miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cuajo de baifo



Cuajo de baifo

El principal motivo por el que se cría una cabra es por su leche, de la que se obtiene el queso, el  principal aprovechamiento que genera la manada. Para que la leche cuaje se necesita un coagulante, tradicionalmente se ha utilizado el estómago, el cuajo del baifo o de la oveja. Antes de sacrificar al animal se le hace comer leche en abundancia para que el estomago se llene y después se seca, bien colocándolos en sal un par de días y después al sol, o situándolos a los rayos solares directamente.

Fotografía. Cuajo elaborado por Maruca Cabrera y José Trujillo. Casa del Conde. Granadilla de Abona, 2007. 

Documentación: BRITO, Marcos: José Trujillo González. Maruca Cabrera Bethencourt. Cumbre y costa en la memoria. Llanoazur ediciones

Herminia Alayón Pérez, una vida en su mirada

  Herminia Alayón. El Toscal, 2003
   
Nací el día uno de junio de 1918, y el día primero no me apuntaron sino al otro día, y al otro día me tocaba Pánfila, y ese es el nombre que tenía en el ayuntamiento y después me bautizaron Herminia, me bautizaron allarriba en La Fuente, mira tú si hay años. Y el apellido también se equivocaron en el ayuntamiento, porque mis hermanos son todos Alayón Valentín y la que soy Pérez soy yo. Y razón tiene Herminia, han sido muchos años batallando en una vida que ha transitado por numerosos vericuetos, porque no había sino penas y trabajos.
Herminia nació en el Valle de San Lorenzo, en Las Casas de Abajo, bautizaba en los últimos años en que la Ermita de San Lorenzo Mártir se mantuvo en La Fuente, antes de su traslado, en 1923, a su emplazamiento actual. Y a la que hay que seguir tratando en presente, por más que su fallecimiento haya acontecido en 2008.
Desde su infancia se dedicó al trabajo y en la ayuda al sustento de su casa. Su primer trabajo fue en el cultivo de tomates en Las Madrigueras, con Antonio Domínguez, que estaba una hermana mía casada y trabajaba el marido. Dice: vamos que ellos están buscando una muchacha. Nací, na más que pa eso, llevábamos de aquí de los Llanos del Camisón una caja de tomates a la Caldera, al salón de don Eugenio, porque todavía eran pocos y no podían empaquetarlos.
En el Valle de San Lorenzo vivió hasta que se casó, en 1941, con el pescador de Los Cristianos, Pedro Melo Tavío. La riqueza expresiva de Herminia nos sitúa en las costumbres que se aplicaban en las celebraciones de las bodas, como en la de sus padres, Juan Alayón y Eugenia Valentín, que no se fueron a vivir juntos desde esa primera noche. Yo sé que me acuerdo de oírle a mi padre, o a mi madre, que se casaron y cada uno se fue pa su casa y a los dos o tres días fue. Dice: pues qué vueltas Juan. Dice: no sabes tú la vuelta que traigo. Digo: no les daba vergüenza después, eso lo criticaban.

Bodas austeras; como invitados, los más allegados; como alimentos, lo que se pudiera conseguir. Ceremonia sencilla, a la que había que trasladarse a piel o a lomos de animales, hasta que el progreso trajo el camión o alguna guagua. Herminia anota que fue a más de una de estas celebraciones en camello, las bodas en camello también fui y otra vez fui andando y dije que no volvía más con los zapatos, porque estaban esperando un camión y no vino, pero en camello bautizos y todo. Asimismo estas caravanas de camellos eran el regocijo de la chiquillería. Me acuerdo que íbamos a encontrar los camellos cuando nos parecía que ya venían y nos tiraban anises y pastillas y con aquello teníamos. Y daban sus brindes, en las bodas, las pastillas, entonces no habían caramelos, era una lata y se brindaban todos, y en los bailes.
Pedro Melo Tavío
Con ese humor que contagia a quien la escucha, recuerda como le respondió a su nieta cuando le pregunta qué le regalaron en su boda. Digo: un cesto papas. Y me regalaron un cesto papas y queé más privada que las de ahora con un juego de sabanas, que no había sino penas y trabajos. Estuve más de dos meses juntando arroz pa hacer arroz y leche, se hacía garbanzos y se hacía sopa, el pan era ese día antes, estaba la panadería allí. A su boda fue vestida con un traje gris, me lo hizo una costurera que yo cosía allí, yo sabía algo de coser, amañada, y me lo hizo, la llamaban Pilar la Indianita. Colores claros, azul, verde, cada uno como le gustara. ¿La cola?, la cola la dejábamos pa una blusa, pa otra cosa, un traje cualquiera. Y con esta costurera también aprendió a leer y escribir, yo allí aprendí a hacer las dos letras que sé, y le ayudaba a coser. Pero gracias a dios, a muchos escribí, a los vecinos cuando la guerra, escribía cartas.
Después de su boda vivió en Los Cristianos, hasta comienzos de la década de los años cincuenta, que regresó al Valle de San Lorenzo, a El Toscal. A mi si me gustaba Los Cristianos, pero en Los Cristianos no se podía vivir si no había dinero pa todo y el Valle era distinto, de fruta mi familia tenía, si el vecino cogía papas no te faltaba, y lo que había.
En estos años Herminia transitó las veredas que comunicaban los barrios de Arona y Vilaflor. Sobre su cabeza transportaba una cesta de pescado, lo llevaba fresco y jareado, pero con ciertas preferencias; a mi me gustaba más llevarlo salado, porque se vendía más y si no se vendía se podía guardar pal otro día, que en ese tiempo no había neveras. Lo vendía por áhi parriba, porque en ese tiempo no había que comer y no había nada y parriba había más que aquí, y me daban papas, me daban cebada y lo que producía la tierra, porque allá abajo no producía nada. Y después iba cargada, ¡ah dios!, y algunas veces digo, no sirvo panada, hasta buena estoy, lo que se trabajaba antes.
También lo vendía en el Valle de San Lorenzo, sobre todo cuando se trasladó a vivir a comienzos de los años cincuenta, pero cuando estaba más escasa las cosas iba parriba pa Jama, pa Vilaflor. Asimismo simultaneaba la venta de pescado con otros trabajos como el de jornalera en los tomates que se sembraban en Chayofa, en la propiedad de José Antonio Tavío. En este caso utilizaba el trasporte del personal de esta finca para trasladarse a Arona y de allí subir a Vilaflor caminando. Iba, cuando vendía el pescado, iba con él hasta Arona, en el camión de Juan Martín, yo no me paraba en Arona, que en Arona no me lo pagaban, sino seguía parriba a La Escalona y después venía cargada de papas y de lo que hubiera de fruta y eso, y lo dejaba en una venta de Panchín, lo dejaba allí y venía caminando hasta Chayofa y allí me quedaba trabajando. Y después a la tarde volvía a buscar el personal y volvía yo con Juan Martín y recogía lo que dejaba arriba. A las diez de la mañana, una vez que había vendido el pescado, se desplazaba a Chayofa para comenzar la jornada en los tomates.
Herminia posee una mente despierta, con ocurrencias que levanta la sonrisa con los ejemplos o con las reflexiones que vierte en cada frase. Como cuando al preguntarle si para el traslado a la cabeza de una caja de tomates, que podría rondar los 30 kilos, desde El Camisón a La Caldera, que bien pudiera rondar el kilómetro, no se disponía de burros, contesta rápidamente: pero había burras.
Mujer vivaracha, vitalista a pesar de los duros golpes por los que ha pasado. Mujer expresiva, que lleva toda su vida en su mirada. Mujer menuda, con su piel surcada por las infinitas huellas de esas penas y esos trabajos por los que ha transcurrido su duro caminar, cual memoria del siglo veinte. Y aún así el brillo de sus ojos se intensifica al comentar, pero fui feliz, hasta aunque sea con penas y trabajos, fui feliz.

martes, 26 de noviembre de 2013

Colores del Sur 5. Parra en Los Calvaritos

 


Colores del Sur 5. Parra en Los Calvaritos

Amanece en Los Calvaritos, Vilaflor. Luz que surge por los lomos de la Montaña del Pozo. Generosa tierra que sostiene la tradición vinícola con viejas parras, como esta de listán blanco. El otoño en su apogeo, adquiriendo tonalidades parduscas, terrosas, reflejo de una tierra trabajada a golpes de esfuerzo. Se abandonan los infinitos matices del verde, antes de que la hoja se deposite en la tierra, cual abono para la próxima cosecha.
Fotografía: Los Calvaritos. Vilaflor, octubre de 2012

Arico el Nuevo c. 1890

 
Arico el Nuevo c. 1890

Arico el Nuevo extiende su imagen por el antiguo camino de La Degollada al Porís de Abona. En 1900 contaba con 88 edificaciones, de las que 36 eran de dos plantas y 1 de tres, en las que habitaban 261 personas. A la izquierda de la fotografía se aprecia parte de la Iglesia de Ntra. Sra. de la Luz, y el camino real que partía en dirección a Arico el Viejo. Viejas casonas mostrando sus encantos a finales del siglo XIX, algunas convertidas en la actualidad al turismo rural.

Bibliografía: BRITO, Marcos: Paisaje en las Bandas del Sur [Tenerife 1890-1960]. Llanoazur ediciones

lunes, 25 de noviembre de 2013

Colores del Sur 4. Acantilados de Isorana










Colores del Sur 4. Acantilados de Isorana
Múltiples y cambiantes tonos de la toba, destacados por el azul y el negro. Repiqueteos cromáticos de este Sur, cual conceptos asidos en la más poderosa red, la del subconsciente, en la que se intenta atrapar ese aforismo del conocer para valorar.
Fotografía: Acantilados de Isorana. Guía de Isora-Adeje, 2012

LOS ARTISTAS. Los Cristianos

 
José Martín Rodríguez

La numerosa familia de Los Artistas residen, en su mayor parte, en Los Cristianos. Este apodo proviene de José Martín Lemus, nacido el 29 de abril de 1800; y que en el Padrón Parroquial de San Antonio Abad, para el año de 1858, residía en el Pago de Tunes. Casa 194: José Martín Lemus, de 58 años. María Francisca Risco, 57. Y sus hijos: María Candelaria, 30. María, 28. María de la Salud, 26. Bárbara, 24 se embarcó. Victorina, 22 se casó con Juan Melo Martín. Antonia, 20 se casó con Agustín González. Maximino, 16. José, 14. Bárbara, nieta, 5.
La tradición oral se ha encargado de preservar su origen, tal como se lo oí contar a mi abuelo, José el Chico, y tal como se recogió de su hermano Nicomedes Martín Melo: cuando pusieron el retablo de Arona, vinieron unos técnicos a montarlo, y él que era tan aficionado a la cosa religiosa siempre estaba allí. Y entonces cuando se dieron cuenta que, estaba montado todo, les quedó bajo, entonces mi abuelo les dijo: sí me dejan a mí, yo me comprometo a levantarlo. Entonces fue a la casa, trajo un montón de cosas, se trancaron por dentro y comenzaron a dar taponazos, los técnicos creían que era desarmándolo. Cuando se acabó eso, entraron los técnicos y uno de ellos le dio la mano a mi abuelo y le dijo: eres un artista. Hizo cuñas de los palos que llevó y fue subiendo el altar. Otra versión apunta que fue el párroco que en ese momento era el responsable de esta Parroquia, Miguel Rodríguez Gillama, el que pronunció esta palabra, Artista, desconocida por la clase humilde y que debió sorprender.

María Martín Rodríguez
Este relato oral coincide en el tiempo con unas obras que se efectuaron en la Parroquia de San Antonio Abad en Arona, entre finales de 1841 y 1842, época en la que trasladó el retablo del Convento Franciscano de Adeje, y por cuya instalación José Martín Lemus recibió el apodo de Artista. Nombrete heredado por su extensa descendencia, como su hija María Guadalupe Claudina Martín, quien nació el 7 de marzo de 1826 y que se recoge como hija de José Antonio Martín Lemus y María Francisca Brito, quien el 20 de abril de 1848 procreó a José Agustín Martín. Éste último contrae matrimonio con Agustina Rodríguez Valentín, quienes tuvieron la descendencia: Narcisa. José. María. Guadalupe, fallecida prematuramente, y Ramona Martín Rodríguez, Ramona Artista, quien nació en 1894, fue una reputada comadrona, por sus manos llegaron a este Sur una buena parte del pueblo de Los Cristianos.
Y es sobre todo a través de José Martín Rodríguez por quien perdura y se multiplica este nombrete. A nombre de José Artista le llegaba la correspondencia, tal como apunta su hijo Sebastián: yo llegué a ver cartas a mi padre que en vez de José Martín venía a José Artista. E incluso en algunos documentos oficiales, como el que redacta el Inspector Municipal de Sanidad, el médico Manuel Cabrera Valdivia, con fecha de septiembre de 1933, y en el que tras una visita a Los Cristianos expresa la necesidad de mejorar sus condiciones higiénicas, aportando una larga lista de recomendaciones, entre las que se encontraba: En la de don José Artista, pilas de lavar. También se le cita por el apodo en apuntes de compra de cal a José Artista, para la finca Los Bebederos. Anotados en la semana del 21 al 27 de febrero de 1927, tal como se reseña en la contabilidad de Gerardo Alfonso Gorrín, administrador de esa propiedad. 

Ramona Martín Rodríguez
José Martín Rodríguez, José Artista, residía en Túnez, después traslada su residencia al Valle de San Lorenzo y con posterioridad a Los Cristianos, para trabajar en la construcción de La Fábrica, que debió iniciarse en 1900, una vez que se crea la nueva sociedad E.C. Jaacks & Cª, y que se inaugura en abril de 1902. Fue emigrante en Cuba, durante unos cuatro años, y a su regreso se dedicó a la carpintería, la pesca y a la obtención de cal, en los hornos de El Guincho y La Montañeta en El Camisón. Vivieron en una casa ubicada en la actual Calle Del Valle Menéndez, al borde del Barranco del Achacay, la cual habitaron hasta la edificación de una nueva vivienda, a la orilla de la mar, en cuyo lugar se sitúa en la actualidad el edificio Don José, a la que se trasladan alrededor de 1925. Y cuyas dependencias albergaron la escuela de niños, y la carpintería de Los Artistas.
En el Censo de la Población de Arona, a 31 de diciembre de 1920, se inscriben diversos miembros de esta extensa familia domiciliado en Los Cristianos. Se registra a José Martín González, Cho Pepe Artista, de 70 años, jornalero; casado con Agustina Rodríguez Afonso, de 60 años y jornalera. Y sus hijas María Martín Rodríguez, de 40 años, ausente en Guía; y Narcisa Martín Rodríguez, de 42, ausente en Buenos Aires. José Martín Rodríguez, José Artista, de 45 años y de profesión jornalero; casado con Carolina Melo Cabeza, de 37 años. Y sus hijos: José Martín Melo, de 15, pescador. Mª Antonia Martín Melo, Patona, 13. Ramón Martín Melo, 9. Manuel Martín Melo, 6. Nicomedes Martín Melo, 5. Y Mª Luisa Martín Melo, que contaba con dos años de edad. Aurelia Martín Melo, de 19 años, se inscribe en su domicilio ya que se encontraba casada con Eustaquio Domínguez León, de 20 años y de profesión jornalero. Y Sebastián Martín Melo, Tatán, nació en 1923. 
María Martín Rodríguez, María Artista, que en el Censo de 1920 se anota como ausente en Guía, residía en Playa de San Juan, casada con el pescador José Rivero. Se le cita por su apodo en la documentación de Gerardo Alfonso Gorrín, en las que se recoge los apuntes de su contabilidad. Con fecha del 20 de noviembre de 1915 se anota el abono de 50 pesetas: por salazón con Mª Artista.
    
     BRITO, Marcos: Nombretes en el Sur de Tenerife. Llanoazur ediciones

sábado, 23 de noviembre de 2013

Pino de la Cueva de la Quintera. Vilaflor

 


 

Pino de la Cueva de la Quintera. Vilaflor


Vilaflor
Este no es pinar que tenga
tan sólo iguales dos pinos.
Sin miedo, fuertes y sanos,
se criaron desde niños
estos árboles que tienen,
más que cualquier individuo,
rasgos que sólo son suyos,
talantes tan inequívocos,
que cada uno podría
llevar nombre y apellidos.

Este fragmento del poema de Pedro García Cabrera nos muestra el valor que los chasneros le han dado a su monte, en el que se cita a sus pinos padres por su nombre. Como el Pino de la Cueva de la Quintera, que de este modo se le designa por estar emplazarse en la parte alta de la Cueva de la Quintera, la que le aporta el nombre. Una oquedad natural en cuyo interior se contemplan las raíces de este pino padre.
Cueva de la Quintera que se utilizaba, hasta la década de 1950, para guardar y ordeñar manadas de cabras. Se encuentra situada en la Suerte de El Traste, en el lado Este del Barranco del Traste, al Norte de Los Hoyitos.