflor de Chasna, en una época en este Sur de Tenerife donde había que adaptarse a las adversidades. Duro camino que lo transitó con la ayuda que le reportó la elaboración de estos prestigiosos dulces chasneros, amasados con el cariño que se trasmite de una generación a otra, y que en esos años de mediados del siglo XX fueron una ayuda al aporte familiar. Como el de otras mujeres que compartieron ocupaciones con este menester, como Adorsinda Melo Aponte, Fermina Cano Díaz, Indalencia Fumero Oliva, o la hija de Fermina González, Ligia González González.  
Dulces que se trasladaban en cajones de madera, con la ayuda de algún animal, y recorrían muchos de los pueblos cercanos, sobre todo entre Granadilla de Abona y Adeje. Llegaban sus dulces sabores a tiendas, casas particulares, y sobre todo en días de festejos, cuando los desplegaban sobre blancas sabanas.
A través de un artículo publicado en 1959, “Tortas de Chasna y piñitas de almendra” y firmado con el seudónimo de Pablo de Chimisay, se conocen algunos pormenores de esta dulcera natural de Vilaflor de Chasna. El redactor llegó a su vivienda en El Tejar de la mano de María Lis García Alonso, a quien el periodista había comentado su interés en conocer alguna de estas dulceras chasneras.
En la entrevista que se le realiza, cuando Fermina González Oliva contaba 82 años, se apunta: “Es la más antigua y la que más dulces hace para todas las fiestas de los pueblos de la Isla. Allí la hemos encontrado en su faena, almibarando las ricas tortas de Chasna y las ´piñitas` de almendras. Es curioso observar como en un viejo horno de piedra y con cáscaras de almendras, cocina estos manjares, ayudada por sus hijas. Una mesa, unas viejas vasijas y unas cuantas bandejas de lata son sus únicos instrumentos, junto a una larga pala para introducir y sacar los dulces del horno.
Doña Fermina González Oliva es una mujer trabajadora y llena de entusiasmo. Sin duda, es de aquellas mujeres que no conocen el descanso, y de muy de mañana está dedicada a estos menesteres. para poder sostener a este hogar cristiano, donde la vida no ha podido sonreír por tener a un hijo enfermo desde hace varios años.”
Comenta Fermina que se dedicaba a esta labor desde que tenía “ocho años cuando empecé este trabajo, ya que no lo vi en mi casa sino en otras mujeres que se dedicaban a estos trabajos.” Y después prosigue con los dulces que suele hacer, como “los bizcochos, almendrados, piñitas de almendras, tortas de Chasna, rosquetes y muchas cosas más.” Y ante la pregunta de cuál es el que más elabora, apunta que su preferido es “la tortita de almendra, que nosotros conocemos por la torta chasnera. Es por el que más preguntan los clientes. En las fiestas estas tortas siempre se agotan.”


Horno de leña de Fermina González. El Tejar, 2016


Y para hornear utilizaba las cáscaras de almendras, en un horno que ya disponían sus padres, en El Tejar. “Este tiene más años que usted y que yo. Tiene casi un siglo. Lo tenían mis padres para pasar los higos en los inviernos, cuando llovía y se mojaban, pues mis padres no tenían este oficio.”
Y termina el cronista comiéndose unas piñitas de almendra, despidiéndose de “esta mujer laboriosa que representa una tradición en estos dulces tan ricos que ya tienen historia en nuestra Isla. Volvemos de nuevo por el camino del Tejar, envuelto en trigales y amapolas. A un lado, el Calvario, como centinela espiritual del bello pueblo de Vilaflor, y al fondo, los lindos pinos centenarios que hacen de este pueblo un lugar maravilloso en medio de la isla.”
En el Censo de la Población de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1910, Fermina González Oliva, consta inscrita con once años. Reside en San Agustín, la actual Avenida Hermano Pedro, con sus padres, Ireneo González Reverón de 56 años, y Amalia Oliva Hernández, de 54 años.
En el Padrón Municipal de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1940, Fermina González Oliva, figura residiendo en El Tejar, como fecha de nacimiento se apunta la de 1897, y de profesión sus labores; casada con Gregorio González Díaz, quien nace en 1892 y de profesión obrero; y sus hijos: Pastora, Ligia, Graciela y Máximo. Además en la vivienda reside el padre de Fermina, Irineo González Reverón. En el Padrón Municipal de Vilaflor, a 31 de diciembre de 1950, se encuentra inscrita en El Tejar, viuda, y con sus hijos: Pastora, Ligia y Máximo.
A Fermina la recuerda de otra gran dulcera, Candelaria Lorenzo Fumero: Vivía en El Tejar, tenía horno de leña y hacía dulces. Hacía dulces y los iba a vender por áhi pabajo. Madre de Ligia, que también hizo dulces, así como Pilar una hija de Ligia.
El buen hacer de Fermina González prosigue almibarado a la memoria colectiva de este Sur. Madre y abuela de dulceras, colmó de gozo a infinitos paladares con sus tortas chasneras, almendrados, piñas de almendras o rosquetes. Tuvo la fortaleza para subsistir en unos momentos de austeridad, poseyó la delicadeza para armonizar con destreza cada momento del proceso de la elaboración de estos manjares, a los que se recurría para ayudar en la subsistencia familiar.


Programa de festejos en Granadilla de Abona, 1918




Programa de festejos en Granadilla de Abona, 1918

Granadilla de Abona contaba desde la primera mitad del siglo XVI con una ermita en honor de San Antonio de Padua, la cual se erigió en Parroquia a comienzos del siguiente siglo, desmembrándose de la de Vilaflor de Chasna. Encarnan muchos años conmemorando el santoral de su patrono; y muchos cruzando sus gentes, con la Imagen al hombro, el arco de la puerta de cantería de piedra chasnera. Y es en este mes de junio cuando se rememora su tradición religiosa y festiva.
En este programa de 1918 se realzan diversas actividades clásicas en este tipo de  celebraciones de la primera mitad del siglo XX en el Sur de Tenerife. No solía faltar la ejecución de obras de teatro, realizada por vecinos aficionados a las comedias. El toque de diana a las seis de la mañana se efectuaba el día del patrón.
Las carreras de sortijas era otro de los elementos imprescindibles, con frecuencia se ejecutaba a caballo, burro o bicicleta. Y como en muchas décadas, la siempre presente Banda de música de Granadilla de Abona, dirigida por el maestro y compositor José Reyes Martín.



viernes, 27 de mayo de 2016

José Vargas Pérez, “José Cafoña”. Nombrete en Vera de Erques

José Vargas Pérez, José Cafoña

El carácter de José Vargas Pérez, vecino de Vera de Erques, Guía de Isora, le valió el apodo de Cafoña. Como apunta su hijo, Carlos Vargas Rodríguez: Él arrancaba de media vuelta. O como añade Francisco Torres Mora, Frasco: Que tenía un genio y le pusieron Cafoña, se enroñaba. Dedicó su vida a la agricultura y a la ganadería, pero sobre todo al cuidado de manadas de cabras. Frasco recuerda algunos lugares donde cuidó estos rebaños: Él estuvo primero en La Fuente, antes, yo creo que tenía dos hijos nada más, con cabras en La Fuente, con las Fragas. Cuando ya me casé, de veintitrés años, él estaba de cabrero con don Pepe Barrios. Después tuvo una manadita dél.
Según narra su hijo Carlos Vargas Rodríguez, quien nació en Vera de Erques en 1941, su padre cuidó cabras en Icerse, aún soltero. Con cabras estuvo en Los Cojos, de La Fuente parriba, vivíamos en una cueva y hay nos criamos nosotros en la cueva esa. Ahí estuvimos con esta gente de los Fraga, estuvimos muchos años, después vino con los Barrios, en Yboybo y en el Granero Negro, ahí estuvimos como veinte años. Yo tenía ocho o nueve cuando entramos con esa gente y de ahí me fui al cuartel, vine, y ya después mi padre las puso por la cuenta dél, en la Vera de Erques, hasta que se jubiló, después las tuve yo, yo casi y toda la vida ha sido metido en los bichos estos.
En el Censo Electoral de Guía de Isora, para el año de 1951, José Vargas Pérez se encontraba inscrito en Vera de Erques, contaba con 45 años y de profesión agricultor. José Cafoña estaba casado con Francisca Rodríguez Rodríguez.


Documentación: BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

miércoles, 25 de mayo de 2016

Canilla de tabaiba, remedio contra la rotura de las patas de las cabras

Canilla de tabaiba. Casa del Conde, Granadilla de Abona, 2004

La soledad del cabrero establece la necesidad de aprender, el modo y la manera de poner remedio a los males y enfermedades que pudiesen sobrevenir entre los animales. Los remedios había que irlos adaptando a los males que fuesen surgiendo. El bagaje aprendido con anterioridad había que adaptarlo a las necesidades que se planteaban.
Para las roturas de las patas se empleaban la corteza de las tabaibas, tal como lo relata el cabrero José Trujillo González [Vilaflor de Chasna, 1927] Eso lo llamábamos una canilla, la sacábamos según el gordo de la pata, le sacamos la canilla a la tabaiba de un gajo, después se dividía en dos. Se lo pone en la canilla del animal y se amarra con un cordón, se amarra por el centro y una punta y otra, y ya no te tiene movimiento, y entonces se encora la pata, cuántas no he hecho yo así.
No se le pone nada dentro de la cáscara, se le mantiene la pata rígida, se amarra que no tenga movimiento, y a los quince días está caminando.


Documentación: BRITO, Marcos: José Trujillo González. Maruca Cabrera Bethencourt. Cumbre y costa en la memoria. Llanoazur ediciones.

viernes, 20 de mayo de 2016

Portón de la Casa Fuerte. Adeje c. 1965


Portón de la Casa Fuerte. Adeje c. 1965

Vista de la Parroquia de Santa Úrsula desde el portalón de la Casa Fuerte, Adeje. Vivienda fortaleza construida por Pedro de Ponte en el siglo XVI y que se convirtió durante varios siglos en el referente social y económico del Pueblo y de buena parte del Sur de Tenerife. Para llegar a la Iglesia se transcurre por la tierra y el empedrado de la en su día Calle Santiago Cuadrado, en la actualidad lleva el nombre de la maestra Concepción García Álvarez, natural de Adeje y que durante más de tres décadas ejerció la docencia en su pueblo natal.


Documentación: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones.